viernes, 25 de julio de 2014

Bombones de dátiles, almendras y avena

Esta receta me la enseñó la esposa de mi mejor amigo, Mary (canadiense, vegana, periodista, activista ecológica, amorosa persona...). Fue preparar estos bombones y quedar enamorada de ellos (ya me había advertido Mary sobre su poder adictivo. Jajaja). Pero, cómo iba a resistirme a sus encantos si contienen 3 ingredientes básicos deliciosos y tentadores: avena, almendras y dátiles.

Además, le añadí un par de perfumes que siempre me recuerdan a Medio Oriente (canela y agua de azahar) y la receta perfecta para darnos un gustito, o un pecadillo para consentirnos en esos días en los que necesitamos un mimo, estaba lista.




Ingredientes nobles, técnicas sencillas y productos sanos son la base de esta deliciosa receta que podemos preparar, incluso, con nuestros niños. Aquí les dejo el listado de ingredientes para que no se pierdan de preparar estos bombones.




En procesadora o mixer, procesá 100 gramos avena en copos junto con 80 gramos de almendras (con piel), 1/2 cucharadita de canela molida y una pizca de sal hasta formar un arenado muy fino. Reservá.




Por otro lado, procesá 18 dátiles secos (sin hueso) hasta que formen una bola - o masa - más o menos homogénea y algo compacta. 




Entonces, añadí a la mezcla el arenado de avena y almendras que habías reservado e incorporá 1 a 2 cucharadas de agua potable y algunas gotas de agua de azahar. Procesá hasta integrar muy bien, formando una masa homogénea.




Con las manos húmedas, tomá pequeñas porciones de masa y formá bolitas de tamaño parejo. Ubicalas en pirotines/cápsulas de papel/capacillos y dejalas en la heladera/nevera hasta el momento de consumirlas.




¡Eso es todo! No hay más que disfrutar de estos exquisitos bombones con perfumes y sabores de Medio Oriente, sanos, simples de preparar y divertidos de hacer (por eso de que podemos pedirles a los más chicos de la casa que nos ayuden en la tarea).




Observaciones y recomendaciones finales: El agua de azahar de la receta pueden reemplazarla por agua de rosas.

Por estar elaborados a base de dátiles, estos bombones no necesitan que se les agregue azúcares o edulcorantes de ningún tipo.

Les recuerdo que la avena se encuentra entre los cereales más completos y saludables que podemos consumir porque aporta vitaminas E (antioxidante), B6 y B5 (involucradas en el correcto desarrollo y funcionamiento de nuestro sistema nervioso), yodo y calcio; además de minerales como selenio, hierro, magnesio y cobre. Por contener aminoácidos esenciales ayuda al hígado a depurar los compuestos pesados de nuestro organismo, mientras que su fibra soluble evita el estreñimiento y favorece el adecuado funcionamiento de nuestro intestino. Además, es una excelente fuente de grasas insaturadas (Omega-6) que ayudan a disminuir el colesterol malo.

Los dátiles son muy nutritivos, puesto que están formados de un 70% de azúcares (son ideales para reponernos después de realizar actividades físicas). Además, poseen hierro, fósforo, calcio, magnesio, cobre y potasio. Contienen también vitamina A, Omega-3 y Omega-6, vitaminas del grupo B, betacarotenos y antioxidantes. Son ideales para ayudar a mejorar la agilidad mental, combatir el estrés y calmar los nervios. Asimismo, combaten la anemia y el estreñimiento, pero no están indicados en dietas hipocalóricas o en personas diabéticas.

Las almendras, entretanto, son ricas en vitamina E (que contribuye en el mejoramiento de la piel, uñas y cabello)hierro, fósforo, potasio, magnesio, azufre, cobre, zinc calcio. Además, contienen vitaminas B1, A, C y D, y los 8 aminoácidos esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Reducen el colesterol malo, contribuyen a mantener sano y ágil a nuestro cerebro, disminuyen las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares y ayudan en dietas hipocalóricas por su gran capacidad de saciedad. Asimismo, son una de las pocas fuentes de proteínas vegetales que contienen arginina, un aminoácido esencial para el correcto crecimiento de los niños.




Espero que prueben estos bombones porque son un excelente recurso para reponer energías, darnos un respiro en medio de la vorágine cotidiana, un dulce muy sano para los más pequeños o un plus si necesitamos algo extra de energías en época de exámenes finales en la facultad o el colegio.

Les deseo una excelente semana. Espero que sean muy felices, experimenten en la cocina y disfruten con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!

jueves, 17 de julio de 2014

Jugo de peras y naranjas (o cómo la felicidad se puede concentrar en un vaso)

Los jugos de frutas (y verduras; o en combinación, frutas y verduras) son en sí mismos una fuente indiscutida de nutrientes concentrados. Nos permiten lograr una cierta saciedad con facilidad, a partir de alimentos provechosos para nuestra salud y bienestar. Además de aportarnos grandes dosis de vitaminas, minerales, fibras y antioxidantes son excelentes vehículos para mantenernos hidratados en cualquier época del año.  

Ahora bien... Anunciar que esta receta es sencilla casi es una obviedad, porque - en este caso - más que sencillo este delicioso jugo es súper simple de realizar y  exquisito.




Como pueden ver en la lista de ingredientes, para poder disfrutar de esta receta, sólo se necesitará algo de fruta madura y muchas ganas de saborear un gustoso zumo que redefinirá el efímero concepto de felicidad. ;D




¡Manos a la fruta ya mismo! Exprimí 3 naranjas para jugo y cortá en cubos 3 peras bien maduras y limpias (sin importar su variedad; todas son riquísimas y funcionan a la perfección para esta receta).

Disponé los cubos de pera y el jugo de las naranjas en el vaso de la licuadora. Procesá y disfrutá de inmediato para que no pierda ningún nutriente.




Si la fruta está suficientemente madura (ya de por sí la pera es de sabor dulce al igual que la naranja, en la mayoría de los casos) no será necesario que agregues al jugo endulzantes de ninguna clase.




Obtendrás un delicioso, refrescante, algo cremoso y espumoso zumo de peras y naranjas listo para aportarte grandes cantidades de alimento sin mucho esfuerzo (por no decir sin esfuerzo alguno).

Observaciones y recomendaciones finales: Este jugo contiene buenas cantidades de calcio, fósforo, magnesio, potasio, hierro, fibra y vitaminas A, B1, B2, C y E.

La naranja, debido a la acción antioxidante de la vitamina C, beneficia nuestra vista, piel y aparato respiratorio. Además, contribuye a combatir el estreñimiento y el hipertiroidismo.

La pera, entretanto, favorece la purificación de la sangre, disminuye la presión arterial, protege el aparato cardiovascular y reduce los niveles de colesterol. Además, es un excelente diurético.

Recuerden consumir el jugo inmediatamente después de prepararlo para que no se oxide y pierda sus beneficios nutricionales.

Los jugos naturales no contienen grasas y nuestro cuerpo asimila el 95% de sus nutrientes (no es poca cosa...). Asimismo, contribuyen en dietas de reducción de peso porque producen saciedad y, al no estar industrializados, conservan intactas sus propiedades alimenticias (sin conservantes, colorantes ni estabilizantes).

Por último, permítanme recordarles que para que los nutrientes sean correctamente asimilados, no es conveniente beber jugos de frutas durante o después de las comidas. Lo ideal es consumirlos 1 hora antes o 1 hora después de comer.



Esta bebida es ideal para empezar el día con mucha energía o para rehidratarse después de realizar alguna actividad física mientras liberamos a nuestro cuerpo de toxinas, sin conservantes ni aditivos que nos generan problemas de alergias y de salud en general. 

Espero haberlos tentado a probarlo porque es muy sabroso, sencillo y estoy segura que no quedará ni una gota en muy pocos minutos (por lo menos, es lo que sucede en casa...).

Les deseo una excelente semana. Espero que sean muy felices, experimenten en la cocina y disfruten de sus seres queridos. ¡Hasta la próxima! 

jueves, 10 de julio de 2014

Berenjenas rellenas en versión vegetariana

Los vegetales rellenos siempre son una excelente opción de menú porque nos permiten combinar de manera azarosa restos de algunos ingredientes que nos han sobrado de otras recetas y que, por sí mismos, ya no pueden ser un plato con todas las letras, aprovechando así al máximo nuestras compras y nuestro dinero. Pero, además, también son una excelente oportunidad para ofrecerle vegetales a nuestra familia. De hecho, suelen ser un magnífico recurso para que los más pequeños de la casa (e, incluso, los más reacios de la casa) coman vegetales sin chistar (¡y hasta con una sonrisa en la cara!).




Ustedes ya me han visto preparar algunos vegetales rellenos: Calabaza (receta aquí), zucchinis (receta aquí) y pepinos (receta aquí), porque es un recurso que utilizo mucho en mi cocina, ya que con pocos ingredientes me permite llevar a la mesa un plato hecho y derecho, pleno de sabores, colores y vitaminas. Pues, muy bien. Hoy llegó el turno de rellenar berenjenas.

Aquí les dejo la lista de ingredientes para preparar esta práctica y sana receta.




Lo primero será que dispongas en una asadera para horno las berenjenas (en mi caso 2 berenjenas grandes) limpias y sin sus pedúnculos (cabitos), sin condimentarlas y rociándolas con un hilo de aceite. Cocinalas hasta que estén blandas y dejalas enfriar.




Una vez frías, cortalas al medio en sentido longitudinal y, con una cuchara, quitales gran parte de la pulpa, cuidando de no romperlas. Reservá tanto las berenjenas como la pulpa picada.




Mientras se cocinan las berenjenas, rehogá en 2 cucharaditas de aceite de coco (o 1 cucharada de aceite neutro) 1 cebolla y 1/4 de ají/pimiento rojo cortados en brunoise (cubitos pequeños). Condimentá con sal, pimienta y nuez moscada. Cuando las cebollas se pongan traslúcidas, añadí 1 zanahoria rallada grueso y 300 gramos de arvejas/guisantes congelados

 

Pasados unos minutos, agregá 1 taza de leche (descremada, en mi caso) e incorporá lentamente otra taza de leche en la que disolviste 3 cucharadas generosas de fécula de maíz. Bajá el fuego y revolvé constantemente hasta que la preparación espese, logrando una consistencia cremosa. 

En ese momento, apagá el fuego y rectificá la sazón si fuera necesario. Reservá hasta que se enfríe y luego incorporale 1 taza de arroz yamaní integral previamente cocido y frío, la pulpa de las berenjenas cocidas y 1/2 taza de queso rallado o en hebras (en mi caso, bajo en grasas).



Entonces, disponé las mitades de berenjenas ahuecadas en una fuente para horno. Sazonalas a gusto (pero sin exagerar porque el relleno está bien condimentado) y rellenalas con la mezcla de vegetales, queso y la falsa bechamel (porque no contiene manteca).




Por encima, espolvoreá un poco más de queso rallado y un mix de semillas de sésamo (integral, blanco y negro).

 


Gratiná en horno fuerte y serví acompañado de una ensalada de hojas verdes. No necesita mucho más este plato para hacerte lucir, dejando a tu familia feliz y complacida. En casa somos fanáticos de esta receta (y de los vegetales rellenos, en general) porque es sabrosa, rendidora y muy bien equilibrada (reúne cereales integrales con semillas y legumbres, lo que genera una perfecta combinación proteica vegetal).




Observaciones y recomendaciones finales: La falsa bechamel pueden reemplazarla por el queso crema de su preferencia.

Las arvejas/guisantes pueden reemplazarse por lentejas o por choclo/maíz desgranado.

Esta receta también es ideal para rellenar pimientos/ajíes, papas, calabazas y zapallos, zapallitos redondos, zucchinis/calabacines, tomates... 

El arroz yamaní integral puede reemplazarse por quinua/quinoa, trigo burgol/bulgur, mijo, cebada perlada...




Antes de despedirme, les recuerdo algunos de los beneficios y virtudes de la berenjena. Después de leerlos, estoy segura que estarán deseosos de preparar algún plato con ella.

Es ideal para diabéticos porque contribuye a disminuir la cantidad de azúcar en sangre. 

También es muy indicada en dietas para bajar de peso porque posee muy bajas calorías y un alto grado de agua. Además, cuenta con un alto contenido en potasio (ideal para el sistema nervioso y para el cardiovascular), es rica en hierro y magnesio (útiles para prevenir anemias y mejorar el sistema inmunológico) y en ácido fólico (beneficioso para los sistemas cardiovascular y nervioso, así como para la formación neurológica del feto). 

Como si con todo esto no alcanzara para hacernos fanáticos de la berenjena, no nos olvidemos que además contribuye a mejorar la circulación, a retrasar el envejecimiento celular porque contiene antioxidantes (vitamina E, ácidos fenólicos y antocianina) y a disminuir el colesterol. ¡¿Qué más podemos pedirle a tan noble vegetal?!

Ahora sí, me despido. Espero haberlos tentado con mi propuesta y les deseo una excelente semana. Sean muy felices, disfruten experimentando en la cocina y pasando tiempo con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!






viernes, 4 de julio de 2014

Budín (en taza) de naranja con sorpresa de chocolate y un recuerdo para papá

En términos culinarios, mi papá era fanático de la pizza y la fainá, de un buen café (lungos, espressos intensos, espressos macchiatos...) y de un buen vino, del dulce de naranjas y de los postres con naranjas, de mis cheesecakes y mis galletas de avena, semillas, naranja y miel; de la empanada gallega y de la pasta italiana, de los buenos quesos y de los buenos chocolates. Cebolla-fóbico a ultranza había que picar este vegetal hasta casi hacerlo desaparecer de la faz de la tierra porque, caso contrario, como niño, se pondría a separarlo del resto de la comida. Mesurado y bien controlado, nunca bebió o comió en exceso; le gustaba darse los gustos, claro, pero con mucha cautela. Cuando viajábamos era el primero dispuesto a probar nuevos sabores y disfrutar de otras cocinas, e, incluso, intentar reproducirlas una vez de regreso en casa. No cocinaba mucho porque - según argumentaba - estaba "rodeado de buenas cocineras"; pero, cuando lo hacía, sus platos eran un verdadero lujo de sabores y texturas.

Tras la conmoción inicial que conlleva en sí misma la muerte imprevista de un ser querido (mi papá falleció por muerte súbita), la irremediable aceptación (hasta cierto punto, por ahora) de su partida - al menos desde el plano de lo físico: ya no existe el abrazo, la palmada en la espalda, la mirada cómplice, la sonrisa pícara, el consejo oportuno... - y el vacío real de la ausencia (como algo corpóreo, pesado, permanente), cuando muere un padre lo que se siente es un  inmenso estado de pérdida, de orfandad, de abandono, de indefensión... No importa que ya no soy una niña pequeña, lo que moviliza en mí es una de mis fibras más primitivas y esenciales.

Sin embargo, mi papá está en casi todas las cosas (hasta me doy cuenta que, incluso, en asuntos que me habían resultado imperceptibles hasta ahora): mi sentido de la rectitud, el compromiso con mis afectos, responsabilidades y el valor de dar la palabra; en gestos heredados, en conductas enseñadas, en el carácter legado, en las vocaciones compartidas, en la mirada, en sus hábitos y rituales, en el legado genético...





Gracias a todos ustedes que me acompañaron en uno de los momentos más duros de mi vida. Gracias por sus palabras de afecto, su comprensión, su fuerza, su cariño. Gracias por estar ahí, aunque sólo nos conozcamos a la distancia. ¡Muchas gracias!

Por eso hoy, para recordar a mi papá, entro nuevamente en mi cocina con la intención de proponerles una receta llena de su sabor favorito: la naranja que, combinada con el chocolate, se transforma en un bocado celestial.

Cuenta la historia que los cupcakes nacieron de la casualidad, como tantas otras recetas, cuando un ama de casa temeraria volcó algo de mezcla de bizcochuelo que le había sobrado en algunas tazas, porque le daba pena tirar ese resto de preparación. Así, tras horno y un rato de cocción nacían unas mini tortitas en taza (cupcakes) casi como de milagro, plenas de delicadeza y gracia (o, al menos, así quiero imaginarlas). Pues bien, en mi caso, no fue casual la obtención de estos budines en taza porque de principio a fin era muy consciente de lo que preparaba. Sin embargo, hasta probarlos no pude comprobar que "el experimento" bien valía ser repetido porque una es de carne y hueso, y sucumbe al instante a los encantos de la dupla chocolate-naranja. Mea culpa.




La verdad que la preparación de esta receta es bien simple y rápida. Eso sí, la degustación es casi una experiencia mística (y no exagero mucho), ya verán...

Aquí la lista de ingredientes para que se animen a darse un gusto con todas las letras. 



La tarea de preparar estos budines en taza - como ya dije - es bien grata y rápida. ¡Manos a la harina, entonces! Para empezar, en un bol y con batidor de alambre, integrá 2 yemas de huevo (de campo, pastoriles o ecológicos) con 130 gramos de azúcar integral hasta que el azúcar se deshaga y no queden grumos. Luego, añadí 60 cc. de aceite neutro, la ralladura y el jugo de una naranja. Batí muy bien hasta integrar todo.




Entonces, incorporá por partes 100 gramos de harina integral fina y 100 gramos de harina leudante (aquella que incluye los precursores de leudado), tamizadas con una pizca de sal y 2 cucharaditas de polvo para hornear, intercalándolas con 150 cc. de leche (descremada, en mi caso) hasta obtener un batido homogéneo. Por último, agregá 80 gramos de chispas/chips de chocolate semi-amargo, ligeramente enharinadas.




Aparte, batí 2 claras de huevo con una pizca de sal hasta obtener claras a punto nieve. Incorporalas a la mezcla anterior con movimientos envolventes y delicados como para no perder todo el aire que generaste en el batido. 





Volcá la preparación en moldes aptos para horno (tazas, mugs, soperas, ramekin/moldes para soufflé, bols...) que rociaste con rocío vegetal (si lo preferís, podés enmantecarlos o enaceitarlos). Entonces, ubicalos en una fuente alta y apta para horno que cubrirás con agua caliente o tibia hasta alcanzar la mitad de la altura de los moldes o de la fuente en sí (lo que ocurra primero).





Cociná en horno precalentado a 180° C por 30-35 minutos o hasta que pasen la prueba del palillo y los budines comiencen a despegar sus bordes del recipiente.

Al salir del horno, espovorealos con azúcar impalpable. ¡Y a disfrutarlos tibios o fríos, acompañados de un rico té, café o mates!


 

Con cada bocado, tomarás una porción suave, esponjosa y bien perfumada de masa sabor a naranja y de salsa de chocolate (producto del accionar del Baño María de cocción), que acompaña a la perfección esa pequeña maravilla que te llevás a la boca.





Observaciones y recomendaciones finales: Por acción de su propio peso, las chispas de chocolate (en su mayoría) se agolparán en el fondo del bol que utilizaron para realizar la preparación. Por ello, deben asegurarse, a la hora de repartir la mezcla en los moldes, que en cada uno de ellos caiga cantidad suficiente de chispas para lograr una buena capa de chocolate derretido que espera a ser descubierto en el fondo de cada budín.

La naranja (con su ralladura y jugo) puede reemplazarse perfectamente por mandarina o limón.

Esta proporción de ingredientes alcanza para obtener 3 tazas grandes (en mi caso, utilicé soperas, pero pueden ser tazas como para café con leche o para cereales con leche) o 6 tazas medianas tipo té.




En casa todos quedamos complacidos con estos budines esponjosos y livianos, con un perfume delicioso a naranjas y la sorpresa final del chocolate hecho salsa que sólo descubrimos cuando llevamos la cuchara hasta el fondo del recipiente.




En fin... Espero haber logrado tentarlos lo suficiente como para que decidan preparar estos budines en taza con sorpresa porque estoy segura que les van a encantar.

Les deseo una excelente semana. ¡Diviértanse, experimentando en la cocina y sean muy felices, disfrutando de sus afectos! Hasta la próxima.



viernes, 30 de mayo de 2014

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Amigos, seguidores y lectores fieles, esta cocina permanecerá cerrada por algunos días. Falleció mi papá y, como pueden imaginarse, no tengo ánimos ni para levantar una cuchara. Quería avisarles porque respeto mucho a quienes se toman una pausa en la vorágine del día a día para leer mis recetas (y, a veces, mis anécdotas). Ya volverán los días de preparaciones sanas, heredadas, sencillas, familiares y sabrosas. Gracias por acompañarme hasta aquí.




Espero que nos reunamos nuevamente pronto. Disfruten de la vida, de sus seres queridos y sean muy felices.

Silvina


jueves, 22 de mayo de 2014

Tarta de ciruelas remolacha y nueces

Día de otoño gris y fresco (en el que tenemos que llevar clásico abrigo para salir de casa a la mañana temprano y volver a casa cerca de la noche). El ambiente húmedo de los días anteriores trocó en días grises con esas nubes plomizas que no sabemos con certeza - hasta que muestran sus verdaderas intenciones - si nos anuncian la llegada de frío o es que en cualquier momento descargarán algunas gotas... La mejor solución al mal clima - además de la famosa "buena cara" - es cocinar algo rico para agasajar a quienes queremos y agasajarnos porque sí, que es la mejor razón de todas.

Si les nombro algunos de los protagonistas de esta receta (quita-males, quita-penas, quita-fríos, quita-todo): almendras, jengibre, canela, cacao de excelente calidad, un toque de kirsch, dulce de ciruelas remolacha/rojas y nueces... ¿Qué me dicen? ¿Se suman a una tarde de tarta y té (o jugos refrescantes, si están en primavera)?




Aquí los ingredientes para una tarta que despertará suspiros y emociones varias (todas buenas, eso sí).




Esta receta es de las que llevan un poco de preparación inicial, por eso de pesar y medir los ingredientes (que son varios) y dejar todo listo. Pero, que después se ponen facilísimas porque la idea es comer algo rico, no morir en la intentona cual heroínas medievales. Además, cuando está lista, recién salida del horno y le vemos la cara de felicidad a toda la familia (hasta al perro, a quien hay que explicarle que, por más que mueva incesantemente su rabo, no va a poder probar ni un pedacito pequeñito porque tiene cacao que le hace pésimo a su salud)... Eso no tiene precio.

En un bol, tamizá 75 gramos de harina 0000 con una pizca de sal. Añadí 50 gramos de harina de almendras (si no tenés, podés reemplazarla por la misma cantidad de almendras bien trituradas) y 75 gramos de harina integral fina. Luego, incorporá 130 gramos de azúcar integral, 1 cucharadita de canela molida, 1 cucharadita de jengibre molido y 1 cucharada colmada de cacao amargo (de excelente calidad y orgánico, mejor).

En procesadora o mixer, procesá los ingredientes secos e incorporá 4-5 cucharadas de aceite neutro (dependerá de la humedad ambiente de ese día y del grado de astringencia de las harinas). Procesá hasta obtener un arenado fino.



Entonces, incorporá 2 yemas (de huevos pastoriles, ecológicos o de campo) y unos 30 cc. de kirsch. Continuá procesando hasta formar una masa lisa.

Envolvela en papel film y llevala a descansar a la heladera por unos 30 minutos.




Pasado ese tiempo, dividí la masa en dos porciones (una corresponderá a las 2/3 partes del total de la masa), enhariná ligeramente la mesa de trabajo y estirá con palote/rodillo la masa de mayor tamaño, dejándola del grosor de tu preferencia (yo la hice bastante finita, pero eso es según decisión personal). Con ella, fonsá/forrá un molde de tartera desmontable al que rociaste con rocío vegetal o enaceitaste ligeramente.




Luego, cubrí la base de la tarta con 450 gramos de mermelada de ciruelas remolacha/rojas (este verano por los elevados costos y la no tan buena calidad de las ciruelas no preparé mermelada casera; por ello, utilicé una de muy buena procedencia, sin azúcar agregada y sin conservantes). Por encima, disponé 50 gramos de nueces trozadas de manera grosera para que nos encontremos con los tropezones a la hora de comerla.




Para terminar, estirá la masa restante del mismo grosor que el piso de la tarta y con un cortante de tu agrado (en mi caso, corazones... Tenía un día romántico Jejeje), cortá las figuras que más te gusten.




Con una pizca de agua tibia y algo de maña/imaginación/ganas de jugar, ubicá las figuras de masa a modo de cobertura, unidas por algún punto entre sí, dejando espacios libres para que podamos espiar cuál es el relleno de la tarta.
Una vez concluida esta tarea, cociná la tarta en horno precalentado a 180° C por 40-45 minutos o hasta que se dore ligeramente la masa y el relleno se muestre a borbotones por las ventanitas que dejaste en la cubierta superior.




Cuando la tarta esté fría, si lo deseás, espolvoreá con una lluvia de azúcar impalpable (no es obligatorio; yo no lo hice) y a disfrutar del sabor del verano (que ya se fue/ que está por llegar) y de una tarde de tarta inolvidable.

Algunas observaciones y recomendaciones finales: Como ya les indiqué, en caso que no dispongan de harina de almendras (no siempre tenemos en casa y, si no la usamos con frecuencia, tiende a hacerse hospitalaria con pequeños bichitos poco deseables...), pueden preparar su propia y rápida harina de almendras moliéndolas en procesadora, mixer o similar. Si lo desean, pueden dejarle la película amarronada que recubre al fruto o pueden pelarlas primero y procesarlas después.

La mermelada  de ciruelas remolacha/rojas puede reemplazarse por la de frutos rojos, frambuesas, frutillas, naranjas, mandarinas, peras o limones. Todas ellas quedan estupendas con esta masa (¡Y si son caseras, mucho mejor!). También pueden utilizar dulce de membrillo o de batata (como en una pasta frola).

Si no desean emplear mermeladas o dulces para esta receta, pueden reemplazarlos por una rica compota de la fruta de su preferencia (la fruta limpia y sin cáscara, cocida en agua y algo de azúcar o endulzantes naturales), bien escurrida y fría.

La cubierta superior puede hacerse con el clásico enrejado entrecruzado de las pasta frolas de membrillo o batata.




Muy bien, hasta aquí mi propuesta para esta tarde gris y fría de otoño que terminó cambiando de cara gracias a una exquisita y perfumada tarta.

¡Hasta la próxima! Les deseo una excelente semana, experimenten en la cocina y diviértanse.