sábado, 30 de enero de 2016

Torta-postre en vaso (para festejar el 4to. aniversario del blog)

Hoy, estamos de festejo porque el blog cumple 4 años. ¡Cuatro añitos ya! En la vida de una persona, este tiempo representa un largo camino por recorrer, con mucho por vivir y experimentar por delante; sin embargo, en la vida de un blog es bastante (hasta, incluso, podría decirse que mucho) tiempo por todo el trabajo, cuidado, compromiso y dedicación que demanda (muchos de ustedes saben muy bien de qué estoy hablando). Durante estos años, he visto nacer-crecer-y-desaparecer un montón de blogs de recetas (entre otras temáticas). Por esa misma razón es que digo que 4 años es mucho tiempo... Tiempo que, obligatoriamente, me hace reflexionar sobre varias cuestiones: Gracias a este pequeño espacio, mi cocina se convirtió en un verdadero laboratorio de recetas, probando, ajustando y perfeccionando las preparaciones que heredé (algunas de ellas transmitidas de generación en generación), las que se comparten en mi familia (gracias a las diversas nacionalidades y raíces que tenemos), las que van naciendo merced a la necesidad de incluir nuevos ingredientes a la dieta, al deseo de transformar algunas preparaciones menos saludables en más nutritivas y sabrosas, o al empleo de nuevas técnicas. En estos años, la dieta de mi familia se vio favorecida y enriquecida por muchos nuevos protagonistas principales y secundarios que se fueron ganando un lugar en nuestro paladar y en mi recetario. Asimismo, por el entusiasmo que la cocina me provoca, me he comprometido más con el conocimiento acerca de los alimentos, sus propiedades y beneficios (tanto que he comenzado a estudiar nutrición de manera formal) para intentar llevar a la práctica - con mayores y mejores herramientas - que nuestro alimento realmente sea nuestra medicina

Claro que, todo esto, sin su compañía (con comentarios, consultas y recomendaciones) no tendría el gustito placentero que tiene. Porque, para mí, compartir secretos, conocimientos y experiencias con mis amigos es una de las actividades más enriquecedoras que puedo practicar ;) Y es que, gracias a este blog, he conocido estupendas personas que me ayudan a crecer muchísimo con su generosidad, conocimiento y afecto permanentes, sin importar en qué parte del mundo nos encontremos o qué distancia nos separe (esto es una de las maravillas de este medio). Además, la alegría que me produce un comentario de satisfacción al haber probado una de mis recetas o de entusiasmo porque lograron que, con una de mis propuestas, los pequeños de la casa comieran ingredientes que antes no querían ver ni de lejos, es indescriptible :D




Para esta ocasión especial, he preparado una torta-postre en vaso, ideal para no complicarse mucho en la cocina (recuerden que en esta mitad del planeta estamos en verano y que urgen los postres y platos frescos, sin muchas vueltas. Además, un postre siempre es un postre y viene bien en cualquier época del año, ¿verdad?). Por eso, elegí preparar una versión sui géneris del clásico trifle que no falla por su sabor, texturas y presentación (y que aprovecha los mismos ingredientes que una torta/pastel/tarta de cumpleaños, pero los propone en otro formato. Ya me imagino a un purista rasgándose las vestiduras con mi insolencia. Jajaja). Además, al prepararlo en vasos cada comensal se asegura comer una porción moderada de torta-postre sin sentir muchas culpas. ¡Con ustedes, los ingredientes!




La verdad es que la receta de hoy es muy sencilla porque cuando estamos de festejo lo que queremos es celebrar y ocuparnos poco de otros menesteres. Pues, por eso mismo, aquí les traigo esta opción tentadora y súper fácil para lucirse sin despeinarse mucho ;) ¿Comenzamos con la crema de frutos rojos?

Disponé en un bol 400 gramos de crema de leche/nata (yo utilicé reducida en grasas, pero si es entera o doble - con más de un 50% de materia grasa - obtendrás una crema mucho más sostenida) y, con batidora eléctrica, batí hasta que forme picos. Entonces, añadí 2 cucharadas (de un total de 1 taza) de azúcar impalpable/glas y batí un poco más. Reservá.




Aparte, en otro bol y con batidor de alambre, batí 300 gramos de queso crema firme/con mucho cuerpo  (en mi caso, se trata de uno con bajo tenor graso, pero que se prepara a partir de crema de leche y ricota) junto con el resto de azúcar impalpable (recordá que era, en total, 1 taza) hasta que quede suave e integrado. En ese momento, añadí 2 tazas de puré de frutos rojos. Mezclá hasta integrar muy bien.




Por último, agregá de a poco y de manera suave la crema/nata batida que habías reservado. Podés integrar muy bien, con movimientos envolventes, ambas preparaciones o podés dejar la crema/nata veteada (a mí me gusta mucho como queda este efecto visual). Llevá a la heladera/refrigerador/nevera por, al menos, 2-3 horas. El resultado obtenido será una crema, suave, poco dulce, pero de sabor muy agradable y con una textura bien aireada (como una espuma).




El bizcochuelo/bizcocho que utilicé para hacer esta torta-postre es el clásico, el de siempre, el de las abuelas (o, al menos, el que me enseñó a preparar mi abuela) que si no sabés cómo realizar, lo podés encontrar aquíPues bien, en caso que desees hacer un postre con bizcochuelo/bizcocho, deberás procurar que la masa no crezca mucho al hornearse (no más de 1 centímetro de espesor, más o menos). Para ello, distribuí la mezcla de masa en una placa para horno con bordes para que pueda contener la preparación (también puede ser en un molde rectangular, redondo o cuadrado) a la que enmantecaste y cubriste con papel manteca/para cocinar, enmantecado también. Si utilizás molde para tortas/bizcochos, deberás colocar poca cantidad de masa, ya que por efecto del polvo para hornear algo va a crecer al cocinarse, pero debés respetar el enmantecado y el papel manteca/para cocinar, enmantecado también, para que al desmoldarlo (ya que es más delgado) no sufras percances de ninguna índole.

Una vez que se enfrió el bizcochuelo/bizcochodesprendé el papel manteca/para hornear y cortá discos de la masa según el diámetro del vaso que utilizarás para armar el plato. Reservá.




Colocá en la base un disco de masa y pincelalo con un almíbar sabroso (podés perfumarlo con algún vino generoso o con algunas gotas de jugo de naranjas o mandarinas).




Luego, cubrí con una generosa capa de la crema de frutos rojos (podés utilizar una manga de repostería para que quede más prolijo) y esparcí por encima una buena cantidad de fruta (yo utilicé frutos rojos para reforzar el sabor de la receta: frutillas, arándanos, frambuesas y cassis).




Entonces, ubicá otro disco de masa haciendo ligera presión para que no quede mucho aire entre las capas y mojalo con el almíbar. Encima, disponé otra buena capa de crema de frutos rojos. Coroná con nueces ligeramente rotas (para que se encuentren lindos tropezones a la hora de comer).




Repetí la operación hasta que llegues al borde del vaso, intercalando con fruta y nueces, entre cada capa o piso de masa.




Para terminar, decorá con crema de frutos rojos, algunas frutas y nueces y una lluvia de chocolate semi amargo (o el que te guste) rallado. Conservá en la heladera hasta el momento de servir.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Si no desean preparar un bizcochuelo/bizcocho para realizar la torta-postre, pueden utilizar bizcochuelo/bizcocho en planchas que se vende en supermercados o en panaderías o, incluso, pionono/masa dulce para arrollados. De cualquier manera, recuerden que la receta de bizcochuelo es un básico que nunca está de más en nuestro cuaderno de recetas. Por eso, además de la receta clásica de vainilla que te indiqué más arriba, aquí podés encontrar la receta del bizcochuelo/bizcocho de chocolate.

Para preparar un almíbar liviano para humedecer tortas y bizcochuelos/bizcochos deberán disponer en una ollita 1 taza de azúcar y agua potable hasta humedecer el azúcar (no cubrirla; sólo humedecerla). Luego, en el fuego bajo dejarán que se caliente (sin revolver con ningún utensilio para que no cristalice) hasta que alcance el punto de hilo flojo (tras unos 8 minutos de hervor). Como les dije antes, pueden perfumarlo con vino generoso, coñac, jugo de cítricos, bayas de cardamomo, canela...




En esta preparación pueden utilizar la fruta que dispongan en casa, la que sea de estación, la que encuentren más bonita o en mejor punto en el mercado. De igual modo, las nueces de la receta pueden reemplazarse por los frutos secos de su preferencia: almendras, avellanas, castañas de cajú/anacardos, nueces Pecan/pecanas...

La crema de frutos rojos puede hacerse con el puré de cualquier otra fruta que les guste. 

Con estas cantidades, se obtienen unos 7 vasos de tamaño grande (como para servirse licuados/smoothies) de torta-postre

Para armar este plato, pueden utilizar vasos o frascos de distintos tamaños y formas porque quedan muy decorativos.


 

Espero que les haya gustado mi propuesta y que disculpen mi irreverencia (si es que buscaban una torta/tarta/pastel algo más tradicional en sus formas) aunque, sigo pensando que no deja de ser una torta contenida-porcionada en cuanto a su tamaño y ámbito, pero tan tentadora y suculenta como una con características más tradicionales ;)

¡Gracias por acompañarme hasta aquí y por celebrar conmigo otro año del blog! Los espero la semana próxima con más recetas. Pásenla muy bien, disfruten mucho junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Designs by Connie Prince/BeeHaven Designz/Bouquet Garni Recetas


jueves, 21 de enero de 2016

Paté de aceitunas y hongos Portobello

Hacía tiempo que nos le traía un paté vegetal, y quienes me conocen un poquito saben que los patés vegetales son una de mis debilidades en la cocina porque están llenos de virtudes (según mi parecer, claro está): Son prácticos, rápidos de hacer, llevan pocos ingredientes, son muy sanos porque no contienen ningún químico para conservarlos, estabilizarlos, darles color o sabor artificial; resultan ideales sustitutos de cualquier aderezo industrial (con mucho y más rico sabor, inclusive), pueden usarse tanto en platos fríos como en preparaciones calientes, suman sabores a cualquier picada/tapeo que se precie de tal y nos permiten sorprender con combinaciones interesantes a la vez que tentadoras ;)

Aquí les propongo un paté de aceitunas/olivas con hongos Portobello que hará las delicias de todo mundo por su textura suave y su gusto delicado. Les cuento un secreto: Este paté es uno de mis favoritos porque soy una fanática de las aceitunas/olivas. Pero, fanática de verdad; de ésas que arrasan ellas solas con todas las aceitunas/olivas de una pizza, que no pueden pasar junto a un montoncito de regordetas aceitunas/olivas verdes y seguir de largo como si nada. ¡No, señor! Me pueden, me doblegan, me derriten... Eso sí, las verdes porque las negras no me mueven ni un rulo. Cosas de gustos y paladares que no tienen mucha explicación científica. Jajaja :D En fin, soy tan fanática que mi madre siempre repite que se equivocaron al llamarme Silvina, y que mi nombre debería haber sido Clementina (en alusión a Clemente, el personaje de historietas argentino que era un verdadero fanático de las aceitunas, creado por el gran Caloi). Afortunadamente, al nacer mis padres no sabían que yo iba a desarrollar este amor incondicional por las aceitunas/olivas y me bautizaron con el nombre que ostento, en lugar del que me hubiera caído como anillo al dedo ;)




Por supuesto que este paté puede acompañarse con galletas sabrosas, pancitos caseros, grisines/palitos de pan saborizados... Pero, también, cuidando la línea y sin sufrir por ello, puede comerse con vegetales cortados en rodajitas o en bastoncitos (pepinos, zanahorias, papas y batatas/boniatos dorados al horno, pimientos de distintos colores, apio, berenjenas y zucchinis/calabacines grillados. ¡Y la lista sigue!). Sin embargo, si con todas estas opciones que les ofrezco no alcanza para tentarlos a que lo preparen, les cuento que, además, puede transformarse en un exquisito pesto para acompañar un rico plato de pasta, arroz integral, cebada, mijo, quinua/quinoa, trigo sarraceno... ;)




En un santiamén estará listo para que lo disfrutes del modo que más te guste. ¡Vamos con la receta, entonces! 

Cortá en juliana o pluma una cebolla chica y rehogala o salteala en una cucharada de aceite de coco (o el aceite de tu preferencia). Condimentá con sal (muy poquita porque las aceitunas/olivas ya son bastante saladas) pimienta, nuez moscada, una cucharadita de cúrcuma y una cucharadita de orégano. Reservá.

Aparte, cortá en cuartos 100 gramos de aceitunas/olivas verdes descarozadas/sin hueso (¡Sí, verdes! No me mires de reojo que te garantizo que este paté sabrá delicioso y con un gustito delicado, nada fuerte ni invasivo, aún teniendo aceitunas/olivas verdes como materia prima). Reservalas.




Entonces, cortá en láminas 200 gramos de hongos Portobello y saltealos en una cucharada de aceite de coco. Condimentalos con una cucharadita de orégano, pimienta recién molida, una cucharadita de ciboulette, una cucharadita de tomillo, nuez moscada recién molida y una cucharadita de pimentón ahumado. No los muevas mucho; dejalos quietitos para que el calor vaya dorándolos sin que pierdan todos sus jugos. 

Por último, cuando ya estén casi listos, añadí 1-2 cucharadas de vino generoso (yo utilicé Marsala). Dejá que el fuego fuerte evapore el alcohol y reservá hasta que se entibien o enfríen, según tu gusto.




En el vaso de la procesadora o mixer, disponé los hongos y las cebollas cocidos y escurridos, y las aceitunas/olivas que habías reservado. Procesá hasta obtener una pasta. Si fuera necesario, añadí un hilo de aceite para lograr la consistencia buscada (aunque con el aceite que liberan las propias aceitunas/olivas al triturarlas suele alcanzar muy bien). Controlá la sazón y, de ser necesario, rectificala según tus gustos.




Guardá el paté en un cuenco o bol, tapado con papel film, en la heladera/nevera/refrigerador hasta el momento de consumirlo. Allí, se conservará perfectamente hasta por 3 días.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Las aceitunas/olivas verdes pueden reemplazarse por las negras sin ningún inconveniente; aunque, vuelvo a reiterarles: con las verdes el paté queda delicioso y con un sabor muy suave o delicado. En el caso que utilicen aceitunas/olivas negras, la preparación final tendrá un sabor algo dulzón.

Pueden reemplazar, si así lo desean, la cebolla blanca o criolla por puerro/ajoporro o cebolla de verdeo/cebolleta. De igual modo, pueden sustituir los hongos Portobello por champiñones de París u otros hongos/setas que consideren sabrosos.




Las aceitunas/olivas son una excelente fuente de vitaminas A, del grupo B (B1, B3, B5 y B6) y C, fibras, hierro, sodio, magnesio, fósforo, potasio y zinc. Son excelentes aliadas de nuestra salud cardiovascular (siempre que las comamos con moderación y en una ingesta diaria equilibrada) por contar con ácidos grasos monoinsaturados que, además, mantienen a raya nuestro colesterol "malo". Son muy fáciles de digerir y - contrariamente a lo que muchas veces se ha pregonado - son muy útiles en dietas de reducción de peso, ya que producen cierta saciedad; por ello, al comerlas como tentempiés o snacks nos aseguramos un aporte de nutrientes que con otros alimentos no los alcanzamos. De hecho, se recomiendan unas 7 unidades por día, entre comidas y para mantenernos alejados de otras tentaciones menos saludables. Eso sí: las personas con mucho sobrepeso y quienes sufren de hipertensión deben consultar con el médico en qué cantidades deben ingerirlas o si deben excluirlas de sus dietas para no tener inconvenientes.

Este paté también pueden utilizarlo como sustituto ideal de mayonesas/mahonesas, kétchups y demás aderezos en sándwiches, bruschettas y crostini. Pero, como si con ello no alcanzara, puede emplearse como un delicioso pesto para sacarnos de apuros cuando no sabemos qué cocinar y no queremos complicarnos mucho. Una pasta aburrida o un arroz sin mucho lucimiento pueden transformarse en un plato delicioso con el agregado de este delicado y exquisito dip.




Como les dije antes, este paté vegetal es exquisito, suave y de textura delicada. Pruébenlo y después me cuentan porque estoy segura que va a conquistarlos ;)

Antes de despedirme, quiero contarles que la semana que viene no publicare el día jueves como lo hago habitualmente, sino que los invito a que me visiten el sábado 30 de enero. ¿Y por qué hago este cambio o excepción? ¡Porque ese día este blog está de cumpleaños! Y me gustaría invitarlos a comer torta/pastel de cumpleaños como corresponde a semejante ocasión. ¡Los espero!

Pasen una hermosa semana, disfruten mucho junto a sus seres queridos y no se olviden de experimentar en la cocina. ¡Hasta entonces!


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Designs by Connie Prince/ Studio Flergs/ Anita Designs/ Bouquet Garni Recetas

 

jueves, 14 de enero de 2016

Leches vegetales. Leche de coco

Dejamos atrás ya las fiestas con sus excesos y empezamos a poner nuevo rumbo a nuestras vidas o, al menos, a nuestra cocina. Quien más, quien menos hemos cometido algún traspié en nuestra dieta con la excusa de que las celebraciones son sólo una vez al año; pero, ya queremos volver por completo a la normalidad porque el cuerpo nos lo pide a gritos. Por eso, hoy les propongo una receta liviana, de ésas que nos impulsan a portarnos bien como propósito de año o para recuperarnos de todo lo que engullimos de más en diciembre ;) 

¿Qué les parece preparar una leche vegetal distinta (digo así porque, por lo general, las preparamos a partir de semillas o cereales y, en este caso, será a partir de una fruta)? En los mercados, barrios chinos u orientales de toda ciudad importante y en tiendas especializadas en productos dietéticos podemos encontrar - con relativa facilidad - la leche de coco. Sin embargo, prepararla en casa es una tarea mucho más sencilla de lo que se pueden imaginar. Podemos realizarla a partir de un coco (este es mi caso), o de coco rallado deshidratado o en escamas (prometo enseñarles el método en otra ocasión).




Con tan sólo 2 ingredientes y algunos pocos utensilios fáciles de tener en casa o económicos de conseguir  - y útiles para otras ocasiones -, obtendremos una leche suave (aunque menos cremosa que la envasada), ideal para cocinar y para preparar sabrosos batidos o smoothies.




Primero, les explico (por si no lo saben hacer) cómo quitar el agua que trae dentro el coco. En uno de los extremos de la fruta se pueden ver 3 ojitos o manchas deprimidas en la corteza que son de un color más oscuro. Una de ellas, al hacer una ligera presión con el dedo pulgar, se notará más blanda o menos resistente que las demás. En ésta, entonces, efectuarás un orificio con algún objeto puntiagudo (¡Cuidado de no lastimarte!). Entonces, colocá el coco con el orificio que le practicaste hacia abajo, apoyado sobre la boca de un vaso. Allí, recolectá el agua de la fruta; luego, colala y reservala para utilizarla más adelante.




Una vez que el coco esté vacío, será el momento de quitarle la cáscara. En este caso, en la misma zona donde se encuentran las tres depresiones en donde efectuaste el orificio para extraer el agua de su interior, practicarás un golpe seco con algún objeto contundente, tratando de no hacerlo trizas. Sólo debés romper el fruto a la mitad o en algunos pedazos grandes para realizar el resto del trabajo a mano, posibilitando así dejar la menor cantidad posible de basura o restos de cáscara que puedan mezclarse con la pulpa (que es lo que más nos interesa para preparar la leche).




Cuando ya tengas el coco cortado en trozos más o menos parejos (ni muy grandes, ni muy pequeños), limpio y sin restos de la corteza exterior (sí deberá tener la película amarronada que envuelve la pulpa), colocarás las porciones en el vaso de la licuadora o procesadora. Además, agregarás el agua del interior que recogiste y filtraste o colaste con cuidado y 1-1,5 litros de agua potable.




Procesá o licuá la fruta a velocidad máxima por unos 5 minutos. Verás que quedan algunas pintitas marrones que corresponden a la película que recubre la pulpa del coco. No te preocupes por ellas, luego desaparecerán de tu leche.




Por último, volcá la mezcla obtenida (agua más pulpa procesada) en una bolsa especial para preparar leches vegetales (se trata de una bolsa con una malla muy cerrada que impide el paso de impurezas) que ubicaste dentro de un colador o tamiz (que también tenga el mallado bien apretado) al que colocaste sobre el borde de un bol lo suficientemente amplio o profundo como para contener la leche que vas a obtener.

Primero, dejá que la fuerza de gravedad haga su trabajo y, luego, comenzá a escurrir, haciendo presión y retorciendo la bolsa para obtener toda la leche posible. En este punto, asegurate de escurrir lo mejor posible la pulpa dentro de la bolsa para que no quede nada de líquido allí.




Cuando sólo quede la pulpa bien escurrida dentro de la bolsa... ¡Trabajo terminado! ;)

Con esa pulpa podés preparar, galletas, bombones y trufas de coco; incluirla en masa de tortas, budines/bizcochos/queques o bizcochuelos/bizcochos, panqueques/gofres, waffles, postres, flanes, helados... También podés agregarle más agua potable (menos cantidad que en la primera ocasión) para obtener una segunda colada de leche, repitiendo todo el proceso desde la licuadora o procesadora.




La leche obtenida del doble colado (bolsa-colador o tamiz) la podés envasar en una botella limpia y esterilizada, conservándola en heladera/refrigerador/nevera por 3 a 4 días. Con ella, podés cocinar - reemplazando la leche de origen animal - o preparar bebidas.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Si lo deseás o preferís, podés perfumar la leche con extracto de vainilla o esencia de almendras. 

Para endulzarla es preferible hacerlo al momento de utilizarla. Para ello, podés emplear miel, melaza, miel de caña, arrope, azúcar integral/mascabo o endulzantes naturales.

Aunque no tengas una bolsa de malla para preparar leches vegetales no es excusa para no realizar esta leche. En su lugar, podés utilizar una gasa o tela de similares características junto con el colador o tamiz de malla bien cerrada o sólo el colador. 

Si bien no tiene la misma consistencia cremosa que las leches de coco comerciales, cuenta con sus mismas propiedades nutricionales: Contiene vitaminas C, E y del grupo B (B1, B2, B3, B5 y B6), potasio (ayuda a reducir la presión arterial), cromo (ayuda a mantener a raya el colesterol y el azúcar en sangre), selenio (importante antioxidante), fósforo (contribuye al fortalecimiento de los huesos, uñas, piel, dientes y tejido nervioso), hierro (combate la anemia), magnesio (evita calambres) y zinc (previene ciertos tipos de cáncer). Además, no contiene fructosa ni glucosa, y posee abundante fibra vegetal que ayuda a controlar el peso y a mantener equilibrado nuestro sistema digestivo. Asimismo, si bien no debe consumirse a diario, es muy recomendada para emplear en ciertos platos (en especial de la cocina thai y asiática), como sustituto de leches de origen animal y para preparar batidos o smoothies.

En caso que deban utilizarla en una preparación que requiera de una mayor consistencia, pueden incorporar almidón o fécula de maíz, así como fécula de mandioca/yuca (en una proporción acorde a la cantidad de leche de coco que necesite la receta; por ello, no les indico una cantidad específica) para lograr ese objetivo sin mayores complicaciones.

Cuenta la leyenda que el nombre de este fruto se debe al parecido que encontraron los exploradores portugueses que acompañaban a Vasco da Gama  - quienes lo llevaron por primera vez a Europa - con el Coco (o Cuco como también se lo denominaba en algunos lugares de Sudamérica; incluido mi país), un personaje atemorizante con que se amenazaba a los más pequeños para que no se alejaran de sus hogares durante la hora de la siesta o a aquellos niños que no eran obedientes. El Coco, a su vez, derivaba de la tradición celta extendida en Galicia y Portugal de cortar calabazas con tres agujeros a modo de ojos y boca (cualquier parecido con la celebración de Halloween estadounidense no es mera coincidencia... Jajaja) que, a su vez, estaría inspirada en el culto celta de las cabezas cortadas (aunque los investigadores del tema no terminan de ponerse de acuerdo sobre si los celtas realizaban o no rituales de sacrificio humano).




Si han tenido oportunidad de observar en persona cómo se prepara la leche de coco para la venta al público en países del sudeste asiático (procedimiento que no difiere mucho de los métodos que utilizan las empresas que la comercializan a mayor escala en todo el mundo), habrán podido notar que la pulpa del coco se prensa con unas máquinas algo rudimentarias, pero eficientes, recogiéndose una prensada pura en la primera pasada (como cuando se logra la primera prensada en frío de los aceites vegetales) y posteriores prensadas a las que se les añade agua para estirarla. De este modo, la primera es la más pura y cremosa de todas ellas. Cuando buscamos reproducir este método de forma casera, la técnica más económica y menos complicada es la que les expliqué anteriormente con la que se obtienen resultados más similares a los de las prensadas posteriores a la primera prensada del método tradicional. Sin embargo, como ya les dije, la leche que obtenemos es sabrosa, refrescante, nutritiva y muy práctica para cocinar con ella.

Como siempre que preparamos leches vegetales, recuerden revolver o mezclar bien toda la bebida antes de servirla porque suele separarse o sedimentar con facilidad, debido a la diferencia de densidades. Esto es normal y no ofrece ningún inconveniente si recordamos mezclar bien antes de servir.




Como han visto, el procedimiento para obtener esta leche vegetal es más complicado de explicar que de realizar en sí mismo :D Sin embargo, por tratarse de un  producto muy sabroso que podemos aprovechar a preparar cuando vemos cocos en la verdulería-frutería o mercado (como en esta época; ya que, por aquí, estamos en verano), vale la pena conservar la receta e intentarla porque no es nada difícil y resulta muy económica en comparación con la que compramos. En otra ocasión, prometo enseñarles a realizar la misma leche pero con coco deshidratado o en escamas que podemos conseguir durante todo el año ;)

Les deseo una hermosa semana. ¡Pásenla muy bien, disfruten con sus seres queridos y experimenten en la cocina!

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas

lunes, 4 de enero de 2016

Rosca de Reyes enroscada para recibir el 2016 con muchas ilusiones

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Cómo han pasado las fiestas? Espero que muy bien, acompañados de las personas que aman, disfrutando de la buena compañía (y de la buena mesa, claro está...). Pues, por aquí, hubo de todo un poco: muchas reuniones, mucha comida y mucho calor (con algunos cortes en el suministro eléctrico incluidos, como cada vez que hace mucho calor), además de gran cantidad de evacuados en la zona del litoral-Mesopotamia argentina como consecuencia de terribles inundaciones que produjo nuestro amigo "El Niño" (a quien ya conocen muy bien en el mundo entero porque ha venido afectado el clima de aquí y de allí durante todo el 2015 y, según indican los especialistas, también en parte de este año que recién inicia). De modo que muchos de nosotros disfrutamos de las reuniones familiares y de la  buena mesa, mientras otros la pasaron como pudieron y agradeciendo por estar vivos... 

Como lejos estoy de buscar deprimirlos con manchones de realidad porque este blog no pretende ser más que un humilde espacio de cocina y no una tribuna de oratoria (aunque, en ocasiones, las cosas que pasan en el mundo entero me sobrepasan y las siento como una patada en el estómago que me impulsa a alzar la voz...), aquí les traigo mi propuesta de Rosca de Reyes (basada en una receta de la cocinera argentina, Narda Lepes) para arrancar este 2016 y, al mismo tiempo, dar cierre oficial a la cocina de Navidad-fiestas de fin de año.




Se trata de una receta bastante sencilla, a la vez que muy vistosa (tanto que decidí dejarla a cara lavada, sin glasé ni chocolate, ni azúcar impalpable/glas, ni nada) y con un sabor tan delicado y exquisito que invita a seguir hincándole el diente. ¡Bah!... Que es una perdición hecha y derecha, y que uno se come hasta las migas porque no concibe que se queden allí, en el plato Jajaja ;)

¿Me acompañan a prepararla? Aquí les dejo el listado de ingredientes.




Lo primero es lo primero: En un bol mezclá 50 gramos de levadura fresca desmenuzada con 1 taza de leche tibia (temperatura como para darle la mamadera a un bebé), 100 gramos de harina 0000 y 1 cucharada de azúcar (puede ser integral o común). Dejá que la mezcla descanse por unos 10 minutos, tapada con papel film y ubicada en un lugar cálido, alejada de las corrientes de aire. Pasado ese tiempo, obtendrás algo parecido a lo de la foto de aquí abajo.




Mientras el fermento se forma, en un bol de buenas proporciones disponé 500 gramos de harina 0000 junto con 400 gramos de harina integral fina y una pizca de sal, previamente tamizadas. Formá un volcán en el centro y, allí, ubicá 4 huevos (pastoriles/orgánicos/ecológicos), 300 cc. de leche tibia, 1 cucharada de extracto de vainilla y 300 gramos de azúcar integral/mascabo (podés utilizar azúcar común; pero, en ese caso, la masa no tendrá ese hermoso color caramelo).




Cuando la espuma-fermento ya esté formada, volcala en el centro y comenzá a unir todos los ingredientes desde allí hacia afuera, tomando de a poco las harinas y mezclando muy bien.

Luego, añadí 200 gramos de manteca/mantequilla pomada y terminá de formar el bollo, ayudándote con un cornet/espátula de panadería. Para ello, es muy probable que necesites harina extra (la cantidad  dependerá del tamaño de los huevos que utilizaste, la astringencia de las harinas, la humedad del azúcar integral/mascabo, la humedad ambiente y la altitud del lugar en el que te encuentres). En mi caso, debí utilizar unos 300 gramos extra; en tu caso, puede que no requiera tanta harina, pero es importante que vayas incorporándola de a poco, si y solo si la masa lo pide. Deberá quedarte un bollo suave, muy maleable y nada pesado.




Dividí el bollo obtenido en 2 partes más o menos parejas (Es que no te comenté antes. ¡Qué cabeza la mía! Con estas cantidades podrás obtener 2 regias roscas para compartir y regalar) y dales forma de cilindro.

Luego, disponé cada uno de ellos sobre una placa para horno espolvoreada con harina y cubrilos con papel film. Dejalos en un lugar al abrigo del frío y de las corrientes de aire hasta que dupliquen su volumen.




Mientras tanto, prepará el relleno. Yo elegí la opción que aquí te muestro, pero podés hacerle los cambios que más te gusten.

En un bol, mezclá un total de 250 gramos de frutos secos molidos y de fruta picada (en mi caso, nueces, almendras y castañas de cajú/anacardos molidos, y pasas rubias y cerezas escarchadas en trocitos, más un generoso puñado de chips de chocolate) junto con 150 gramos de azúcar negra/morena y 100 gramos de manteca pomada. Con esto prepará  una pasta que dejarás descansar hasta el momento de utilizarla a temperatura ambiente, fuera de la heladera/nevera/refrigerador.




Una vez que los cilindros de masa descansaron y duplicaron su tamaño (como el de la foto de aquí arriba), de a uno por vez, los disponés sobre mesa enharinada y los estirás con palote/rodillo hasta dejarlos de algunos milímetros de espesor. 

Luego, cortá los bordes (después te cuento qué podés hacer con los retazos de masa que te quedarán) para formar rectángulos parejos. Por encima, ayudándote con una espátula, distribuí la pasta de relleno que habías reservado.




Enrollá la masa cuidadosamente, ejerciendo una ligera presión para que quede bien atrapado el relleno y no se formen burbujas de aire, y cortá las puntas si es que quedaron desparejas.

Ahora, dale forma de rosca, uniendo ambos extremos del cilindro. No te preocupes por disimular la unión entre ambas partes porque, más adelante, nos ocuparemos de ese asunto.

Ubicá la rosca sobre una placa enmantecada, cubrila con papel film y llevala a la heladera/nevera/refrigerador por unos 30 minutos.

Repetí la operación con el otro cilindro de masa.




Una vez pasado ese tiempo, ayudándote con un cuchillo bien afilado, realizá cortes (empezando por el lugar donde se unen ambos extremos del arrollado de masa; por eso, no era necesario que te preocuparas por disimular la unión de ambas partes) cada 2 dedos de distancia el uno del otro, cortando desde arriba hacia abajo hasta tocar la placa, pero sin llegar al extremo interior del rollo (como puede verse en la siguiente fotografía). De este modo, los cortes quedarán unidos a la rosca por un cordón de masa.




Con cuidado, tomá cada porción de rosca cortada y girala ligeramente hacia arriba, dejando ver parte del relleno y montándola sobre la porción siguiente. De esta manera, al dar toda la vuelta, lograrás realizar la rosca, disimulando la unión de sus extremos ;)

Una vez terminado el trabajo con ambas roscas, dejalas descansar hasta que dupliquen su volumen. Entonces, pintalas cuidadosamente (evitando tocar el relleno) con la mezcla de 1 huevo y 1 cucharada de leche batidos.





Cociná en horno precalentado a 170° C durante 30-35 minutos o hasta que la masa tome un bonito color dorado.

Una vez fuera del horno, dejá que enfríen antes de desmoldarlas porque la masa es muy tierna y frágil. Si lo deseás, podés decorarlas con glaseado de naranja, limón, lima, mandarina o vainilla, con hilos de chocolate negro o blanco, o con azúcar impalpable/glas... Sin embargo, como ya les dije antes, me parece tan atractiva así, a cara lavada, que no quise añadirle nada.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Si lo prefieren, pueden realizar la masa sólo con harina integral fina o con harina 0000. De igual modo, tanto para el endulzado de la rosca como para preparar el relleno pueden utilizar azúcar común.

Otras opciones de relleno pueden incluir pasta de chocolate y avellanas, fruta escarchada o abrillantada, sólo frutos secos molidos con manteca y azúcar, mermelada de frutos rojos, una crema pastelera de vainilla o de chocolate con mucho cuerpo y espesa... En fin, dejen volar la imaginación con sus sabores preferidos.

El propósito de hacer descansar la rosca en la heladera/nevera/refrigerador antes de realizarle los cortes es para que la masa (que contiene abundante cantidad de manteca/mantequilla) no pierda la forma y se desarme toda cuando la llevemos al horno.

Antes les dije que les indicaría qué podemos hacer con los recortes de masa que nos quedaron al armar las roscas (¡Porque nada se tira; todo se recicla!). Pues bien, los amasan un poquito para unirlos (no importa si algunos tienen relleno y otros no), forman un bollo o algunos bollitos, según prefieran, y los distribuyen en moldes pequeños de pan dulce/panettone (también pueden ser moldes de muffins o de pastelitos, respetando las cantidades porque la masa crecerá). Los dejan duplicar el volumen en un lugar cálido y los hornean a la misma temperatura que a las roscas. No les llevarán más de 30-35 minutos (incluso menos, dependiendo de su tamaño). Después, pueden comerlos, regalarlos o reciclarlos, preparando budín de pan o torrejas/torrijas con ellos ;)




Como pueden ver, con poca dedicación y no demasiado tiempo, les quedarán dos roscas muy vistosas, de exquisito sabor y con una masa muy suave, bien alveolada, con vetas de relleno que grita ¡Comeme ahora mismo! Jajaja :D

Les garantizo que con esta rosca atraerán a los Reyes Magos que visitarán encantados sus hogares si les dejan, además de algo de alimento y agua para los camellos, una generosa porción para que la coman en el camino.




No quiero despedirme de ustedes en esta primera publicación del año sin desearles lo mejor para este 2016 que todavía está en pañales: Espero que cada uno de ustedes sea capaz de descubrir y explorar sus potenciales, que encuentren planes, proyectos, propósitos y metas para perseguir y que con el corazón las abracen para construir, día a día, su futuro soñado. De corazón deseo que cada uno de nosotros seamos capaces de - con nuestro pequeño grano de arena y nuestro compromiso - construir sociedades más generosas, más abiertas al diálogo, la paz, la convivencia y el enriquecimiento a partir del respeto de nuestras diferencias y la unión de nuestras concordancias. Que los deseos de paz no queden como las frases de cliché de las concursantes a Miss Universo sino que trabajemos para que sea posible, no importa en qué lugar del mundo estemos o a qué nos dediquemos. Que la salud nos acompañe para disfrutar de nuestros afectos, nuestros seres queridos y amigos para seguir creciendo junto a ellos, descubriendo nuevas cosas y maravillándonos con ojos de niños. Que tengamos la capacidad de agradecer más por lo que tenemos, lo que somos capaces de generar, lo que nuestra fuerza nos permite hacer y menos quejosos por lo que nos falta, teniendo la grandeza de corazón de admitir cuántos están mucho peor que nosotros y brindándole la mano a todo aquel a quien podamos ayudar... En fin, quiero desearles un año pleno de amor, alegría, capacidad para afrontar los malos ratos y para disfrutar de las pequeñas dichas cotidianas, salud, trabajo y solidaridad.




Espero que mi propuesta de Rosca de Reyes les haya gustado lo suficiente como para tentarlos a prepararla. Verán que, si la hacen, quedarán muy satisfechos porque es muy-muy sabrosa y delicada.

A partir de la semana próxima volvemos a las habituales publicaciones del día jueves. ¡Los espero! Mientras tanto, disfruten de la vida junto a sus seres queridos, pásenla muy bien y no dejen de experimentar en la cocina ;)


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Magical Scraps Galore!/ Meagan's Creations/ Raspberry Road Design/ Digital Scrapbooking Designs by Laura Banasiak/ Bouquet Garni Recetas