viernes, 28 de agosto de 2015

Guiso verde de cebada y garbanzos

Se nos está terminando el invierno por estos lares del planeta y, la verdad es que con este asunto de "El Niño" (léase, Fenómeno climatológico conocido como El Niño-oscilación Sur (ENOS o ENSO). Si quieren conocer más info sobre el tema, aquí pueden encontrar bastante), ha sido una estación de lo más peculiar: pocos días de mucho frío, muchos días de lluvia y lluvia mañana-tarde-noche, sin ver un rayo del sol y sintiéndonos más british que un londinense, y algunos días con máximas de primavera-que-se-va-acercando-al-verano... Entonces, los platos de cuchara no han tenido tanta salida como en otros años. Sin embargo, no vamos a abandonar el invierno sin presentar al menos un rico guiso/guisado (o cazuela) de cereales, verduras y legumbres. Porque sí, porque nos gusta, porque nos hace bien y nos caldea la pancita junto con el corazón ;)




Hoy les propongo que preparemos un Guiso verde (porque básicamente utilizamos vegetales de ese color) bien gustoso, sencillísimo, con ricos garbanzos y con una cebada perlada de lo más sabrosa. Aquí, los ingredientes.




¿Comenzamos con la receta? Lo primero es lo primero: Poné a remojar durante unas 3 horas 2 y 1/2 pocillos de café (la clásica medida de madres y abuelas para tomar las porciones de arroz. Ahora, si querés ponerte quisquilloso, te diré que se trata de unos 260 gramos, aproximadamente) de cebada perlada limpia. 

Pasado ese tiempo, rehogá en 1 cucharada de aceite de coco (o el que más te guste) 1 cebolla cortada en brunoise y 3 puerros/porros/ajoporros cortados en rueditas. Sazoná con sal, pimienta recién molida y nuez moscada recién molida. Una vez que la cebolla transparente, añadí la cebada perlada escurrida para que se nacre. Revolvé con una cuchara de madera para que no se queme y, pasados unos minutos, añadí caldo de verduras/vegetales (si es casero, mucho mejor). ¿Cuánto? Para cubrir toda la verdura y la cebada (y un poquitín más).




Dejá cocinar hasta que la cebada comience a sentirse más blanda; para ello, incorporá caldo cada vez que la preparación lo requiera (¡Ojo! No tiene que ser una sopa; sólo debe quedar cubierta la cebada por 1 dedo o un poquito más de caldo mientras esté cociéndose, como cuando preparamos un risotto). En ese momento, agregá 500 gramos de espinaca congelada y 400 gramos de brócoli congelado (ambas verduras pueden usarse frescas; en ese caso, lavalas muy bien y cortalas en trozos para que se cocinen mejor y para que puedan servirse con mayor facilidad). Rectificá la sazón y agregá 1 cucharadita de cúrcuma y 1 cucharadita de queso vegetal (en su lugar, podés utilizar cualquier condimento que te guste).



Por último, cuando ya la cebada esté prácticamente lista, incorporá 1 taza de garbanzos cocidos. Dejá que todos los sabores se amalgamen y complementen. Entonces, añadí 1 taza de queso rallado (Parmesano, Provolone, Manchego, Reggianito...) y 1 nuez de aceite de coco (o de manteca/mantequilla). Revolvé y dejá que descanse por unos minutos antes de servir. Listo... ¡A disfrutar de un plato muy sencillo, pero d-e-l-i-c-i-o-s-o!




Algunas observaciones y recomendaciones finales: El nacrado es una técnica que consiste en la cocción de los granos de arroz (o cebada) en un medio graso (puede ser aceite, manteca/mantequilla o grasa), junto a las verduras básicas con que se inicia todo salteado o guiso/guisado (cebollas, puerros/porro/ajoporro, ajos, pimientos, zanahorias), por algunos pocos minutos, con el propósito de que el grano mantenga su forma y suelte su almidón.

La cebada perlada de la receta puede reemplazarse por arroz integral, arroz blanco o trigo sarraceno. De igual modo, los garbanzos pueden sustituirse por las legumbres de su preferencia (lentejas o porotos/frijoles en cualquiera de sus variedades, arvejas/guisantes/chícharos, habas...).

Recuerden que el consumo de cereales junto con legumbres resulta de lo más beneficioso para las dietas vegetarianas y veganas, ya que la unión de dichos grupos de alimentos proporciona una proteína de alto valor biológico. Además, es ideal consumir legumbres (en este caso, los garbanzos) con verduras de hojas verdes (las espinacas, por ejemplo), en lugar de vegetales ricos en almidón - porque los garbanzos ya contienen -, favoreciendo así la digestión.




Entretanto, es importante resaltar que los garbanzos son ricos en vitaminas (A, B1 o tiamina, B2 o riboflavina, B3 o niacina, B6 o piridoxina, C, E y K), minerales (calcio, magnesio, hierro, sodio, fósforo, zinc y potasio) y fibra. Por ello, contribuyen a protegernos del colesterol "malo", reducen nuestros niveles de azúcar en sangre y aseguran una correcta función intestinal. Además, ayudan a regular la presión arterial, la circulación en general y a mantener las defensas de nuestro organismo altas. 

Para cocinar los garbanzos conviene dejarlos en remojo en agua fría (para que no pierdan vitaminas) por algunas horas (no menos de 8 horas y no más de 10-12 horas para que no se eliminen sus propiedades nutricionales). Esto ayudará a acelerar el tiempo de cocción, rehidratando las semillas secas y reduciendo la cantidad de oligosacáridos que contienen (culpables de producirnos molestias  en los intestinos). El agua de la cocción deberá estar caliente para que no queden duros e incomibles; esto también se aplica para el agua que pueda requerir durante este proceso. Es decir, si necesitaran más líquido durante su cocción, éste deberá estar caliente para no reducir la temperatura de cocción de las legumbres.




Ya ven que por tratarse de un plato bien sencillo no descuidamos ni un segundo las premisas de sabor y nutrición que siempre nos ocupan. Es que este guiso/guisado es muy sabroso, nutritivo y muy fácil de preparar. La verdad es que no hay excusas para no realizarlo porque es una manera bien gustosa de incorporar cebada perlada en nuestra dieta.

Pruébenlo y después me cuenta qué les ha parecido. Estoy segura que quedarán encantados ;) Nos reencontramos la semana que viene. ¡Pásenla muy bien, disfruten de la vida junto a sus seres amados y experimenten en la cocina!


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas

jueves, 20 de agosto de 2015

Vegetales asados con cous-cous y huevo

La receta que les propongo esta semana se ha vuelto un clásico en mi mesa desde la primera vez que se la presenté a mi familia. Es de esas preparaciones que una tiene que servir sin decir de qué se trata, sin permitir especulaciones de ninguna naturaleza para que sea el paladar quien dicte veredicto... Y, en casa, desde entonces, cuando pasa alguna semana que no la preparo comienzan a preguntar por qué y a reclamar por ella ;)

Verán, es que tiene muchos pros y pocos contras: Es un plato rendidor, gustoso, completo por donde se lo mire, que nos permite jugar con los vegetales que tenemos en casa, con muchos nutrientes y mucho sabor.




Dos de los tres ingredientes principales (me refiero a las hortalizas y los huevos) nos ofrecen la posibilidad de jugar con la receta e ir cambiándola cada vez que la preparamos, de acuerdo a la disponibilidad de la estación en la que nos encontremos o de nuestra provisión de verduras ;) Además, en cuanto a la presentación, podemos mezclar todo antes de servirlo, logrando un plato más familiar o podemos prepararlo más elegante, en pisos y por capas, digno de cena con amigos-invitados-y hasta más formal.




¿Comenzamos con los vegetales? Pues, el truco de toda esta parte de la receta está en tratar de reunir la mayor variedad de hortalizas que se puedan hornear y cortarlas a todas de un tamaño parecido para que se cocinen parejas y al mismo tiempo.

Entonces, en una asadera colocá 1-2 cebollas (pueden ser criollas, blancas, moradas; las que tengas a mano, las que consigas...) peladas y cortadas en octavos. Además cortá en trozos de igual tamaño 1/2 ají/pimiento rojo, 1/2 ají/pimiento amarillo y 1/2 ají/pimiento verde. Entretanto, hacé lo propio con 2 zucchinis (pueden ser, en su lugar, zapallitos redondos), 200 gramos de hongos Portobello (o cualquier otra variedad de setas) y un trozo (2-3 rodajas del grosor de un dedo) de calabaza/anco.




Para aderezar los vegetales, colocá en una taza o cuenco aceite neutro (de coco, girasol, maíz...) en cantidad proporcional a los vegetales (hay que lograr embeber bien las verduras, pero no debe quedar aceite como para que se frían durante el horneado). Añadí sal, pimienta recién molida, orégano, pimentón dulce ahumado, nuez moscada recién molida y estragón

Mezclá bien para integrar y rociá el aliño sobre las verduras; entonces, valiéndote de las manos, impregná muy bien todas las piezas para que se doren parejas y tomen buen sabor. Cociná en horno fuerte - dándolas vuelta de vez en cuando - hasta que estén tiernas, doradas por fuera y cremosas por dentro. Reservá calientes o tibias.




Cuando ya casi estén cocidos los vegetales, en una olla poné a hervir el doble de cantidad de agua potable que de cous-cous que vayas a utilizar en la receta (en mi caso, por ejemplo, utilizo 500 gramos de agua - sí, leíste bien g-r-a-m-o-s, no centímetros cúbicos - porque preparo 250 gramos de cous-cous). Al agua (en su lugar podés utilizar caldo de vegetales; si es casero, mejor), añadile 1 cucharada de cúrcuma, 1 cucharada de queso vegano (o del condimento que más te guste), sal, pimienta recién molida, 1 cucharada de puerro deshidratado, 1 cucharada de cebolla de verdeo deshidratada y nuez moscada recién molida.

En el momento en que rompe el hervor, echá el cous-cous en forma de lluvia y revolvé por algunos segundos. Apartá del fuego y, con la olla tapada, dejá que se hidrate por unos 5 minutos. Luego de eso (verás que ya no queda nada de líquido), incorporá una nuez de aceite de coco (puede ser de manteca o un chorrito del aceite de tu preferencia) y revolvé nuevamente para evitar que se apelmace. Entonces, rectificá la sazón si fuera necesario. Reservá y mantené caliente o tibio.




Por último - ya cuando casi todo está listo - el optativo de la propuesta: un huevo por porción (de campo/ecológico/pastoril), cocido en sartén con superficie antiadherente y 0 (cero) materia grasa. Sí, sin aceite en aerosol o líquido, manteca o cualquiera otra materia grasa porque con la superficie antiadherente alcanza y sobra para obtener un huevo cocido, sabroso y jugoso que puede o no (según tus ganas, la dieta o la disponibilidad) coronar el plato entero.




Armado y presentación: Para que quede más coqueto-glamoroso-de restaurante, podés colocar una base de cous-cous bien apretadido con una cintura metálica o molde para darle forma; encima, un regio colchón de vegetales asados y, por último, un huevo cocido en cintura de metal para que mantenga la misma proporción y diámetro que el resto de los integrantes de la porción.

Eso no quita que pueda servirse del modo que más te guste (ya te digo, lo monté así porque me gusta cómo queda presentado), con o sin huevo, todo integrado o bien separado... El sabor será el mismo y gustará a rabiar porque es una receta exquisita que se complementa muy bien (en sabor, texturas y grupos alimentarios) con cada uno de los ingredientes.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Una de las claves fundamentales de esta receta es el cous-cous. Elijan uno que sea de calidad probada (yo compro uno marroquí que me resulta de mil maravillas). Como ya les digo, existen distintas calidades de molienda y algunos vienen pre-cocidos mientras que otros no. En general, las proporciones correctas para lograr una cocción ideal son 2 partes de líquido por cada parte de cous-cous (es decir: si utilizo 1 taza de cous-cous, lo cocino en 2 tazas de agua o caldo).

Otro detalle fundamental es condimentarlo o sazonarlo con sabores que lo nutran, ya que, por sí mismo, el cous-cous no tiene gran sabor. Lo bueno es que al momento de cocerlo nos permite añadirle especias, vegetales (deshidratados o frescos), hierbas y condimentos que le aportarán sazón y enriquecerán nuestra receta. El cous-cous puede condimentarse como más les guste: con curry, Garam Masala, pimentón dulce, páprika, azafrán...

Sin embargo, si el cous-cous no es de su agrado, pueden reemplazarlo por trigo sarraceno, quinua/quinoa, arroz integral, cebada, maíz/polenta...

De igual modo, esta manera de preparar vegetales asados les permite obtener un plato en sí mismo o una guarnición deliciosa para acompañar hamburguesas vegetales, legumbres, ensaladas de hoja... A propósito, en esta receta pueden incluir también zanahorias, batatas, berenjenas, puerros, tomates cherry rojos o amarillos y cualquier vegetal que tengan en casa siempre que soporte la cocción directa al horno (sin morir en el intento).

Si lo desean, pueden reemplazar las proteínas del huevo por las legumbres que, unidas a los granos de la receta, lograrán una proteína vegetal completa.

El queso vegano/vegetal que utilizo en la receta es una preparación molida hasta casi obtener un polvo grueso que reúne vegetales deshidratados, especias, algas, semillas y condimentos (semillas de girasol y zapallo, levadura nutricional, algas espirulina y kelp, cúrcuma, pimentón, salvia, romero, orégano, perejil, apio, zanahoria, cebolla y espinaca). Es optativo y pueden reemplazarlo por el queso vegano o vegetal que consigan, por los condimentos que antes les mencioné, o pueden omitirlo sin modificar irremediablemente la receta.

Por último, un dato interesante sobre una de las estrellas de esta receta: El cous-cous o cuscús (antiguamente llamado alcuzcuz, cuyo significado en árabe es "la comida" por tratarse del alimento principal) es, ni más ni menos, que la sémola de trigo duro molida que no se ha convertido en harina - aunque en la antigüedad se preparaba a base de migas de pan -. Se trata de un plato típico del norte de África (el Magreb o "lugar por donde se pone el sol") que suele comerse acompañado de vegetales guisados, con garbanzos o legumbres, cordero, pollo o conejo, según en qué país se prepare. Gracias a la influencia morisca en España, se tiene conocimiento de este plato desde el siglo XIII e, incluso, se guarda registro de una preparación con estas características en una carta fechada en 1630 por un viajero que recorría la Provenza francesa.




De sabor delicado y suave, con una textura cremosa, bien perfumada y plena de nutrientes, esta receta es ideal para acercar el cous-cous a tu familia si nunca antes lo han probado. ¡Les encantará! Estoy segura... Acompañado por variedad de vegetales y coronado con un huevo-cero-materia-grasa no tiene nada que envidiarle a las versiones más contundentes con carnes y salsas.

Prúebenlo y me cuentan qué les ha parecido. Estoy segura que, como en mi casa, todo mundo quedará feliz y contento.

Nos reencontramos la semana que viene. ¡Pásenla muy bien, disfruten de la vida junto a sus seres amados y experimenten en la cocina!


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas

jueves, 13 de agosto de 2015

Gratin de coliflor y champiñones

No sé si ya se los he contado antes, pero la coliflor es una de mis hortalizas preferidas. Sé que a mucha gente la condiciona el tema de los aromas que quedan flotando por la casa cuando se la cocina; por ello, no la incluyen con frecuencia en sus dietas. Digan la verdad, muchos no la preparan por esta razón, ¿cierto? Pues bien, este asunto se puede resolver con algunas prácticas adecuadas de cocción. A saber: El método ideal para cocerla es al vapor o en olla a presión y por pocos minutos porque allí - en el tiempo, justamente - radica todo el asunto del mal olor. Cuando sobre cocemos la coliflor, la exponemos a altas temperaturas por un tiempo prolongado lo que, en contacto con el agua caliente, genera la liberación de los compuestos azufrados (isotiocionatos) que forman las flores de esta verdura y que, en crudo, son inodoros. Cuanto más tiempo la cocinamos, más sulfuros liberamos. Entonces, con cocciones rápidas, de pocos minutos, nos salvamos del mal olor querendón, no perdemos nutrientes por el camino y la coliflor nos cae mejor, incluso.

Dicho todo esto, quiero presentarles la receta de esta semana: un Gratin (o gratinado) de coliflor y champiñones que los dejará enamorados (Y miren que hay que enamorarse de la coliflor que, pobrecita, tiene tanta mala prensa con eso de los aromas que produce...). En casa nos encanta comerla de esta manera porque, la verdad sea dicha, queda exquisita y gusta tanto a los grandes como a los pequeños.




Aquí está el listado de ingredientes (ya ven que no son muchos y que, seguramente, los tienen en casa) para preparar esta receta con la que van a poder lucirse ante su familia, conquistándoles el corazón y el estómago.




¿Vamos a la receta? Cociná unos 600 gramos de coliflor al vapor o en olla a presión. Reservá. Aparte, rehogá en 1 cucharada de aceite de coco (o el de tu preferencia) una cebolla picada junto con 1/4 de pimiento rojo picado. Añadí 200 gramos de champiñones de París feteados y condimentá con sal, pimienta, nuez moscada, orégano y 1 cucharadita de queso vegano (en mi caso, está compuesto por semillas de girasol y calabaza, algas espirulina y kelp, cúrcuma, pimentón, levadura nutricional, orégano, perejil, romero, y algunos vegetales deshidratados: zanahoria, apio, espinaca y cebolla).




Recordá no estar revolviendo constantemente para que los hongos se cocinen sin liberar toda su agua. Así quedarán sabrosos, dorados y conservando sus formas. Luego, incorporá la coliflor cocida que habías reservado y añadí 1 cucharadita de cúrcuma. Mezclá y desarmá en trozos más pequeños las flores de coliflor.




Entonces, agregá a esta preparación 1 taza de leche o caldo vegetal (casero, mucho mejor) en el que disolviste 3 cucharadas de almidón de maíz. Bajá el fuego a mínimo y revolvé hasta obtener una crema. Apagá la hornalla, incorporá un puñado de queso rallado (yo utilicé un rico Parmesano) e integrá bien.

Disponé la preparación en cazuelas o moldes aptos para horno, rociados con rocío vegetal y cubrila con el resto de queso rallado (en total, entre el queso que incorporaste en la mezcla y el que espolvoreaste por encima, debe haber 1 taza).




Llevá a horno fuerte y cociná hasta que se gratine, quedando dorado y crujiente. Disfrutá del sabor de un plato sencillo, gustoso y nutritivo, en pocos pasos y con pocos ingredientes.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: El queso vegano de la receta es prescindible. En mi casa gusta mucho por el sabor que le aporta a los platos, pero pueden no incluirlo o pueden reemplazarlo por especias, hierbas y condimentos de su gusto: un toque de estragón, una pizca de romero o de tomillo, el pimentón dulce o la páprika si prefieren el sabor picante, el Masala/Garam Masala, el curry en cualquiera de sus variantes y las semillas de sésamo, calabaza o girasol ligeramente tostadas y molidas les quedan de mil maravillas a esta preparación. Elijan la combinación que más les guste o diviértanse probando nuevos sabores.

Los champiñones de París pueden reemplazarse por la variedad de hongos/setas que consigan en los comercios o mercados, la que más les agrade o la que se  dé mejor en su región (Portobello, shiitake, girgolas/champiñones ostra...). Con cualquiera de ellas, pese a las variantes de sabor que aportarán a la receta, el plato quedará delicioso sin dudas.




Por su bajo contenido de hidratos de carbono, la coliflor es muy indicada para incluir en dietas hipocalóricas o de control de peso. Además, es una gran fuente de vitaminas A, B, C y K, ácido fólico/folatos, potasio, fósforo, calcio y magnesio. Al mismo tiempo, es un excelente antioxidante, antiinflamatoria (por contener Omega-3 y vitamina K), diurética, depurativa, contribuye a reducir la presión arterial, a proteger el corazón y al cerebro, y a prevenir ciertos tipos de cáncer. Por todo ello, preservando sus nutrientes y exponiéndola a una cocción reducida, es ideal para incluirla en nuestra mesa.




Con una cubierta sabrosa, dorada y crujiente, un corazón cremoso y con mucho sabor, este plato se volverá el preferido de sus familias con sólo probarlo. En casa, como ya les conté, somos fanáticos de la coliflor y, en particular, de esta receta. 

Espero que les guste mi propuesta y que se animen a prepararla porque, estoy segura, les gustará mucho. Nos vemos la semana que viene.  ¡Pásenla muy bien, disfruten de la vida junto a sus seres amados y experimenten en la cocina!

 Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas

jueves, 6 de agosto de 2015

Postre de almendras, dátiles y frutos rojos (sin cocción, sin lácteos, sin huevos, sin grasas animales, sin harinas, sin gelatina)

¡Hola! ¿Cómo han estado todo este tiempo que no asomé ni las narices por estos lados? Espero que muy bien, que hayan disfrutado de su descanso de invierno o de verano, o que, al menos, hayan sido muy felices. Aquí estamos de vuelta al ruedo, después de algunas semanas de descanso, vacaciones, poner la mente a punto, las ideas tranquilas, lograr un estado zen (tan zen que casi sería como flotar en el mismísimo mar de la paz interior y el equilibrio absoluto; léase en tono irónico)... Pero, no. La verdad es que las vacaciones y el descanso tan merecido no resultaron ser todo lo que esperaba-deseaba-anhelaba-necesitaba. ¡Así es la vida! Es que estoy en crisis. No es la crisis de la edad. No, no. Tampoco es la crisis existencial del cliché. Es una de mis tantas crisis. Les explico para que me comprendan mejor: Cada tanto la cabeza (o el corazón, y, en ocasiones, los dos juntos; ésas son las peores crisis) me hace "clácate" y empieza a correrme por todo el cuerpo como un cosquilleo que, tras algunos días de incomodidad y perseverancia, me obliga a prestarle atención. ¡Zas! La crisis se hace presente, porque se conceptualiza, y empieza a inundarlo-cubrirlo todo. 

A esta altura (si no salieron corriendo aún Jajaja), deben estar poniendo cara de no entender nada; deben estar preguntándose si tendré algún descontrol o desbalanceo hormonal+vitamínico por esto de ser vegetariana (con un pie, cada día más, en el veganismo), si me habré insolado o si la falta-abstinencia de redes sociales me tiene a maltraer... Sin embargo, estar-sentirse-saberse en crisis no es nada malo (por lo menos, no lo es para mí). Mi profesor de Historia de la Cultura (una de mis materias preferidas de mi carrera en la facultad), un hombre que nos hizo abrir la cabeza y reflexionar sobre mil cosas con una capacidad, conocimiento y sabiduría enormes, siempre decía: "La crisis es el motor del cambio" y esa letanía me persigue (les diría que, incluso, antes de conocerla Jajajaja). La crisis para mí es un gran motor que me permite dibujar oportunidades, corregir el destino que está llevando mi GPS interno, permitirme dudar, cuestionar y debatir sobre asuntos desde efímeros y triviales hasta los más profundos y serios. En ese camino estoy en este momento. No sé hacia dónde me llevará, ni cuáles serán las conclusiones-definiciones-alternativas que surgirán al atravesarla... 




Eso sí, mi relación con la cocina y el mundo de las recetas no está en crisis en absoluto, y tampoco lo estuvo durante estas vacaciones (momento en el que aproveché para perfeccionar-desarrollar-trabajar en algunas recetas e ideas nuevas que iré presentándoles en esta segunda mitad de año). Por eso, dejo de contarles y enrollarlos con mis cosas Jajaja ;) y voy directamente a presentarles la receta de esta semana: Me despedí con una preparación dulce y, creo, que lo mejor para darles la bienvenida será otra receta dulce (¡Ah, sí! Aquí nos damos los gustos a todo lo grande Jajajaja). En esta ocasión, se trata de un postre exquisito, bien cremoso y muy fácil, que no necesita cocción y que - como les anuncio en el título - no contiene lácteos, ni huevos, ni grasas animales. Sólo un poquito de trabajo, que tampoco es mucho, y a disfrutarlo (porque dura poco; yo sé lo que les digo).

Es sano, muy sabroso, se prepara bastante rápido (aunque tiene algunos pequeños pasos previos antes de meter mano en la preparación propiamente dicha), también tiene algo de magia química (¡Tranquilos! De la sana) y cuando nos queremos dar cuenta, llevamos a la mesa un señor postre con poquitos ingredientes. ¿Nada mal, cierto? ;) La receta está basada en el Pastel de frutos rojos y chía, presentado en Mamá bio.




Unas 4-5 horas antes de comenzar con la receta propiamente dicha, poné en remojo en agua potable unos 200 gramos de almendras con piel. Hacé lo propio con 200 gramos de dátiles deshidratados y sin huesos, pero en un rico sin azúcar ni endulzante (yo utilicé Earl Grey porque me encanta el perfume y sabor a bergamota que aporta a las preparaciones). Eso sí, no es necesario que remojes los dátiles por tanto tiempo; con 40-60 minutos estará muy bien. 

Luego de ese período, escurrí los dátiles, cortalos en trozos y reservalos. Entretanto, hacé lo propio con las almendras, enjuagándolas y colocándolas (sin líquido alguno) en la procesadora, mixer o minipimer. Agregá los dátiles y procesá hasta obtener una mezcla o pasta más o menos consistente. Volcala en un molde apto para heladera/nevera/refrigerador haciendo presión con el envés de una cuchara o con una espátula para que quede una capa lo más compacta posible (como cuando hacemos la base de una cheesecake/tarta de queso, con la salvedad de que, en este caso, no se trata de una mezcla sólida como lo es el polvo de las galletas molidas). Luego, cubrí el molde con papel film (para evitar cualquier contaminación) y llevalo al frío por unas 2-3 horas.




Una vez que la primera capa (o capa base) del postre tomó suficiente frío, comenzá con la segunda: la cobertura de esta preparación. Para ello, colocá en el vaso de la minipimer, en la procesadora de alimentos o en la licuadora unos 400 gramos de frutos rojos descongelados o frescos bien escurridos (en mi caso, utilicé arándanos y frambuesas). Procesá hasta obtener una crema y añadí 4 cucharadas de semillas de chía y 3 cucharadas de semillas de amaranto

Mezclá bien para integrar las frutas y las semillas, y dejá en reposo unos 5-10 minutos.




En ese tiempo, se producirá la magia: La crema de frutas y semillas se transformará en una preparación gelatinosa, algo densa, con cuerpo, bien cremosa. Entonces, agregale 3 cucharadas de arrope de chañar (puede ser miel de maple, de abejas, de caña, de agave, arrope de tuna, de miel, uva...), mezclá bien y volcá sobre la base de dátiles y almendras ya fría, dejándola lo más pareja posible, generando, así, dos capas bien definidas en colores y apariencias (como si fuera una cheesecake).




Llevá nuevamente al frío (cubierto con papel film) por, al menos, 12 horas más. Lo ideal es preparar el postre y dejarlo descansar de un día para otro antes de servirlo, acompañado con una bocha de helado de crema (puede ser vegano o el de tu preferencia). 

Mantené el postre en la heladera/nevera/refrigerador hasta el momento de servir. Esto garantizará que quede con la textura ideal: cremoso, pero bien sostenido y fresco.





Algunas observaciones y recomendaciones finales: Para realizar esta receta, se puede emplear cualquier fruta de estación o congelada que deseen. Para ello, sólo deberán lavarlas muy bien y cortarlas en trozos, sin carozos/huesos, pieles/cáscaras ni semillas (en caso de ser frescas) o descongelarlas y escurrirlas muy bien (en caso de estar congeladas).

Como ya indiqué, el arrope de chañar (reemplazo ideal como endulzante, típico del Noroeste de mi país) puede reemplazarse por el arrope que más les guste (de tuna, miel, uva...) o la miel (vegetal o animal) de su preferencia (miel de maple, de maíz, de caña, de agave...).

Las almendras de la capa base del postre pueden sustituirse por castañas de cajú/anacardos. Sólo recuerden activarlas, poniéndolas en remojo del mismo modo que con las almendras.

Para acelerar los procesos, pueden llevar el postre al freezer. Pero, para mantenerlo antes de servir, lo ideal es dejarlo en la heladera/nevera/refrigerador. 

El helado de crema puede sustituirse por helado de vainilla, crema americana o de mascarpone, crema de leche (o vegana) batida o yogur griego. Si utilizan sólo frambuesas o frutillas (o una mezcla de ambas frutas) también pueden acompañar con helado de chocolate o de vainilla granizado (con pedacitos de chocolate).




Por último, les recuerdo que las semillas de chía contienen 2 veces más potasio que las bananas/plátanos, 3 veces más hierro que las espinacas, 2 veces más proteínas que otras semillas, 3 veces más antioxidantes que los arándanos y 5 veces más calcio que la leche. Además, contienen manganeso (que contribuye en nuestro metabolismo, incrementando el colesterol "bueno", conservando nuestros huesos, y cuidando nuestras funciones cerebrales y nerviosas), cobre (que ayuda en la formación de glóbulos rojos y a fortalecer nuestro sistema inmunológico), niacina (o vitamina B3, que contribuye a reducir el colesterol "malo"), zinc (que mejora el sistema inmunológico, es un gran antioxidante y ayuda a la absorción de nutrientes) y boro (que previene la osteoporosis y contribuye a mantener la salud de nuestros huesos). Asimismo, son la mayor fuente vegetal de Omega-3 que favorece y fortalece nuestro corazón. 




La capacidad de absorber humedad/agua de las semillas de chía, a causa de su fibra soluble, es el recurso secreto para generar magia en esta receta, convirtiendo en una sustancia gelatinosa a la mezcla de fruta procesada que ponemos en contacto, por algunos minutos, con ellas. De este modo, no es necesario utilizar gelatina o agar-agar para obtener un postre de frutas sostenido, a la vez que cremoso.




En definitiva, la propuesta de hoy es realizar un postre delicioso, que se deshace en la boca, con algo de crujiente aportado por las semillas de amaranto (que también se lucen con su color), no muy dulce (bueno, con el dulzor justo, ni mucho ni poco) y muy sencillo. Sin cocción, sin lácteos, sin grasas animales, ni huevos. Ideal para dar cierre a cualquier comida (incluso formal), tanto en verano como en invierno; para sorprender a todo tipo de comensales, porque es de esas recetas de dar a comer primero y contar de qué se trata después (para evitar prejuicios o caras raras) porque nadie se le puede resistir ;)




Pruébenlo y me cuentan qué les ha parecido. Nos vemos la semana próxima. ¡Pásenla muy bien, disfruten de la vida junto a sus seres amados y experimenten en la cocina!
 
 Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas



jueves, 2 de julio de 2015

Bombones-bocaditos de cacao (y... Un descanso se lo tiene bien merecido todo mundo)

¿Qué tienen que ver los bombones con el descanso?, se estarán preguntando. Nada y todo, al mismo tiempo... Creo que son una excelente manera de decirles: "Hasta luego, queridos amigos" y convidarlos, hasta que nos volvamos a reencontrar, con algo rico, sano, sencillo (incluso para hacer con los chicos una tarde aburridos, o de fiesta) y crudivegano (que no lleva cocción ni incluye nada animal entre sus ingredientes), para quienes me pedían recetas de este estilo y para quienes se animan a preparar (sin horno y sin mayores complicaciones) unos ricos bombones-bocaditos para acompañar cualquier momento u ocasión.

Vamos con la receta primero (que, para eso, este es un blog de cocina, digo yo...) y con el descanso después, ¿les parece?




Aquí está la lista de ingredientes para que tengan a mano antes de empezar con la receta que les resultará tan, pero tan sencilla que será cosa de repetirla cada vez que tengan deseos de comer algo rico-rico-rico. Al final - como de costumbre - algunos reemplazos, sugerencias y truquitos (que nunca están de más). ¡Ah antes de olvidarme! La idea original de esta preparación, nació vía Skype, en una conversación con Mary, la esposa de mi mejor amigo, quien siempre me hace reír a más no poder, filosofar juntas sobre cuestiones importantes y pasarnos ideas-recetas-trucos-proyectos culinarios como si se tratan de descubrimientos científicos, mientras nos encontramos cómodamente ubicadas en nuestros respectivos hogares a kilómetros y kilómetros de distancia la una de la otra ;) ¡Gracias, amiga!




En el vaso de la procesadora, disponé 150 gramos de dátiles deshidratados (a los que les quitaste sus huesos/carozos y los cortaste en mitades), junto con 2 cucharadas de cacao amargo en polvo, 100 gramos de almendras (con piel), 15 cc. de aceite de coco (o de un aceite neutro), 1 cucharada de café soluble disuelto en agua (en mi caso, descafeinado), 1 cucharadita de extracto de vainilla, 1 cucharadita de canela en polvo, 1 cucharadita de nuez moscada recién molida y 2-3 cucharadas de agua potable.




Triturá o procesá, revolviendo de vez en cuando para integrar la preparación que se va adhiriendo a las paredes del recipiente (fuerza centrífuga mediante, ¿vio?), hasta formar una pasta homogénea. Tal vez, debas procesar algunos minutos más para que esto ocurra o debas añadir algunas gotas más de agua para lograr una textura de pasta compacta y firme.

La masa-pasta no debe quedar pegajosa (o muy pegajosa), pero sí maleable y un poquito húmeda. En ese momento, disponela sobre un papel film y, ayudándote con él, amasala-integrala para darle forma de bollo o rectángulo (lo que te resulte más cómodo). Cubrila por completo, envolviéndola con el mismo papel y dejala descansar en la heladera por, al menos, 30 minutos (incluso, puede ser de un día para otro, sin problema alguno).




Una vez pasado ese tiempo, tomá porciones de la masa-pasta (con las manos bien limpias, por supuesto) y formá unas bolitas-esferitas de tamaño parejo. Podés cubrirlas, haciéndolas rodar por coco deshidratado rallado o chocolate semiamargo rallado, o bañarlas en chocolate semiamargo derretido a baño María/de María. Si lo deseás, podés dejarlas sin ninguna cobertura porque también son exquisitas.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: El aceite de la receta (en mi caso, de coco) puede reemplazarse por cualquier aceite neutro que prefieran (evitando los de sabores más invasivos). Según en qué época del año y lugar del planeta en el que se encuentren, pueden comprar-conseguir aceite de coco en estado líquido (¡Perfecto! Ya pueden utilizarlos en la receta) o en estado sólido al que también llaman manteca de coco (¡No confundir, por favor, con manteca de cacao que es algo totalmente distinto!). En ese caso, sólo será cuestión de poner a derretirlo como si se tratara de manteca de origen animal y ¡Listo!

El cacao amargo de la receta puede ser reemplazado por harina de algarroba. Es una buena oportunidad para utilizarla, enriqueciendo estos bombones-bocaditos con sus propiedades y beneficios nutricionales.

De igual modo, las almendras pueden sustituirse por nueces, nueces Pecan/de Pecan, castañas de cajú/anacardos, maníes, nueces de Macadamia, nueces de Pará/castañas de Pará/nueces de Brasil... Cada una de ellas aportará distintos matices y sabores a la preparación.

El café que incluye la receta puede o no ser descafeinado, una cucharada del café que se preparan a la mañana, batido, espresso o de cápsula... Su función es resaltar el sabor del cacao. Pero, pueden no emplearlo; los bombones-bocaditos estarán riquísimos de cualquier modo.

Pueden reemplazar la nuez moscada recién molida por jengibre en polvo, cardamomo recién molido o semillas de anís molidas. Entretanto, si lo desean - y no van a comer los más pequeños de la casa - pueden incorporar a la mezcla 1 cucharadita de brandy, licor de naranjas, algún licor casero o whisky/whiskey (según sea escocés o irlandés), reemplazando alguna de las cucharadas de agua de la receta.

Recuerden que el chocolate que utilicen para bañar los bombones-bocaditos debe ser de buena calidad y con un alto porcentaje de cacao para no malograr la receta. Si es orgánico, mucho mejor ;)




Estos bomboncitos-bocaditos son ideales para servir cuando tenemos visitas, jugar y cocinar con los chicos (si no los hacen bañados en chocolate - que requieren de la absoluta acción de los mayores para evitar accidentes y situaciones de peligro -, para ellos es como trabajar con cualquiera de las masas con que se divierten a diario haciendo formas; sólo que, en esta ocasión, se comerán y convidarán sus propias delicias "bomboneriles"). Pero, además, nos vienen de mil maravillas cuando realizamos dietas específicas (para incluir algunos nutrientes que no obtenemos por otras vías) o para recuperar fuerzas después de horas de esfuerzos físicos.

Son fáciles, versátiles, divertidos y prácticos de preparar, se conservan por varios días (unos 5-6 seguro, porque hasta allí llegaron en casa...), gustan a todo mundo (y si una no cuenta que son crudiveganos, aplaudirán de pie sin poner cara de "No sé qué es eso, pero desconfío..."), pudiendo ayudarnos a completar y enriquecer con sabores un rico té-café-reunión con amigos, o para hacer un lindo, creativo y delicioso regalo personalizado para alguien a quien queremos sorprender y mimar.




Bueno, ahora llegó la hora de hablarles del descanso. Lo que les voy a decir no es la gran cosa sino, simplemente, que este blog y quien suscribe (más quien suscribe que este blog, para decirles la verdad) nos vamos a tomar todo este mes de julio de descanso porque lo necesitamos... Necesito poner en perspectiva algunas cosas, necesito descansar (estamos en invierno por aquí y se nos avecina una temporada de deportes invernales con muy buenas perspectivas, las montañas y los centros de ski ya tienen buena nieve y estamos deseosos de andar por allí), desplegar algunas ideas que me revolotean por la cabeza, darles forma, ayudar a madurarlas (tal vez, hasta parirlas). Por eso, les digo: "¡Hasta pronto!" (Para ser más precisos, los primeros días de agosto, seguramente). Disfruten del frío o del calor (lo que les toque, según donde vivan y de la mejor manera que puedan). Disfruten de su gente, de sus amores, del descanso, de lo que realizan, de jugar, de divertirse, de equivocarse y de tener razón - de vez en cuando - de cabo a rabo. Disfruten de la vida, con sus seres amados y experimenten en la cocina. ¡Los quiero mucho!

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas 

 

jueves, 25 de junio de 2015

Muffins de bananas, nueces y chocolate (sin huevos, sin crema y sin manteca)

Les propongo una tarde de picnic. No importa si hace frío porque, finalmente, el invierno gritó "Presente" o si hace mucho calor porque el verano se instaló a todo lujo... En algún parque, playa, jardín, borde de pileta/piscina, plaza... encontramos un lugar cómodo bajo los rayos del sol/lejos de los rayos del sol de la tarde y disfrutamos de unos sabrosos muffins caseros que preparamos en un periquete, acompañados por unos ricos mates-cafés-cappucinos/jugos frutales-batidos-smoothies. Así, aquí (hemisferio sur en general, América del Sur en particular) y allí (cualquier parte del hemisferio norte), todo mundo - nunca mejor dicho... Jeje - feliz y contento ;)

Además, esta receta tiene algunos motivos extra para estar felices: no contiene manteca, no contiene huevos, no contiene crema. Eso sí, es puro sabor que se derrite en la boca con trocitos de chocolate incluidos.




No doy más vueltas y les presento los ingredientes para que pongan manos a la masa y me acompañen a preparar estos Muffins de bananas, nueces y chocolate que podrán disfrutar esta misma tarde. Al final de la receta, consejos, sugerencias, reemplazos y tips...




Yo realicé esta preparación en batidora, pero puede hacerse en bol y con batidor de alambre sin ningún inconveniente. ¿Empezamos?

Tamizá 300 gramos de harina integral fina junto con 2 cucharaditas de polvo para hornear, 1 cucharadita de bicarbonato de sodio, 25 gramos de almidón de maíz y 1 cucharadita de canela en polvo.




Disponelos en un bol y añadí 100 gramos de avena arrollada y 225 gramos de azúcar integral/mascabo. Mezclá incorporando bien todos los ingredientes secos y, por último, agregá 250 cc. de aceite neutro (yo utilicé aceite de coco). Reservá




Aparte, mezclá 90 gramos de queso crema/untable (descremado) con 2 bananas maduras hechas puré y 2 cucharaditas de extracto de vainilla. Incorporá esta crema a la mezcla anterior que habías reservado, añadiendo 90 gramos de nueces picadas groseramente y 150 gramos de chips/chispas de chocolate.




Distribuí esta preparación en moldes de muffin (de papel, de silicona, placa para muffins rociada con aceite en aerosol) cubriendo un poquito más que las 2/3 partes del molde (porque algo crecen en el horno).




Llevalos a cocinar en horno precalentado a 180°C por 25-30 minutos o hasta que estén dorados y superen la prueba del palillo.




Una vez cocidos, ubicalos en una rejilla para que se enfríen y, entonces, bañalos con un glaseado de azúcar impalpable/glas y leche o agua potable. Por último, con el glasé aún fresco, espolvorealos con coco deshidratado rallado o en escamas.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: El glaseado de terminación es optativo; si lo desean, pueden omitirlo (los muffins estarán deliciosos, bien perfumados y húmedos de cualquier modo) o reemplazarlo por buttercream (clásica crema de manteca para transformar muffins en cupcakes), baño de chocolate semiamargo, cremas a base de queso Mascarpone o similares (también típicas de los cupcakes), mermeladas caseras, merengue gratinado con soplete, azúcar impalpable/glas.

Si lo prefieren, pueden incluir el coco dentro de la masa de los muffins en lugar de como decoración del glaseado. Para ello, agreguen 2 cucharadas bien copetonas/colmadas de coco deshidratado rallado cuando incorporen a la mezcla los chips/chispas de chocolate y las nueces picadas.

Entretanto, pueden reemplazar los chips/chispas de chocolate por pasas de uva rubias o negras, bayas Goji/de Goji, arándanos, frutillas, damascos/albaricoques o peras deshidratados...




El queso crema/untable (descremado) de la receta puede sustituirse por yogur natural, yogur griego o yogur vegano. De igual modo, en lugar de canela en polvo pueden utilizar cardamomo recién molido, jengibre en polvo o fresco y rallado, y/o nuez moscada recién molida. También pueden incluir ralladura de cáscara/piel de naranjas o limones.

Asimismo, el puré de bananas puede sustituirse por 1 taza de puré de manzanas (casero o, en caso que sea industrializado, el que tenga menos conservantes y aditivos). A propósito de las bananas, les recuerdo que al utilizar puré de bananas maduras (o de manzanas) no es necesario incluir ni un solo huevo a la preparación (Creánme que es así).

Por último, si lo que desean es convertir estos muffins en aptos para celíacos/libres de gluten/sin T.A.C.C. deberán sustituir las harinas (incluyendo el almidón de maíz, no por ser peligroso sino para formar una nueva mezcla eficiente) por: 120 gramos de fécula de mandioca/yuca o de fécula de papa, 120 gramos de harina de arroz y 160 gramos de almidón de maíz. También pueden reemplazar la avena arrollada por harina de maíz; en ese caso, utilizarán 120 gramos de almidón de maíz, 90 gramos de fécula de papa o de mandioca, otros 90 gramos de harina de arroz y 100 gramos de harina de maíz. Un detalle importante: En cualquiera de estos casos, será necesario que realicen la mezcla utilizando batidora eléctrica (de mano o de pie) para asegurarse un eficaz leudado e incorporación de aire en la masa, logrando una miga más suelta y menos apelmazada.




Como habrán podido observar, estos muffins no son nada complicados de realizar (si hasta podemos prepararlos dejándonos asistir por los más pequeños de la casa), son bastante livianos (pese al chocolate, las nueces y el coco), bien húmedos, jugosos y perfumados, y tienen el poder de cambiarle la cara a una tarde de frío, calor, lluvia, aburrimiento, ganas de comer algo rico y no tener nada a mano... 

Prepárenlos y me cuentan qué les han parecido. A mis amigas, por ejemplo, les encantan cuando los llevo para una reunión entre mates, charlas y risas; en casa, gustan mucho cuando los sorprendo con ellos para la merienda, el desayuno o el brunch del domingo. En fin, seguro encontrarán la oportunidad y el lugar ideal para convidar estos muffins que son una fiesta de sabores, texturas y aromas.

Nos vemos la semana próxima. ¡Pásenla muy bien, disfruten de la vida junto a sus seres amados y experimenten en la cocina!


 Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas