jueves, 23 de octubre de 2014

Risotto de cebada, espárragos y arvejas.

¡Hola! ¿Hay alguien por allí? Espero que sí... ¡Qué alegría volver a ponernos en contacto! ¡Los extrañé tanto! Extrañé este rinconcito de charla entre amigos, de pasarnos recetas, de compartir trucos y técnicas, y de hacernos compañía porque - que más, que menos - nos conocemos, nos contamos nuestras aventuras y desventuras (no sólo en la cocina sino en la vida misma...), nos damos ánimos y nos hacemos porras/alentamos cuando es necesario.

Aquí estoy volviendo, con calma por indicación médica; pero, como niña entusiasmada porque así es mi temperamento. Siempre queriendo hacer mil cosas, con planes, con proyectos, con ideas... Y, claro, con obligaciones y algunos pesares que me dejaron de cama (bueno, al menos, a mis vértebras cervicales). De modo que debo andar con pie de plomo porque, además, casi todas mi actividades (escritura, lectura, investigación, pintura...) implican estar trabajando en posturas poco "amigables" para mi cuello. Mucha calma, gimnasia, meditación y ambiente zen. Ohmmmm.

Pero, me dejo de charla y les propongo una nueva receta porque a eso hemos venido, ¿no es cierto? Ah, eso sí. Antes de empezar de lleno con la propuesta que les traigo hoy, quiero agradecer muchísimo su compañía, sus palabras de cariño, de aliento y sus mimos a la distancia para que pudiera recuperarme pronto. ¡Gracias inmensas! Les quiero mucho, mucho.

Hoy, aquí se come Risotto de cebada, espárragos (que todavía algunos se consiguen) y arvejas/guisantes. ¿Se unen a mi mesa?

Si bien el risotto (del italiano "riso", "arroz"), plato de origen italiano con mucha tradición en dicho país, requiere - como lo indica su nombre - del arroz como  ingrediente básico de la receta, esta versión en la que lo reemplazo por cebada conserva su nombre porque el modo de preparación/cocción del cereal es el mismo: lentamente, con un rico caldo para nutrirlo de sabor y cremosidad, y una mantecatura (con ligeras modificaciones respecto de la versión tradicional) que da el toque final al plato terminado.




Si quieren preparar este delicioso (falso) Risotto de cebada con espárragos y arvejas/guisantes corran a tomar nota de la receta para hacerla en cuanto se les presente la oportunidad. Aquí les dejo el listado de ingredientes.




Todavía es temporada de espárragos y (como ya bien saben) los preparo en cuanto plato se me presenta porque me gustan muchísimo; además, en casa los disfrutamos a lo grande, ya que siempre aportan un sabor delicado y agradable a las recetas.

Escogerlos en el mercado o la verdulería puede parecer tarea complicada, pero es muy sencillo y rápido. Por lo general, vienen en atados de unos 300 gramos de peso (más-menos; por lo menos por estos lares: Buenos Aires). Lo ideal será, entonces, que elijas aquellos que tienen los tallos más finos porque serán más tiernos y desperdiciarás menos vegetal a la hora de limpiarlos. Los lavarás en agua, cuidando de no romper o lastimar las yemas (su parte más delicada y sabrosa) y quitarás la parte final del tallo que esté rota, fibrosa, muy gruesa (al menos en comparación con el resto) y/o deslucida. Por último, te enseño un truquito (transmitido por mis maestros) que siempre resulta cuando querés saber en qué parte del tallo el espárrago comienza a hacerse fibroso e incomible: Simple. Sólo habrá que pedirle consejo al propio espárrago... ¿Cómo? A excepción de los tallos más finitos, de los que descartarás sólo el final de cada pieza al limpiarlos, los tallos de grosor regular los tomarás por sus extremos entre los dedos pulgar e índice de cada mano, haciendo una ligera fuerza/presión hacia abajo con los dedos que sostienen el final de los tallos. De ese modo, el tallo se romperá por sí solo en la porción que comienza a hacerse más fibrosa. Por lo general, esa sección de espárrago puede descartarse; sin embargo, en esta receta la utilizarás para enriquecer el sabor del caldo de verduras con que nutrirás tu risotto.

Una vez limpios, cociná 1 atado de espárragos al vapor por unos 15 minutos. Luego, cortalos en trocitos, reservando aparte las yemas cocidas. 

Unas horas antes de iniciar la receta, colocá 1 taza de cebada perlada (175 gramos) en un colador de malla cerrada (o un colador chino) y enjuagala bajo el chorro de agua. Después, dejala en remojo en abundante agua por, al menos, 1 hora antes de cocerla.

Luego, rehogá en 1 cucharada de aceite de coco 1 cebolla grande y 1/4 de ají/pimiento rojo, cortados en pequeños cubitos. Agregá 1 cucharada de cebolla de verdeo deshidratada y sazoná con sal, pimienta y nuez moscada recién molidas.




Entonces, incorporá la cebada bien escurrida y nacrala (tostala o dorala en la base de vegetales y aceite de coco) por algunos minutos sin que se queme, revolviendo con frecuencia para evitar que ello ocurra. Luego, añadí caldo de verduras (sin los vegetales) hasta cubrir la preparación (1-2 cucharones) e incorporá una hoja de laurel.




En principio sentirás el repiqueteo del caldo en la superficie caliente de tu olla o guisera. Luego, irá aplacándose al mismo tiempo que se va consumiendo. Revolvé constantemente hasta que se absorba todo el caldo.




Entonces, incorporá el resto de caldo que preparaste hasta completar los 500 cc. de caldo de vegetales que indica el listado de ingredientes. Dejá cocinar por unos 10 minutos. Luego, añadí los espárragos cortados en trocitos (no incluyas todavía las yemas para que no se desarmen en la cocción) y 150 gramos de arvejas/guisantes congeladas.




Cuando el caldo esté bastante absorbido y los granos de cebada más bien tiernos, agregá a la preparación las yemas de espárragos para que tomen calor y sabor.




Por último, añadí la mantecatura para terminar este plato. A los fines de hacer esta receta algo más sana que las preparaciones tradicionales de risotto, añadí una nuez de aceite de coco (el aceite en estado sólido) y 1/2 taza de queso rallado de tu preferencia (en mi caso, parmesano). Mezclá muy bien para que el queso se derrita e incorpore a la preparación de manera homogénea, apagá el fuego y tapá por algunos minutos para que el risotto descanse y los sabores se amalgamen a la perfección.




Pasados algunos minutos, serví este (falso) risotto y disfrutá de un plato sabroso, sano, cremoso y nutritivo que le gustará a los grandes y a los más chicos de la familia.





Algunas observaciones y recomendaciones finales: Para preparar el caldo de verduras, pondrán abundante agua potable (más o menos 1 litro) junto con los trocitos de espárragos que, aunque limpios, desecharon por ser muy duros o fibrosos y unas 3-4 cucharadas de vegetales deshidratados para sopa. Condimentarán con sal y pimienta a gusto. Dejarán cocer por unos 30-40 minutos y lo utilizarán colado (sin las verduras) y caliente para no enfriar ni retrasar la cocción del risotto.

Al nacrar la cebada (lo mismo ocurre con el arroz) en los vegetales y el aceite de coco contribuimos a que libere su almidón, logrando un grano más suelto y abierto, listo para absorber todos los sabores que añadiremos a la cocción.

Para hacer el cálculo de cebada por comensal recomiendo utilizar la misma técnica que para el arroz: un pocillo de café por persona.

La cebada es uno de los cereales más antiguos que conoce la humanidad, aunque en la actualidad se destina con más frecuencia al alimento de animales y a la preparación de whisky y cerveza. Sin embargo, es muy rendidor y de fácil aplicación en la cocina; en especial, si buscan enriquecer su dieta con productos saludables y sabrosos.

Por último, les recuerdo algunas de las propiedades y beneficios de la cebada: Posee altas cantidades de vitamina B3, lo que la convierte en una aliada en el cuidado de nuestra piel y de nuestro sistema nervioso; además, posee vitamina E (un antioxidante natural que combate los radicales libres), fósforo,  potasio y magnesio. Asimismo, es rica en fibra soluble, lo que beneficia nuestro tránsito intestinal con un ligero efecto laxante, reduciendo, además, los niveles de colesterol. Por su baja cantidad de grasas y su contenido en ácidos grasos, vitaminas, minerales y fibra protege nuestra salud cardiovascular, generando una reducción en el nivel de glucosa en la sangre. Además, permite mantener un correcto equilibrio de agua corporal, evitando tanto la deshidratación como la retención de líquidos, y colabora en el mantenimiento de un buen peso corporal.




Estoy segura que si nunca han probado la cebada, esta receta les resultará muy tentadora y comenzarán a utilizarla con mayor frecuencia por su sabor, posibilidades en la cocina y valores nutricionales.

Espero que disfruten de este plato y que pasen una buena semana. ¡Nos vemos la próxima! Sean felices con sus afectos y diviértanse experimentando en la cocina.


viernes, 26 de septiembre de 2014

Batido de frutillas, bananas y avena

Antes de comenzar con esta receta, les pido disculpas por mi ausencia. Tengo mil planes en la cabeza, pero el cuerpo no me está acompañando: Estoy bastante delicada de mis vértebras cervicales (mareos, descompostura como consecuencia de ellos y otras cosillas poco divertidas) y, la verdad sea, la PC/notebook/compu (o como más les guste llamarla) no me ayuda en nada a mejorar; al contrario, empeora mi cuadro. Por ello, estuve/estoy algo perdida y ausente. Prometo ir poniéndome al día con la visita a sus blogs amigos y la respuesta a sus consultas. ¡Gracias por acompañarme pese a todo!

Pues bien, ya estamos en primavera y esta época del año parece que nos inyecta nuevas energías. En mi caso, no sé si serán los días más largos, el verde del jardín que se llena de nuevas flores y los limoneros de azahares que atraen cantidades de abejas, los colores que parecen ser más vívidos, el sol radiante de las tardes... pero, la primavera siempre renueva mi fe en las pequeñas cosas de la vida. Este es un año particularmente difícil para mí por el duro golpe que ha representado la muerte de mi padre y las fuerzas extra que esta situación me ha demandado - me sigue demandando - para acompañar debidamente a mi madre. Por todo ello será que vivo este comienzo de primavera, quizás, con más entusiasmo que otros, en otros años.

La primavera también nos impone (supongo por la cercanía con el verano y la operación tengo-que-bajar-estos-rollitos-de-más-antes-de-que-lleguen-los-días-de-playa, vinculada directamente con el incremento de la población de los gimnasios y de los deportistas en plazas y circuitos de running) un estilo de vida más liviano, sano, nutritivo, con recetas menos pesadas que las invernales. Por todo esto es que hoy les propongo un batido, smoothie o shake (como más les guste llamarlo) ideal para arrancar el día con energía y sabor, o para tomar a media mañana si desayunan muy temprano, o si pertenecen al grupo de humanos que sólo toman un desayuno livianísimo, casi a las corridas, al arrancar el día, porque su ánimo no está para sentarse a engullir alimentos en esos horarios, o simplemente no les gusta desayunar.




En estas latitudes, la primavera - además de ofrecernos los espárragos que tanto me gustan - nos trae las frutillas/fresas de temporada, aptas para comer, cocinar con ellas y hasta freezar/congelar unas cuantas más para poder utilizarlas en otras épocas del año en las que brillan por su ausencia. Entonces, aprovechando esta deliciosa fruta, les propongo un batido exquisito para acabar con el hambre o reponer fuerzas en cualquier momento del día. Aquí los ingredientes...




Decir que este batido es fácil es quedarse corta: Este batido se hace en un abrir y cerrar de ojos (o pulsado de licuadora). Ni más, ni menos.

Lavá y quitá el cabito a 1 taza y media de frutillas/fresas frescas (no importa la cantidad exacta, ni la medida de tu taza; elegí vos la medida/cantidad de fruta de acuerdo a tu gusto por las frutillas/fresas). 

Colocalas en el vaso de la licuadora y añadí 2 bananas maduras cortadas en trozos o rodajitas, 1 taza y media de avena en copos y 500 cc. de yogur descremado bebible sabor vainilla.





Licuá o procesá hasta que obtengas un batido fluido pero algo espeso (por efecto de la avena) y consumí fresco o a temperatura ambiente. 

Podés utilizarlo como desayuno propiamente dicho, para reponer fuerzas tras hacer ejercicios o para tomar una colación (que saciará tu hambre por buen tiempo) si tu cuerpo te pide alimento a media mañana, no cuando comienza el día.




Observaciones y recomendaciones finales: Si la fruta está suficientemente madura no será necesario utilizar endulzantes de ningún tipo. En caso que deseen que el batido tenga un sabor más dulce, utilicen miel, miel de caña, azúcar integral/mascabo u otro endulzante natural sin refinar.

Las frutillas/fresas pueden reemplazarse por moras, arándanos, frambuesas, mix de frutos rojos, peras, kiwis...

El yogur bebible puede sustituirse por leche (la de su preferencia), leches vegetales (almendra, avena, arroz, avellanas, castañas de cajú/anacardos...) o por agua.

Por úlimo, déjenme contarles algunas de las propiedades nutricionales de la estrella de esta receta: la frutilla/fresa. Esta fruta es una importante fuente de vitamina C (que actúa como antioxidante, protegiendo al cuerpo y fortaleciendo el sistema inmunológico), ácido fólico, fósforo, potasio, magnesio, hierro, yodo y calcio. Por su alto aporte de fibras, ayudan a regular el tránsito intestinal y a reducir el colesterol en sangre; además, contribuyen notablemente en la reducción de líquidos retenidos en el cuerpo, por sus propiedades diuréticas y depurativas. Entretanto, como no aportan grasas son ideales para incluir en dietas destinadas a la pérdida de peso.




Pruébenlo, disfruten de otras combinaciones frutales y aporten fibras y frutas a su dieta de una manera sencilla y sabrosa. Después me cuentan qué les pareció.

Espero que pasen una excelente semana, disfruten de sus seres queridos y de experimentar nuevas recetas en la cocina. ¡Hasta la próxima!



lunes, 15 de septiembre de 2014

Ñoquis de espárragos con manteca saborizada (¡Al fin es temporada de espárragos!)

Sí, al fin. ¡Al fin llegó la temporada de espárragos por estos lares! Es que es tan corta que hay que aprovecharla al máximo porque cuando nos queremos dar cuenta, nos dice adiós hasta el próximo año...

En la receta que les propongo hoy, aprovechando que arrancó la temporada de espárragos y que hay que disfrutarla a pleno, reúno uno de mis platos favoritos con dos de mis ingredientes preferidos. Por un lado, los ñoquis que me gustan en cuanta versión se les ocurra (aquí pueden encontrar mi receta de Ñoquis de calabaza con salsa de brócoli y aquí mi receta de Ñoquis de ricota y queso con salsa de espinacas). Por otro lado, ricota y espárragos. ¡¿Qué más puedo pedir?!




Les garantizo que quedarán encantados con un plato exquisito, delicado, apto para cenas en las que queremos impresionar sin complicarnos la vida en ello.

Aquí están, estos son los ingredientes para realizar estos Ñoquis de espárragos (y ricota) con manteca saborizada.




Además, en un periquete tenemos resuelta la comida. Y eso hoy en día no es poca cosa...

Lo primero será que cocines al vapor 1 paquete de espárragos limpios y desprovistos de su parte más dura o fibrosa. Luego, los cortarás en trozos, separando las puntas/yemas (o la mayoría de ellas) para reservarlas porque acompañarán al plato terminado. Procesá en mixer o picadora el resto de los espárragos. Una vez fríos, mezclalos con 500 gramos de ricota descremada.




Incorporá a la mezcla 1 huevo de campo y condimentá con sal, pimienta y nuez moscada a gusto.




Añadí 1 taza de queso rallado sabroso y 2 tazas de harina 000

La masa debe quedar suave, nada pesada. Es probable que la sientas algo húmeda al amasarla o al formar el bollo y, por ello, te tientes de incorporarle más harina. No lo hagas para que los ñoquis no pierdan su suavidad, sabor y ligereza.




Como ya te dije, la masa debe quedar tierna, pero no debe pegarse en tus manos. Para ello, si fuera necesario, añadirás algo de harina extra sobre la mesa o al formar los rollitos de los que sacarás los ñoquis.

Cortá los ñoquis de un tamaño parejo para que se cocinen al mismo tiempo, y pasalos por el utensilio que les deja surcos (si no contás con éste, un tenedor sirve perfectamente. Incluso, si lo deseás, podés dejarlos sin rizar).




Estas pastas serán acompañadas por una manteca saborizada. Para ello, la prepararás con anticipación para salsear los ñoquis una vez cocidos. Podés elegir otras salsas, pero ésta es ideal para no invadir o cubrir el sabor de los espárragos, la ricota y el queso.

En un recipiente, colocá 20 gramos de manteca pomada o a temperatura ambiente. Incorporá sal, pimienta y nuez moscada a gusto. Además, agregá 2 cucharadas de cebolla de verdeo deshidratada, y una pizca de orégano, pimentón, ají molido y laurel molido. Mezclá todos los ingredientes muy bien hasta formar una pasta homogénea. Reservá hasta el momento de usarla.




Entonces, cociná en agua hirviendo los ñoquis. Una vez que comiencen a amontonarse en la superficie del agua, "pescalos" con una espumadera y pasalos a la salsa en donde terminarán de cocerse.




Para preparar la salsa, transcurridos unos minutos de cocción de los ñoquis, colocá la manteca saborizada en una sartén grande a fuego bajo. En ella, salteá ligeramente las puntas/yemas de espárragos que reservaste con anterioridad. Más tarde, incorporá los ñoquis ya cocidos para integrarles todos los sabores de las especias y hierbas con que saborizaste la manteca.
Serví y disfrutá sin culpas...




Observaciones y recomendaciones finales: Les recuerdo que los espárragos son ricos en vitaminas A, B1, B2, B3, B6, C, E y K. Además, contienen potasio, magnesio, zinc (ideal para el buen funcionamiento de nuestro cerebro), hierro y fibra que combate el estreñimiento. Asimismo, por contener pocos hidratos de carbono, son ideales para incluir en dietas hipocalóricas. Algo para tener en cuenta: como están formados por gran cantidad de agua (más de un 95%), son excelentes diuréticos, contribuyendo a eliminar líquidos y a disminuir el nivel de glucosa en sangre.

Si lo prefieren, pueden acompañar estos ñoquis con otras salsas en lugar de manteca saborizada. Sin embargo, recuerden que la salsa que escojan debe ser de sabor muy suave para no invadir o desvirtuar el sabor delicado de los ingredientes de esta pasta.

Como les anticipé, esta receta es muy simple y sumamente gustosa. Otra manera de preparar los espárragos en una versión delicada y muy sabrosa que pueden preparar para una cena romántica o con invitados porque es un plato con sabor muy distinguido que los hará quedar de mil maravillas.




El sabor delicado y suave de los espárragos, mezclados con la ricota y el queso, se potencian con la untuosidad de la manteca saborizada y el suave sabor de las yemas o puntas de los espárragos que se desharán en tu boca. ¡Un placer! 
Espero que les guste mi propuesta y la prueben cuando encuentren espárragos de temporada en el mercado porque estoy segura que quedarán muy satisfechos.

Nos reencontramos la próxima. ¡Disfruten de sus seres queridos y  experimenten en la cocina! 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Cheesecake de peras con crocante de nueces (y dos agradecimientos)

Ya les he confesado en varias oportunidades que la cheesecake es una de mis tartas favoritas (¡No me puedo resistir!). Equilibrada, atractiva e interesante por donde se la mire: Una base crocante, un corazón cremoso, pleno de sabor y una cobertura con distintas texturas (desde espesas a ligeras y crujientes) que redondea el concepto general de la tarta.

En plan de confidencias, también les he contado que a mi papá le encantaban mis cheesecakes; por ello, cada vez que preparo alguna no puedo evitar recordar su carita de felicidad mientras comía una porción...

Hacía tiempo que no publicaba ninguna (aquí está mi Cheesecake de naranja y frambuesas, aquí encontrarán mi Cheesecake de dulce de leche y aquí, mi Cheesecake de batatas, miel y nueces Pecan); de manera que hoy les traigo esta Cheesecake de peras con crocante de nueces que preparé para el cumpleaños de mi mamá con el propósito de levantarle un poquito el ánimo, recordando a papá al mismo tiempo.




Como toda cheesecake que se precie de tal debe estar realizada con productos de muy buena calidad. Si bien creo que siempre el resultado de cualquiera de nuestros platos estará en directa relación con la calidad de los ingredientes que utilicemos en su preparación, en el caso de las tartas de queso este concepto se potencia varias veces. Malos quesos darán por resultado una cheesecake desabrida, grasosa y con sabor a poca cosa. En cambio, buenos quesos y algunos trucos infalibles darán como resultado un postre exquisito con letras mayúsculas.

Con ustedes, el listado de ingredientes para animarse con una tarta de queso que sabe a gloria.




¿Nos ponemos a trabajar? Comenzá con la base de la tarta. Para ello, procesá en mixer o procesadora 250 gramos de galletas de chocolate previamente partidas o trozadas.




Aparte, procesá 75 gramos de nueces (las de tu gusto o las que consigas).




Luego, a las nueces procesadas incorporales 75 gramos de manteca fría, cortada en cubos. Procesá hasta unir bien los ingredientes y agregá, entonces, las galletas molidas previamente. Seguí procesando hasta obtener un arenado apretado. 



Entonces, disponé el arenado obtenido sobre un molde de tortera/tartera desmontable, previamente enmantecado. Para facilitar la tarea, ayudate con el envés de una cuchara, apretando la mezcla contra el fondo de la tortera para consolidar, así, una capa ajustada de galletas, nueces y manteca.

Evitá realizar este procedimiento con las manos para que el calor corporal no malogre la tarea. Luego, llevá la tortera/tartera a la heladera por, al menos, unos 30 minutos.




Entretanto, es el momento de preparar el relleno. Así, disponé en un bol 500 gramos de queso crema semi-magro junto con 226 gramos de queso Philadelphia (o similar) 1/3 reducido en grasas. Con batidor de alambre mezclá ambos quesos para amalgamar las texturas.

Luego, incorporá 5 peras bien maduras procesadas o licuadas junto con 2 cucharadas de jugo de limón. Entonces, agregá la ralladura de un limón, 100 gramos de azúcar y 6 claras de huevo de a una por vez, batiendo muy bien para que cada una se integre por completo antes de añadir la siguiente.

Continuá el batido hasta obtener una crema homogénea.




Volcá la mezcla obtenida sobre la base bien fría de galletas, nueces y manteca. Luego, llevá la tarta a cocinarse en un horno a 170-180°C por unos 60 minutos. Pasado ese tiempo, aunque el centro de la tarta se vea muy flojo (puede parecer que se mueve como un flan), apagá el horno y dejá la tarta allí adentro hasta que se enfríe por completo.




Mientras tanto, realizá un praliné o crocante de nueces y caramelo que colocarás por encima de la tarta una vez fría y terminada. Para esta tarea será necesario que dispongas sobre una sartén o cacerola 200 gr. de azúcar, dejando que se convierta en caramelo (pero, cuidando que no se queme). Cuando tenga el color característico, añadí 100 gramos de nueces trozadas a mano. Entonces, retirá del fuego y mezclá con una cuchara de madera para integrar bien.

Por último, disponé la mezcla sobre placa de silicona o papel manteca/para cocinar. Dejá que se enfríe bien y, con la ayuda de un palote/rodillo de amasar, rompé para obtener pequeños trozos de praliné. Reservá.




Cuando la tarta esté fría y los bordes se hayan separado de los laterales del molde, desmoldala y llevala a la heladera por algunas horas. Después de ello, decorá la cheesecake cubriéndola con el crocante de nueces que habías reservado. 

Conservá la tarta en la heladera hasta el momento de servir.




Observaciones y recomendaciones finales: El uso de nueces (u otros frutos secos) en la base de la tarta nos permite emplear menos cantidad de materia grasa (manteca) en la receta.

Pueden reemplazar las galletas de chocolate (escogí esas porque el chocolate se lleva de mil maravillas con las peras) por galletas de miel, avena o vainilla.

En lugar de peras pueden utilizar duraznos/melocotones, frutos rojos, ciruelas...

Uno de los secretos fundamentales para que las cheesecakes horneadas salgan perfectas es cuidarlas de las corrientes de aire o de los cambios bruscos de temperatura. Para ello, les recomiendo que los quesos que empleen en su preparación se encuentren a temperatura ambiente (hagan lo mismo con las claras de huevo). Además, no estén abre-cierra el horno a cada rato para ver cómo marcha la cocción porque, además de delicadas, estas tartas son vergonzosas (digo yo, porque no encuentro otra explicación... Jajajaa) y terminan resquebrajando - en mayor o menor proporción - toda su cubierta, quedando muy poco atractivas. De modo que lo ideal es respetar los tiempos de cocción y dejarlas adentro del horno hasta que se enfríen por completo (la indiferencia resulta una excelente aliada en estos casos...).




Sé que hay muchas personas que no se animan a preparar cheesecakes porque sienten que son postres/tartas muy trabajosos, algo ingratos (por esto que les contaba en las recomendaciones) y delicados por demás. Sin embargo, creo que sólo hay que tener algunos pocos cuidados y ganas de disfrutar de uno de los mayores manjares de la pastelería. Ni más ni menos... 

En el caso de esta cheesecake van a encontrarse con una tarta jugosa, de sabor muy delicado y cremoso, con los pequeños contrastes entre una base crujiente con sabor a chocolate y nueces, un relleno suave sabor a pera y un crocante de caramelo y nueces que genera una fiesta en la boca, bocado tras bocado. ¿Hace falta que les cuente que no quedaron ni los rastros como para poder sacarle una foto de corte a una porción de la tarta?




Espero tentarlos con el sabor y los contrastes que se acompañan y potencian en esta tarta de queso y peras que bien pueden sumarla a las recetas que nos hacen quedar como reinas indiscutidas de la cocina ante invitados, familiares, amigos, conocidos y amigos de nuestros conocidos ;D

Antes de despedirme, quiero realizar dos agradecimientos. Primero, le agradezco mucho a Mireia Costillas, creadora del blog Pasión y Tentación, por haberme tenido en cuenta para entregarme el Premio Best Blog. Si aún no conocen su blog, les recomiendo que se den una vuelta por allí para descubrir sus recetas y preparaciones. ¡Mil gracias, Mireia, por pensar en mi blog y perdón por no haberlo podido publicar antes!

Aquí dejo el premio para que cualquiera de mis colegas cocineros/blogueros, que llevan adelante sus espacios culinarios con esfuerzo y dedicación, pueda tomarlo y llevarlo consigo.



Por último, agradezco mucho al blog Directo al paladar, en cuya sección Paseo por la gastronomía de la red María José (una de sus editores) recomendó mi Pan de papa y hongos como una receta con masa de pan para empezar a encender el horno (¡Y hasta dijo que la pondría en práctica!).

Gracias a todos por elegir este blog, acompañarme (si han llegado al final del post, ustedes se merecen un premio. ¡Sin dudas!) y permitir que me deleite con su compañía. ¡Nos reencontramos la próxima! Pásenla muy bien junto a sus seres queridos y disfruten de experimentar en la cocina.


jueves, 28 de agosto de 2014

Pan de papa y hongos

Los panes de papa/patatas (en sus distintas versiones: a base de puré, copos deshidratados, harina o fécula) son bastante frecuentes en las culturas que nacieron y crecieron junto a estos tubérculos (incas, mapuches y otros pueblos primitivos americanos que se afincaron en territorio andino) o de aquellos pueblos en los que la papa/patata fue introducida luego de la colonización europea de América, convirtiéndose en uno de los alimentos básicos de sus dietas. Así, encontramos el milcao (de la cocina mapuche), el chapalel (de la cocina chilota), el kartoffelbrot (alemán), el okrągły chleb kartoflany (polaco), el burgonyàs kenyèr (húngaro)... De hecho, la cocina de Europa Central se nutre y enriquece de este sabroso tubérculo que tiene miles de variedades mundiales, encontrándose en ella varias versiones (más o menos parecidas) de panes con este ingrediente.




Hoy les propongo preparar un pan cuyo protagonista destacado es la papa/patata; pero, que además contiene hongos y harina integral. Esta preparación surgió de una receta tradicional de pan que le vi preparar a mi tía Olga (bielorrusa, como ya lo saben). Como no puedo con mi genio (o como lo quieran llamar), realicé algunas pequeñas modificaciones, respetando a rajatabla - eso sí - las técnicas y procedimientos que ella me explicó oportunamente (entre ellos, el particular y divertido formato de este pan).

¡Casi me olvidaba! Es que con las complicaciones varias y de salud que tuve por estos días, por poquito quedo fuera del Reto de agosto de Cocineros del Mundo...



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Esta es la lista de ingredientes para realizar este delicioso, sencillo, húmedo y original pan.




¿Nos ponemos a trabajar? En un bol disponé 2 tazas y media de harina 000, 1 taza y media de harina integral fina, 1 cucharadita de sal, 1 cucharadita de azúcar y 2 cucharadas de leche en polvo. Mezclá bien e incorporá 10 gramos de levadura seca instantánea.




Integrá muy bien y agregá 1 taza de puré de papas tibio (las papas cocidas al vapor - mejor si, al cocinarlas, conservan su cáscara - y el puré sin ningún tipo de condimento) y 1/2 taza de hongos secos hidratados y bien picados.




Con cornet (espátula de panadería/pastelería) o tenedor mezclá para incorporar estos nuevos ingredientes. Luego, comenzá a añadir agua tibia según lo requiera la masa (el total de agua a utilizarse es 380 cc., pero - como siempre - dependerá de varios factores que la masa requiera de esta cantidad o de ligeros cambios en ella).

Integrá en el mismo bol hasta obtener un bollo y, sobre mesa ligeramente enharinada, comenzá a amasar.




Amasá por unos 10 minutos para activar el gluten, golpeando y estirando la masa hasta obtener un bollo de textura lisa y homogénea.




Entonces, disponé el bollo en el mismo bol de amasado sobre una base de harina, pincelalo con aceite y cubrilo con papel film. Dejalo descansar en un lugar tibio, alejado de corrientes de aire y de calor fuerte, durante 1 hora.




Pasado ese tiempo, desgasificá la masa sobre la mesa de trabajo ligeramente enharinada y amasá el bollo por algunos minutos más.





Con las manos, cortá porciones de masa y formá pequeños bollos de un tamaño similar y parejo como para cubrir una tortera (en mi caso, 9 bollos para una tortera de 25 cm. de diámetro).




Disponé los bollos de masa en la tortera enmantecada o enaceitada, dándoles forma de flor. La manera más práctica es colocar el bollo del centro y luego los que lo rodean, alternando entre aquellos que, por su ubicación, se encuentran enfrentados u opuestos entre sí.

Luego, hacé ligera presión con los nudillos en cada uno de los bollitos y cubrí el molde con papel film para dejar que leven hasta alcanzar el borde del molde.




Por último, humedecé la cubierta con agua y espolvoreá con semillas de sésamo/ajonjolí (blanco, integral y negro) y de girasol.

Cociná en horno precalentado a 180° C por 35-40 minutos o hasta que esté dorado.




Al sacar del horno, dejá que el pan repose por unos 10 minutos para que los vapores de la cocción faciliten el desmoldado. Luego de desmoldarlo, dejá que enfríe por completo sobre una rejilla.




Observaciones y recomendaciones finales: Las papas que utilicen para realizar el puré es conveniente que conserven su cáscara al momento de cocinarlas para, así, garantizar que el puré quede con suficiente firmeza; más aún, si el método de cocción elegido es el hervor.

Los hongos secos de la receta pueden ser reemplazados por tomates secos hidratados, por ciboulette o cebolla picadas y rehogadas (o crudas, si lo prefieren), por orégano fresco o seco, o por la hierba o el conjunto de hierbas que prefieran.

Las semillas para espolvorear el pan pueden reemplazarse por las de su agrado: lino/linaza, quinua, amaranto, chía...

Este pan se conserva en perfectas condiciones por varios días en la heladera, en recipiente hermético.




Con esta receta obtendrán un pan con muy buena miga, húmedo y esponjoso, de sabor neutro e ideal para acompañar una tabla de quesos (tradicionales o veganos), patés vegetarianos o sándwiches caseros.




Espero que prueben este pan porque es muy sabroso y fácil de realizar (apto para todos: aprendices y expertos). 

Nos reencontramos la próxima semana. Deseo que sean muy felices, disfruten experimentando en la cocina y pasando tiempo con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!