jueves, 13 de junio de 2013

Tarde de lluvia, preparamos Buñuelos de ricota (Y... ¡Nuevo premio!)

Antes de comenzar con la receta de esta semana, de contarles mis historias de cocina, entretelones de la preparación y anécdotas de familia, quisiera mencionarles algunos detalles sobre los comentarios de este blog (en particular, el formulario que les permite dejarlos publicados). Como habrán podido notar, en el post de la semana pasada, los comentarios sólo podían ser publicados por perfiles de Google+ (lo que limitaba a muchos de ustedes que no son bloggers); además, algunos de los comentarios se borraron automáticamente (sin ninguna intervención de quien suscribe). Si bien era una alternativa práctica - y en apariencia eficaz -  para poder ordenar y concentrar en un solo lugar todos los comentarios del blog y de usuarios de Google+, la modificación mostró ser inapropiada en su desempeño por las razones que les mencioné.

Por ello, les anuncio que realicé las modificaciones necesarias para que todo volviera a ser como antes. Sin embargo, por desgracia, algunos de sus comentarios se perdieron en el ciberespacio... ¡Lamento tanto que esto ocurriera porque sus palabras me ayudan a conocerlos más, compartir sus inquietudes, responder sus consultas, acercarnos pese a las distancias y, en muchos casos, disfrutar de una respetuosa amistad! 

Los comentarios que pude recuperar fueron publicados, indicando la autoría y fecha de publicación. 

Les pido mil disculpas a quienes, por un motivo u otro, se vieron afectados por estos inconvenientes que escapan a mi acción directa... Les agradezco su comprensión y compañía.

Ahora sí, me gustaría presentarles la receta de esta semana.

No sé si a ustedes les pasa, pero para mí las tardes de lluvia son ideales para preparar algo rico para la merienda. Claro que como uno no puede andar consultando al Servicio Meteorológico para salir corriendo a comprar tal o cual ingrediente antes que se arme la tormenta (o sí si son fanáticos de estar mirando la evolución de las nubes a través de los radares meteorológicos), la idea (o desafío) de los días de lluvia es preparar algo rico con algunas cositas que tengamos en casa.

Así, de la unión de una tarde de domingo lluviosa y mis ganas de preparar algo rico (aunque el público presente no se quejó para nada de mi tenaz determinación) nacieron estos buñuelos, basados en una receta que preparaba mi abuela.

Aquí les dejo los ingredientes, pero recuerden que pueden adaptar la preparación a las materias primas que tengan en casa el día de lluvia en cuestión (o la tardecita soleada en que se les antoja darse un gustito).




Lo primero será preparar la base de los buñuelos y para ello haremos la masa al estilo de nuestras bisabuelas, cuando no había hornos en las casas o sólo los tenían las familias más pudientes. Eso sí, reemplazaremos el caldero y el fuego por una cacerola y la hornalla de nuestra cocina.

Herví 200 cc. de leche (descremada) con 60 gramos de manteca y una pizca de sal. En ese momento, añadí en forma de lluvia 200 gramos de harina común. Mezclá a fuego bajo, batiendo enérgicamente con cuchara de madera hasta que la pasta se separe de las paredes de la cacerola. Dejala enfriar.




En un bol, colocá la pasta que preparaste previamente y añadí 3 huevos (de campo) de a uno (no agregues otro hasta no haber logrado integrar el anterior), 250 gramos de ricota (magra escurrida o tamizada), 2 cucharaditas de jengibre molido, 200 gramos de azúcar, 50 cc. de ron, 1 tapita de extracto de vainilla y 60 gramos de nueces cortadas de manera grosera (también podrías emplear frutas secas, escarchadas o pasas de uva).




Batí bien todos los ingredientes hasta obtener una crema suave.





Calentá abundante aceite neutro para freír en una sartén y, cuando esté bien caliente, colocá pequeñas porciones de pasta que se inflarán por acción del calor.




Sacá los buñuelos cuando estén dorados de manera uniforme y escurrí sobre papel absorbente. Espolvorealos con azúcar y servilos calentitos.




Una propuesta para días de lluvia, para aprovechar alguna sobra de ricota, para hacerle un mimo a tu familia con una receta tradicional, sencilla, bien casera, deliciosa y súper perfumada.




En casa gustan tanto que cada vez que hay día de lluvia se apresuran a preguntar si tengo ricota... Es que, la verdad sea dicha, la ricota nos puede. Eso sí, siempre uso ricota magra o descremada porque es muy sabrosa, pero no es tan pesada como la versión entera. Entonces, podemos disfrutarla con menos culpa (y menos malestares posteriores).




Otra manera de integrar la ricota en tus comidas y una divertida forma de pasar una tarde de lluvia en familia.

¡Ah, un detalle importante! Los buñuelos no quedan aceitosos ni con mucho sabor a ron. Quedan bien perfumados, con tropezones de nuez que le aportan sorpresa y sabor, sin gusto a alcohol.

Antes de despedirme, quisera agradecer a Sandra y Chus Castro de  Mançanes (i no pomes) por entregarme este premio tan tierno y bonito, y por sus lindas palabras a la hora de justificar su elección: "Por ser un blog delicioso y delicado, por su cuidada presentación, filosofía y declaración de principios y por apostar por una cocina sana"." ¡Muchas gracias!






Si no conocen aún su blog, los invito a visitarlo porque es bien variado, tiene fotografías muy atractivas y encontrarán interesantes recetas para todos los gustos.

Aquí les dejo las reglas de este premio (cada uno tiene las suyas, ya sabemos):

Agradecer a la persona o blog que nos premia.

Otorgar el premio a otros 13 blogs que recién comiencen o tengan menos de 200 seguidores.

Informar a los blogs premiados la noticia.

La elección de los blogs premiados no fue nada sencilla: Por un  lado, quería incluir a muchos de los blogs que sigo permanentemente porque admiro su trabajo y dedicación (¡pero, muchos de ellos ya han pasado el límite de los 200 seguidores!); por otro lado, quería otorgarle este nuevo premio a blogs que todavía no tienen muchos seguidores y que merecen un incentivo. Finalmente, creo haber logrado un equilibrio entre ambas situaciones. Ojalá que a ellos les haga tanta ilusión como a mí...

Redoble de tambores y trompetas al viento, estos son los premiados:


Aglio Olio e Peperoncino
Bocadillo Suculento
Cocina A Buenas Horas 
Con tu pan te lo comas 
De andar por casa
Dulce y salado con Isa Sánchez
En la cocina
Fil de sucre
Julia y sus recetas
La Cocina de Maia
La Gormanderia
Objeto transicional
Virando comida


Ahora sí, me despido... Gracias por acompañarme. Espero que les guste la propuesta de hoy y que la pongan en práctica. Hasta la semana que viene. ¡Saludos y a disfrutar de las tardes de lluvia en familia!





jueves, 6 de junio de 2013

Rumbledethumps (cocina escocesa bien tradicional con una vuelta de rosca) ¡Y nuevos premios!

Cuando somos pequeños, nos asomamos a las cocinas de nuestras abuelas (incluso de abuelas postizas, de crianza o las de nuestros mejores amigos que nos adoptan como un nieto más) en puntas de pie para alcanzar la mesa o la mesada de trabajo. Así, con ojos curiosos y manos dispuestas a la aventura de amasar, cortar figuras de masa o ser asistente por un rato, pedimos ayudar en la preparación de la comida. Lo mismo da que sea almuerzos, meriendas o cenas. Claro que los platos de la tarde (todas esas medialunas, facturas, tortas, masitas y tartas) significan tener casi asegurado el meter manos en la masa, ensuciarnos con harina sin que mamá nos rete, aprender a tener paciencia para ver los resultados de nuestra labor y pasar tiempo con una de las personas que más dejan huella en nuestra personalidad.

Yo no era la excepción a la regla, ni mucho menos. Amaba que mis abuelas, bisabuelas y abuelas postizas (aquellos tesoros que escogí por su dulzura y cariño, que nunca me hicieron sentir que no era su nieta de sangre y me llenaron de mimos) me permitieran asistirlas en la preparación de la comida...

Hoy quiero compartir con ustedes una receta tradicional escocesa que vi preparar muchas veces cuando era pequeña, aunque por sus características no se me permitía participar en su realización: el Rumbledethumps. Sí, parece un trabalenguas. Pero, se trata de uno de los platos "vegetarianos" escoceses más sencillos y deliciosos.

Estos son los ingredientes que necesitarán. Como ven, son pocos y muy fáciles de tener en casa.






Para empezar, cociná al vapor 500 gramos de papas (podés hervirlas, pero al prepararlas al vapor no perderán nutrientes que se escapan en el agua de cocción y tendrán un sabor mucho más agradable). Con ellas, realizá un puré bien rústico con tenedor; nada de usar pisa papas para esta receta. Reservá.





Luego, picá bien chiquita (en brunoise) una cebolla. Rehogala, junto con 2 cucharadas de cebolla de verdeo deshidratada, en 1 cucharada de aceite neutro. Condimentá con sal, pimienta y orégano.

Una vez que la cebolla quedó traslúcida, añadí 1/2 repollo morado (o col lombarda) cortada en finísima juliana.





Cociná por unos 5 minutos hasta que los vegetales pierdan su rigidez. Llegó el momento de añadir el puré de papas. Sazoná con sal, pimienta y nuez moscada (recordá que el puré no estaba condimentado todavía). Incorporá 2 nueces de manteca para lograr que la preparación tome una consistencia cremosa.





Retirá la cacerola del fuego y agregá 2 cucharadas de queso rallado (en mi caso, utilicé queso en hebras light). Revolvé para integrar.

Volcá la mezcla en una fuente apta para horno, previamente enmantecada, y cubrí con abundante queso rallado (o en hebras).



Cociná en horno medio (180-190° C) por unos 20 minutos o hasta que el queso se gratine, quedando doradito.




Se trata de una preparación gustosa, bien cremosa y muy sencilla, que bien vale como acompañamiento de carnes o (en mi caso) como plato principal.

Con pocos (digamos, muy pocos) ingredientes obtenemos un plato delicioso que gusta a todos, incluso los detractores del repollo (col). Ya sé lo que están pensando: "Este no es un plato para convidar a visitas". No, claro que no. Salvo que quieran demostrarles a sus comensales que son grandes conocedores de las tradiciones escocesas (en ese caso, recomiendo acompañarlo de un buen whisky - no whiskey - añejado. Jajajaja). Este plato es para disfrutar en familia, un domingo en casa (preferentemente en invierno) calentitos y al calor del hogar, la chimenea o la estufa.




El Rumbledethumps - como ya les conté - es un plato típico de Escocia, de la región o condado de los Scottish Borders (en gaélico escocés Na Crìochan o Crìochan na h-Alba), pegadita a Gran Bretaña. Una zona plena de abadías, castillos fortificados, historias vinculadas a las guerras entre escoceses e ingleses, pequeñas aldeas que se contraponen con importantes ciudades y colinas ondulantes.

La versión original del plato se prepara con repollo (col) blanco, con bastante manteca y queso Cheddar. En algunas versiones, también se reemplaza la manteca por crema. Pero, lo cierto es que ese tipo de variantes estaban unidas más a la disponibilidad de ingredientes al momento de preparar la comida que a los regionalismos en sí.




Bien, ésta ha sido mi versión (algo más liviana, pero con todo el respeto y cariño) de este revuelto gratinado de papas, cebolla y repollo que tanto me gustaba de pequeña. Entre nosotros, debo confesarles que me sigue gustando como entonces y que evoca en mí recuerdos de personas que ya no están conmigo desde el punto de vista físico, pero que me acompañan en mi corazón.

Recuerden que el repollo morado (o col lombarda) aporta muy pocas calorías (entre 20 y 25 calorías por cada 100 gramos), debido a su bajo contenido en hidratos de carbono. Además, es rico en azufre y vitamina C, en antioxidantes (beta carotenos, vitamina C y compuestos sulfurosos), hierro, calcio, magnesio, fósforo y antocianina (que protege contra el cáncer y mejora el funcionamiento del cerebro).


Antes de despedirme, quiero agradecerles a Norma de Cinco Fogones por entregarme el One Lovely Blog Award




y a Julia de Julia y sus recetas por otorgarme tan bonito premio, en forma de corazón y repleto de mariposas (Por más que estuve dele y dele querer averiguar el nombre de este premio, no lo logré... Pero, ¡¿a quién no podría gustarle con tanto color y delicadeza?!) 





Si ustedes no conocen sus blogs, los invito a que pasen por ellos porque son muy interesantes y bien bonitos.

Como siempre que recibo premios, me siento muy halagada y feliz porque mis colegas eligen mi blog para premiarlo. Llevar adelante un blog demanda mucho trabajo, dedicación, cariño y empeño (ustedes bien lo saben); por ello, los premios son bienvenidos porque nos dan un empujoncito para seguir creciendo y avanzando, aceptando nuevos desafíos y comprometiéndonos a continuar mejorando.

Aquí les dejo el listado de blogs a los que les entrego este nuevo premio (debe tratarse de blogs que cuenten con menos de 200 seguidores para incentivar su crecimiento y apoyarlos en su esfuerzo). Recuerden los premiados que deben entregarlo a otros blogs que reúnan estas características, evitando devolvérselo a quien los premia. ¡Mis felicitaciones a todos ellos!

Cinco Fogones
Dos de azúcar 
Eva en pruebas
JP Cocina
Mágica Cocina
Us en llepareu els dits!


Les deseo una hermosa semana. ¡Sean felices! Cariños grandes.




jueves, 30 de mayo de 2013

Torta de batatas y chocolate (sin harinas y apta para celíacos).

Muchos de ustedes me consultan para saber cómo pueden modificar alguna de mis propuestas para convertirlas en aptas para celíacos. Pues bien, este mes de mayo se celebra el Día Internacional de la Celiaquía y el Día del Celíaco, razón por la que quería decir presente con algún plato que podamos disfrutar todos. La propuesta que les traigo hoy reúne estas características. Se trata de una torta deliciosa apta para amantes del chocolate y la repostería diferente. Una torta bien húmeda, de sabor delicado y con mucho chocolate. Además, a base de batatas... Ustedes saben cuánto me gusta preparar tortas con vegetales como ingrediente principal (Cheesecake de batatas, miel y nueces Pecan y Budín de zanahoria, ricota y chía) y la ocasión me pareció más que oportuna.

La versión original (no pude con mi genio y le hice algunos pequeños cambios) se encuentra en el libro "Mi primer libro de recetas" de la cocinera argentina Juliana López May (especialista en comida sana, a partir de productos de orgánicos y de estación). En cuanto vi esta receta, supe que la quería preparar y me puse manos a la obra. Aquí están los resultados: una torta que les va a encantar y que es apta para celíacos...




Aquí les dejo los ingredientes que necesitarán para prepararla.






Lo primero será que coloques en una placa para horno (o asadera) 500 gramos de batatas (o boniatos) con sus cáscaras, limpias y cortadas en mitades (en sentido longitudinal). Rociá con un hilo de aceite neutro las batatas y llevalas a cocinar en horno fuerte hasta que puedas obtener un puré suave y cremoso.




Con una cuchara, desprendé las pulpas de la batatas de sus cáscaras, realizá un puré con ellas (sin agregar nada; puede ser con tenedor o pisa papas) y reservalo.

Bajá la temperatura del horno a 180°C. En un bol, batí con batidor de alambre (o batidora eléctrica) 6 yemas con 100 gramos de azúcar integral a blanco (deberá quedar una mezcla bien aireada y cremosa). Luego, agregá 4 cucharadas de cacao amargo y el puré de batatas que habías reservado. Integrá muy bien todos los ingredientes y añadí 1 taza de nueces cortadas de manera grosera.




Aparte, batí 6 claras a nieve con una pizca de sal (recordá que el bol que emplees debe estar muy limpio, sin ningún resto de materia grasa y que las claras no deben contener resto alguno de yemas. La pizca de sal ayudará a montar las claras con mayor rapidez).




Incorporá las claras a la mezcla anterior en tres partes, realizando movimientos envolventes para que no baje el aireado de la preparación. Es fundamental que no pretendas integrar las claras a nieve de una sola vez para no malograr la receta, ya que deben igualarse las densidades de ambas preparaciones.

Volcá la mezcla en un molde desmontable (si no estuvieras seguro que tiene un cierre perfecto en la unión de la base con el lateral/cintura del molde, colocá papel aluminio envolviendo la base de éste para que no se "escape" la mezcla ni la ganache que más adelante deberás añadir), enmantecado y enharinado (en el caso de tratarse de una receta para celíacos, reemplazá la harina por fécula de maíz, de mandioca/yuca, de papa o harina de arroz).




Horneá la torta por unos 40 a 45 minutos, dependiendo de tu horno. Deberá quedar con una consistencia muy suave, pero con la corteza seca.

Mientras se cocina, colocá en una ollita 200 cc. de leche de coco y llevala al fuego. Cuando rompa el hervor, retirala de la hornalla y agregale 200 gramos de chocolate semiamargo (recordá revisar que sea apto para celíacos) picado bien chiquito. Dejá que el chocolate se derrita solo, por acción de la leche de coco caliente.

Mezclá bien hasta lograr una crema brillante, homogénea y suave. Revolvé de vez en cuando hasta que la ganache se enfríe por completo.





Una vez que retires la torta del horno, estando aún caliente y sin desmoldarla, bañá con la ganache de chocolate que preparaste. Parte de la ganache será absorvida por la torta; el resto quedará como un baño de cobertura.

Desmoldá la preparación cuando enfrié por completo y la cobertura esté seca.




La torta quedará muy húmeda por acción del puré de batatas y se deshará en tu boca, encontrándote con algunos tropezones de nuez (podés reemplazar las nueces por otros frutos secos) que le aportarán textura.





La ganache también contribuirá a mantener húmeda la torta, brindándole sabor y tersura. Aunque pudiera parecerte una receta demasiado dulce o empalagosa, es muy equilibrada en sabores, perfumes y texturas: el azúcar integral (que endulza menos que su versión refinada) aporta su característico perfume acaramelado y humedad, la leche de coco y el chocolate semiamargo se equilibran muy bien entre sí, y el verdadero aporte de sabor dulce lo realiza el puré de batatas con todas sus vitaminas.





Cada bocado sabe a paraíso por su cremosidad, sabor delicado y textura aterciopelada.

Es ideal como cierre de una comida informal con amigos o para compartir un rico té con amigas (que te pedirán la receta sin dudarlo). Una torta distinta, sin harinas, apta para celíacos, con ingredientes comunes y sabores muy delicados.

Espero que la prueben y la disfruten. Por su humedad, es una preparación que dura sin inconvenientes unos cuantos días; sin embargo, no van a tener que preocuparse mucho por ello, ya que todos pedirán porción doble (se los aseguro).

Nos reencontramos la semana próxima. Disfruten mucho... y ¡Bon appétit!


jueves, 23 de mayo de 2013

Torta de miel ucraniana (Para festejar los más de 100 amigos del blog y los más de 200 seguidores en Google+) y... ¡Nuevo premio!

Lo bueno de formar parte de una familia multicultural es la posibilidad de conocer y disfrutar de variadas costumbres, festividades, maneras de celebrar esas fiestas, idiomas y modos o formas de ser (y de ver la vida). También me permitió desde pequeña disfrutar de culturas muy distintas que contribuyeron inmensamente a modelarme como la persona que soy hoy en día.

Una partecita de mi familia es rusa (así, generalizando) porque nacieron en la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), pero si hilamos muy fino terminamos descubriendo que hay dos ucranianos y una bielorrusa... Es por ello que esta torta típica ucraniana que - como toda torta típica tiene varias versiones por eso de que, según en que región se prepare, llevará los productos más comunes de allí: algunas recetas emplean manteca, otras aceite - es llamada de una manera por unos o por otros, según quien la elabore: Medivnik para los ucranios y Medovy para los rusos. Torta de miel, en fin...

Esta sencilla, pero sabrosa preparación (con poca pompa, pero muuucho sabor) me pareció digna del festejo de los más de 100 seguidores del blog y los más de 200 seguidores en Google+. Sí, ya sé que para muchos de ustedes esa cifra es mínima, pero para esta humilde y trabajadora servidora es motivo suficiente para festejar.





La torta de miel clásica ucraniana (Medivnik) es una torta que se realiza con mucha rapidez, de técnica sencilla y rústica como las tradicionales preparaciones campesinas que representan la gastronomía más típica de un país. Sin embargo, una vez lista, apela a nuestro sentido de la paciencia. Claro, con inviernos crudos, de nevadas interminables, días demasiados cortos, escasez de combustible y penurias varias, lo que sobra es paciencia para esperar que la torta madure, se estacione y nos ofrezca su mejor perfil.

Si tienen ganas de probar esta sencilla torta, moldeadora de voluntades (jajaja), aquí les dejo los pocos ingredientes que necesitarán para preparar la receta. El resto es paciencia, mucha paciencia.




Como corresponde a preparaciones rústicas, tradicionales, campesinas (y más allá de que después de tantos años de realizarse, transmitirse de generación en generación de una misma familia, modificarse según la condición económica del momento... se podrían haber hecho las mediciones un poco más precisas) las proporciones de ingredientes se miden en tazas, como es lógico.

Para comenzar, colocá en un bol 1 taza de miel (orgánica, por supuesto y según se trate de miel de bosque, de flores silvestres, lavandas, manzanillas... los sabores y perfumes variarán ligeramente, aportando matices muy interesantes a la preparación) y 1 taza de aceite neutro. Revolvé con cuchara de madera (no te preocupes porque te parecerá que nunca van a mezclarse, pero todavía falta lo mejor: otro ingrediente que cambiará esta situación de manera terminante).




Agregá 1 taza de azúcar (en mi caso era orgánica, pero puede ser integral) y continuá revolviendo.

Luego, añadí 3 huevos (de campo o ecológicos/orgánicos) de a uno por vez, batiendo muy bien con batidor de alambre.





Entonces, agregá 1 taza de agua (potable) y, en forma de lluvia (yo no puedo con mi genio y la tamizo junto con el bicarbonato de sodio, pero no es necesario; aunque así te asegurás una preparación más aireada, suelta y liviana) incorporá 500 gramos de harina leudante (o de harina común) y 1 cucharadita de bicarbonato de sodio.

Continuá revolviendo con fuerza, para evitar que se formen grumos y para incorporar aire en la preparación. Por último, perfumá con el extracto de vainilla.

Volcá la mezcla en molde enmantecado y enharinado, y cociná en horno moderado (180-190° C), previamente precalentado, por unos 40 minutos (o hasta que la torta supere la prueba del palillo).




Una vez cocida, desmoldala aún caliente (conviene por ello prepararla en un molde desmontable para evitar malograr la torta) y espolvoreala con una generosa capa de azúcar impalpable.




Una vez fría, tapala con papel film y dejala reposar (dentro o fuera de la heladera) por, al menos, 48 horas.

Sí, lo sé. Es todo un desafío al niño interior que quiere probarla al momento mismo de sacarla del horno, al curioso que puede soportar hasta que la masa enfríe, pero... ¿48 horas enteras? ¡Eso ya es mucho pedir!




Pues, la paciencia, el auto-control y la meditación serán premiados porque esta torta es una fiesta absoluta para el paladar sin muchos artilugios más que ingredientes sencillos, cotidianos que se combinan en un verdadero deleite.

La torta queda bien húmeda (por acción de la miel y el aceite) y perfumada por la miel y la vainilla. Además, se trata de una masa bien aireada (espero que pueda observarse bien en la foto) que, contrariamente a lo que podemos suponer, no resulta pesada.




Si fuera necesario, pasado el tiempo de estacionamiento, espolvoreá nuevamente sobre la torta una buena capa de azúcar impalpable porque parte o toda ella puede haber sido absorbida por la masa caliente. Yo no quise añadirle más porque pensé que así estaba estupenda y, a juzgar por lo poco que duró completa cuando avisé que ya podía comerse, diría que no me equivoqué. Jajaja.

Si quieren darle una presentación más gourmet, puede servirse acompañada por helado de vainilla o una generosa cucharada de queso mascarpone, espolvoreada con arándanos.

Anímense a prepararla y darse el tiempo de esperar que alcance su punto justo. Por acción natural de la miel, la torta se conserva perfecta por mucho tiempo (pero, nadie supo decirme cuánto porque nunca dura lo suficiente como para poder comprobarlo).

Antes de despedirme, quiero agradecerle a J. Mascaro del blog Principiante de la cocina (si todavía no lo conocen, es una estupenda oportunidad para darse una vuelta por allí) porque hace ya unos cuantos días me otorgó dos premios: Liebster Award discover new blogs! y The Versatile blog (¡éste es nuevo! y bien contenta me pone). 

Como siempre que recibo un premio de mis compañeros blogueros, estoy muy halagada y agradecida por su elección, que siento como un reconocimiento a mi esfuerzo y trabajo.









Pido disculpas por no haber podido ocuparme antes como corresponde de las responsabilidades que conllevan los premios en sí. Pero, aquí estoy, tratando de ponerme al día.

Respondo las preguntas que dejó el autor de Principiante de la cocina.

¿De dónde vienes? 
Soy argentina, de Buenos Aires.

¿Quién te animó a abrir el blog?
Mis amigas: estaban convencidas de que mis recetas podrían ser útiles a quienes desean probar recetas sin carne, pero muy sabrosas y sencillas de realizar para incluir en su dieta, como guarnición o acompañamiento...

¿Cuánto tiempo hace que tenés el blog?
Va a cumplir 1 año y 4 meses a fin de mes.

¿Qué te gusta cocinar más?
Me gusta cocinar cualquier cosa (menos carnes, claro), el placer es cocinar.

¿Tenés animales?
Sí, un perro que recogimos de la calle (mitad terrier, mitad caniche, con un toque de callejero), llamado Felipe. Se nos acercó una tarde de otoño en una plaza de Olivos (zona norte del conurbano bonaerense) y desde entonces no se nos separó más. Con ojos dulces y tiernos, muy inteligente, cabeza dura y amoroso. ¡Todo un personaje en nuestra familia!

¿Quién es tu inspiracción a la hora de crear?
A la hora de crear en la cocina, mi inspiración me la dan los ingredientes que hay en casa o algún ingrediente en particular con el que deseo cocinar.

¿Has visitado alguna feria de repostería? 
No.

¿Tu dulce favorito? 
El cheesecake y el tiramisú.

¿Qué no cocinarías nunca?
Carnes. 

¿Estudias o trabajas?
Trabajo, pero siempre estoy estudiando y perfeccionándome. 

¿Algo que te quede por aprender? 
Ufff... ¡Muchísimas cosas! Mientras viva, siempre voy a estar dispuesta a aprender cosas nuevas. La vida siempre nos permite aprender algo nuevo cada día.

Aquí va mi listado de blogs elegidos para otorgarles estos premios (pueden elegir uno de ellos o los dos, según si ya tienen o no alguno de ellos). ¡Qué suenen fanfarrias!


Aglio Olio e Peperoncino
Como cocino yo
Como pez en la cocina
Con sabor a YerbaBuena
Cosicas Wenas
Cuina la peladilla
La chica de las fresas 
Objeto transicional
Regina y sus dulces 
Somos lo que comemos
Sueños de amor y canela

Les recuerdo que las reglas que deben seguir los premiados son las siguientes:

Nombrar y agradecer el premio a la persona/blog que se los concedió. Además,  hacerse seguidores del blog de la persona que los premia.

Responder las 11 preguntas (y contar 11 cosas sobre ustedes mismos, en el caso del Liebster Award discover new blogs!) para conocerlos mejor.

Conceder el premio a otros 11 blogs que les gusten, que acaban de empezar o que tengan menos de 200 seguidores.

Informar del premio a cada uno de los premiados.

Evitar mandar el premio nuevamente al blog que los premió.


Ahora sí, les agradezco la compañía, la paciencia y que estén ahí semana tras semana.

Les deseo lo mejor. ¡Disfruten mucho! Cariños enormes.




viernes, 17 de mayo de 2013

Algunas recomendaciones para comer sano en el Día de la Revolución Alimentaria (Food Revolution Day) y receta de Lasaña de vegetales

Cuántas veces escuchamos decir que "Somos lo que comemos"; está claro que así es. Los alimentos pueden nutrirnos, protegernos de enfermedades - haciéndonos más fuertes o previniéndolas -, ayudarnos a bajar o aumentar nuestra masa corporal, pero también pueden provocarnos enfermedades, padecimientos, alergias y malestares... Por ello, cuando se trata de alimentarnos no debemos tomar la tarea a la ligera: No da lo mismo lo que comemos, cómo lo comemos, ni qué procesos ha atravesado nuestro alimento. 

Si nos detenemos a pensar un momento, es muy probable que muchas de las claves para comer mejor, con más calidad y beneficios, estén más cerca de nosotros de lo que nos imaginamos (incluso, algunas las llevemos a la práctica de manera consciente o no, por consejo de nuestra madre, una amiga o un profesional). Sin embargo, es fácil desorientarse en la multiplicidad de posibilidades que nos brinda el modo de vida moderno. No faltará quien sentencie enérgicamente que "comer sano es mucho más costoso y más laborioso" que una dieta estándar, que "no hay tiempo para dedicarle a la buena alimentación cuando contamos con tan poco tiempo para nosotros mismos"... En ese caso, mi respuesta es sencilla: Comer bien no requiere de mucho más tiempo que comer mal. Para dar un ejemplo, en el tiempo que perdemos esperando al delivery, podemos prepararnos una comida mucho más sabrosa, nutritiva y sana que la que nos traerá el repartidor de turno. 

Se trata de un hábito, como cualquier otro. De su práctica nacerá una nueva forma de vivir nuestra alimentación, con más consciencia, con amor hacia nosotros mismos (y nuestros seres queridos), con más salud y bienestar.

No estoy aquí para imponerles un modo de vida sino, simplemente, ofrecerles una pequeña guía de acciones que tienen que ver con la alimentación del día a día con las que podrán notar cómo mejoran su salud, su cuerpo y estado anímico (porque, claro, somos un todo) en muy poco tiempo.

¿Por qué hoy? Es simple. Elegí esta fecha porque hoy es el Food Revolution Day (Día de la Revolución Alimentaria), un día en el que se nos invita a compartir nuestra experiencia con los demás para retomar la senda de la alimentación sana, consciente, con productos frescos, casera, a través de recetas, consejos, ejemplos...




La iniciativa (por si todavía no la conocen) llega de la mano del famoso y mediático chef británico James Oliver, y tiene el propósito de motivar a la gente a disfrutar de una vida más sana a través de la alimentación, promoviendo nuevos hábitos. 


 

Desde que comencé este blog (hace un año y algunos meses), mi propósito es acercarles recetas posibles de realizar, para cocineros experimentados y novatos, con alimentos fáciles de conseguir y productos de estación. Recetas sencillas, pero sabrosas y nutritivas para probarlas de vez en cuando, para enriquecer su dieta tradicional o para intentar nuevas preparaciones. Para acompañar mi propuesta, hoy les acerco esta serie de consejos básicos para alimentarnos mejor, más sano.


















































Este pequeño listado de consejos es sólo orientativo, para ayudarnos a recordar o reconocer algunos ítems importantes sobre nuestra alimentación. Seguramente, habrá muchos otros consejos tan importantes o útiles como estos que no llegué a incluir para no abrumar con tanto dato... Los invito, entonces, a que investiguen y se interioricen más en aquellos temas o tópicos vinculados a la alimentación sana que les interesen o les preocupen para lograr comer cada día un poco mejor y de una manera más saludable.

Ahora sí, la receta de la semana que, para hacer honor al Día de la Revolución Alimentaria, tiene como ingrediente de lujo unos tomates cherry orgánicos exquisitos que cultivó y cosechó con sus propias manos mi amiga Mirta.





Aquí les dejo los ingredientes de esta Lasaña de vegetales bien sabrosa y nutritiva.





Para empezar, cortá (en sentido longitudinal) en finas rodajas, con cuchillo o mandolina, 700 gramos de berenjenas. Pasá las rodajas por harina y huevo batido; luego, freílas en abundante aceite hasta que se doren ligeramente. Dejalas enfriar sobre papel absorbente.





En una cacerolita, rehogá en 1 cucharada de aceite neutro 2 cebollas medianas, cortadas en juliana. Condimentalas con sal, pimienta, albahaca, ajo y tomate deshidratados y ahumados. Agregá 200 gramos de champiñones fileteados  y 350 gramos de tomates cherry, cortados en cuartos.






Llegó la hora de preparar la salsa de nuestra lasaña: Colocá en una cacerolita 600 gramos de tomates naturales (escaldados y triturados con el mixer o la licuadora) y condimentalos con cebolla y cebolla de verdeo deshidratadas, sal, pimienta, orégano, romero y nuez moscada. Reservala.


Por último, cortá de manera longitudinal (a cuchillo o con mandolina) 700 gramos de papas.

Para armar la receta, enmantecá una fuente apta para horno y disponé sobre ella una capa de papas (como están crudas, las rodajas deben ser finas para ayudar a la cocción). Condimentá con pimienta y nuez moscada, añadí unos trocitos de manteca y una lluviecita de queso rallado (yo utilizo queso en hebras bajas calorías).






Acomodá por encima una capa de las berenjenas que reservaste, cubriéndolas con una parte de la mezcla de cebolla, champiñones y tomates cherry. Luego, espolvoreá por encima queso rallado o en hebras.





Volvé a repetir la operación hasta utilizar todos los vegetales preparados. Entonces, bañá toda la lasaña con la salsa de tomates que reservaste y cubrí con abundante queso rallado.

Llevá a horno fuerte por 40-45 minutos para que se cocinen las papas (recordá que están crudas) y se gratine la lasaña.





Algunos consejos finales: Esta receta puede realizarse con cualquier vegetal que desées (zucchinis o zapallitos, batatas, hojas frescas de espinaca...).

Si lo preferís, las papas pueden estar cocidas al vapor. De esa manera, tardará menos en cocinarse la preparación.

Al pasar las berenjenas por harina y huevo, sin doble capa de harina o pan rallado, logramos que no absorban tanto aceite y queden más ligeras.





Esta lasaña de vegetales es una propuesta liviana, muy práctica para ofrecerles verduras a los más reacios, porque la salsa y el queso le aportan mucho sabor... Y ni hablar de los tomates cherry orgánicos que saben a verdura de casa, cuidada con cariño, tiempo y dedicación.

Espero que se animen a probarla y que pongan en práctica algunos de los consejos para comer sano sin perder de vista el sabor, que lo uno y lo otro pueden venir de la mano.

Les deseo una excelente semana. ¡Bon appétit!

Fuente consultada: "La cocina de la felicidad. Los alimentos y nuestras emociones". Adriana Ortemberg. Editorial Urano. 2009