lunes, 15 de septiembre de 2014

Ñoquis de espárragos con manteca saborizada (¡Al fin es temporada de espárragos!)

Sí, al fin. ¡Al fin llegó la temporada de espárragos por estos lares! Es que es tan corta que hay que aprovecharla al máximo porque cuando nos queremos dar cuenta, nos dice adiós hasta el próximo año...

En la receta que les propongo hoy, aprovechando que arrancó la temporada de espárragos y que hay que disfrutarla a pleno, reúno uno de mis platos favoritos con dos de mis ingredientes preferidos. Por un lado, los ñoquis que me gustan en cuanta versión se les ocurra (aquí pueden encontrar mi receta de Ñoquis de calabaza con salsa de brócoli y aquí mi receta de Ñoquis de ricota y queso con salsa de espinacas). Por otro lado, ricota y espárragos. ¡¿Qué más puedo pedir?!




Les garantizo que quedarán encantados con un plato exquisito, delicado, apto para cenas en las que queremos impresionar sin complicarnos la vida en ello.

Aquí están, estos son los ingredientes para realizar estos Ñoquis de espárragos (y ricota) con manteca saborizada.




Además, en un periquete tenemos resuelta la comida. Y eso hoy en día no es poca cosa...

Lo primero será que cocines al vapor 1 paquete de espárragos limpios y desprovistos de su parte más dura o fibrosa. Luego, los cortarás en trozos, separando las puntas/yemas (o la mayoría de ellas) para reservarlas porque acompañarán al plato terminado. Procesá en mixer o picadora el resto de los espárragos. Una vez fríos, mezclalos con 500 gramos de ricota descremada.




Incorporá a la mezcla 1 huevo de campo y condimentá con sal, pimienta y nuez moscada a gusto.




Añadí 1 taza de queso rallado sabroso y 2 tazas de harina 000

La masa debe quedar suave, nada pesada. Es probable que la sientas algo húmeda al amasarla o al formar el bollo y, por ello, te tientes de incorporarle más harina. No lo hagas para que los ñoquis no pierdan su suavidad, sabor y ligereza.




Como ya te dije, la masa debe quedar tierna, pero no debe pegarse en tus manos. Para ello, si fuera necesario, añadirás algo de harina extra sobre la mesa o al formar los rollitos de los que sacarás los ñoquis.

Cortá los ñoquis de un tamaño parejo para que se cocinen al mismo tiempo, y pasalos por el utensilio que les deja surcos (si no contás con éste, un tenedor sirve perfectamente. Incluso, si lo deseás, podés dejarlos sin rizar).




Estas pastas serán acompañadas por una manteca saborizada. Para ello, la prepararás con anticipación para salsear los ñoquis una vez cocidos. Podés elegir otras salsas, pero ésta es ideal para no invadir o cubrir el sabor de los espárragos, la ricota y el queso.

En un recipiente, colocá 20 gramos de manteca pomada o a temperatura ambiente. Incorporá sal, pimienta y nuez moscada a gusto. Además, agregá 2 cucharadas de cebolla de verdeo deshidratada, y una pizca de orégano, pimentón, ají molido y laurel molido. Mezclá todos los ingredientes muy bien hasta formar una pasta homogénea. Reservá hasta el momento de usarla.




Entonces, cociná en agua hirviendo los ñoquis. Una vez que comiencen a amontonarse en la superficie del agua, "pescalos" con una espumadera y pasalos a la salsa en donde terminarán de cocerse.




Para preparar la salsa, transcurridos unos minutos de cocción de los ñoquis, colocá la manteca saborizada en una sartén grande a fuego bajo. En ella, salteá ligeramente las puntas/yemas de espárragos que reservaste con anterioridad. Más tarde, incorporá los ñoquis ya cocidos para integrarles todos los sabores de las especias y hierbas con que saborizaste la manteca.
Serví y disfrutá sin culpas...




Observaciones y recomendaciones finales: Les recuerdo que los espárragos son ricos en vitaminas A, B1, B2, B3, B6, C, E y K. Además, contienen potasio, magnesio, zinc (ideal para el buen funcionamiento de nuestro cerebro), hierro y fibra que combate el estreñimiento. Asimismo, por contener pocos hidratos de carbono, son ideales para incluir en dietas hipocalóricas. Algo para tener en cuenta: como están formados por gran cantidad de agua (más de un 95%), son excelentes diuréticos, contribuyendo a eliminar líquidos y a disminuir el nivel de glucosa en sangre.

Si lo prefieren, pueden acompañar estos ñoquis con otras salsas en lugar de manteca saborizada. Sin embargo, recuerden que la salsa que escojan debe ser de sabor muy suave para no invadir o desvirtuar el sabor delicado de los ingredientes de esta pasta.

Como les anticipé, esta receta es muy simple y sumamente gustosa. Otra manera de preparar los espárragos en una versión delicada y muy sabrosa que pueden preparar para una cena romántica o con invitados porque es un plato con sabor muy distinguido que los hará quedar de mil maravillas.




El sabor delicado y suave de los espárragos, mezclados con la ricota y el queso, se potencian con la untuosidad de la manteca saborizada y el suave sabor de las yemas o puntas de los espárragos que se desharán en tu boca. ¡Un placer! 
Espero que les guste mi propuesta y la prueben cuando encuentren espárragos de temporada en el mercado porque estoy segura que quedarán muy satisfechos.

Nos reencontramos la próxima. ¡Disfruten de sus seres queridos y  experimenten en la cocina! 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Cheesecake de peras con crocante de nueces (y dos agradecimientos)

Ya les he confesado en varias oportunidades que la cheesecake es una de mis tartas favoritas (¡No me puedo resistir!). Equilibrada, atractiva e interesante por donde se la mire: Una base crocante, un corazón cremoso, pleno de sabor y una cobertura con distintas texturas (desde espesas a ligeras y crujientes) que redondea el concepto general de la tarta.

En plan de confidencias, también les he contado que a mi papá le encantaban mis cheesecakes; por ello, cada vez que preparo alguna no puedo evitar recordar su carita de felicidad mientras comía una porción...

Hacía tiempo que no publicaba ninguna (aquí está mi Cheesecake de naranja y frambuesas, aquí encontrarán mi Cheesecake de dulce de leche y aquí, mi Cheesecake de batatas, miel y nueces Pecan); de manera que hoy les traigo esta Cheesecake de peras con crocante de nueces que preparé para el cumpleaños de mi mamá con el propósito de levantarle un poquito el ánimo, recordando a papá al mismo tiempo.




Como toda cheesecake que se precie de tal debe estar realizada con productos de muy buena calidad. Si bien creo que siempre el resultado de cualquiera de nuestros platos estará en directa relación con la calidad de los ingredientes que utilicemos en su preparación, en el caso de las tartas de queso este concepto se potencia varias veces. Malos quesos darán por resultado una cheesecake desabrida, grasosa y con sabor a poca cosa. En cambio, buenos quesos y algunos trucos infalibles darán como resultado un postre exquisito con letras mayúsculas.

Con ustedes, el listado de ingredientes para animarse con una tarta de queso que sabe a gloria.




¿Nos ponemos a trabajar? Comenzá con la base de la tarta. Para ello, procesá en mixer o procesadora 250 gramos de galletas de chocolate previamente partidas o trozadas.




Aparte, procesá 75 gramos de nueces (las de tu gusto o las que consigas).




Luego, a las nueces procesadas incorporales 75 gramos de manteca fría, cortada en cubos. Procesá hasta unir bien los ingredientes y agregá, entonces, las galletas molidas previamente. Seguí procesando hasta obtener un arenado apretado. 



Entonces, disponé el arenado obtenido sobre un molde de tortera/tartera desmontable, previamente enmantecado. Para facilitar la tarea, ayudate con el envés de una cuchara, apretando la mezcla contra el fondo de la tortera para consolidar, así, una capa ajustada de galletas, nueces y manteca.

Evitá realizar este procedimiento con las manos para que el calor corporal no malogre la tarea. Luego, llevá la tortera/tartera a la heladera por, al menos, unos 30 minutos.




Entretanto, es el momento de preparar el relleno. Así, disponé en un bol 500 gramos de queso crema semi-magro junto con 226 gramos de queso Philadelphia (o similar) 1/3 reducido en grasas. Con batidor de alambre mezclá ambos quesos para amalgamar las texturas.

Luego, incorporá 5 peras bien maduras procesadas o licuadas junto con 2 cucharadas de jugo de limón. Entonces, agregá la ralladura de un limón, 100 gramos de azúcar y 6 claras de huevo de a una por vez, batiendo muy bien para que cada una se integre por completo antes de añadir la siguiente.

Continuá el batido hasta obtener una crema homogénea.




Volcá la mezcla obtenida sobre la base bien fría de galletas, nueces y manteca. Luego, llevá la tarta a cocinarse en un horno a 170-180°C por unos 60 minutos. Pasado ese tiempo, aunque el centro de la tarta se vea muy flojo (puede parecer que se mueve como un flan), apagá el horno y dejá la tarta allí adentro hasta que se enfríe por completo.




Mientras tanto, realizá un praliné o crocante de nueces y caramelo que colocarás por encima de la tarta una vez fría y terminada. Para esta tarea será necesario que dispongas sobre una sartén o cacerola 200 gr. de azúcar, dejando que se convierta en caramelo (pero, cuidando que no se queme). Cuando tenga el color característico, añadí 100 gramos de nueces trozadas a mano. Entonces, retirá del fuego y mezclá con una cuchara de madera para integrar bien.

Por último, disponé la mezcla sobre placa de silicona o papel manteca/para cocinar. Dejá que se enfríe bien y, con la ayuda de un palote/rodillo de amasar, rompé para obtener pequeños trozos de praliné. Reservá.




Cuando la tarta esté fría y los bordes se hayan separado de los laterales del molde, desmoldala y llevala a la heladera por algunas horas. Después de ello, decorá la cheesecake cubriéndola con el crocante de nueces que habías reservado. 

Conservá la tarta en la heladera hasta el momento de servir.




Observaciones y recomendaciones finales: El uso de nueces (u otros frutos secos) en la base de la tarta nos permite emplear menos cantidad de materia grasa (manteca) en la receta.

Pueden reemplazar las galletas de chocolate (escogí esas porque el chocolate se lleva de mil maravillas con las peras) por galletas de miel, avena o vainilla.

En lugar de peras pueden utilizar duraznos/melocotones, frutos rojos, ciruelas...

Uno de los secretos fundamentales para que las cheesecakes horneadas salgan perfectas es cuidarlas de las corrientes de aire o de los cambios bruscos de temperatura. Para ello, les recomiendo que los quesos que empleen en su preparación se encuentren a temperatura ambiente (hagan lo mismo con las claras de huevo). Además, no estén abre-cierra el horno a cada rato para ver cómo marcha la cocción porque, además de delicadas, estas tartas son vergonzosas (digo yo, porque no encuentro otra explicación... Jajajaa) y terminan resquebrajando - en mayor o menor proporción - toda su cubierta, quedando muy poco atractivas. De modo que lo ideal es respetar los tiempos de cocción y dejarlas adentro del horno hasta que se enfríen por completo (la indiferencia resulta una excelente aliada en estos casos...).




Sé que hay muchas personas que no se animan a preparar cheesecakes porque sienten que son postres/tartas muy trabajosos, algo ingratos (por esto que les contaba en las recomendaciones) y delicados por demás. Sin embargo, creo que sólo hay que tener algunos pocos cuidados y ganas de disfrutar de uno de los mayores manjares de la pastelería. Ni más ni menos... 

En el caso de esta cheesecake van a encontrarse con una tarta jugosa, de sabor muy delicado y cremoso, con los pequeños contrastes entre una base crujiente con sabor a chocolate y nueces, un relleno suave sabor a pera y un crocante de caramelo y nueces que genera una fiesta en la boca, bocado tras bocado. ¿Hace falta que les cuente que no quedaron ni los rastros como para poder sacarle una foto de corte a una porción de la tarta?




Espero tentarlos con el sabor y los contrastes que se acompañan y potencian en esta tarta de queso y peras que bien pueden sumarla a las recetas que nos hacen quedar como reinas indiscutidas de la cocina ante invitados, familiares, amigos, conocidos y amigos de nuestros conocidos ;D

Antes de despedirme, quiero realizar dos agradecimientos. Primero, le agradezco mucho a Mireia Costillas, creadora del blog Pasión y Tentación, por haberme tenido en cuenta para entregarme el Premio Best Blog. Si aún no conocen su blog, les recomiendo que se den una vuelta por allí para descubrir sus recetas y preparaciones. ¡Mil gracias, Mireia, por pensar en mi blog y perdón por no haberlo podido publicar antes!

Aquí dejo el premio para que cualquiera de mis colegas cocineros/blogueros, que llevan adelante sus espacios culinarios con esfuerzo y dedicación, pueda tomarlo y llevarlo consigo.



Por último, agradezco mucho al blog Directo al paladar, en cuya sección Paseo por la gastronomía de la red María José (una de sus editores) recomendó mi Pan de papa y hongos como una receta con masa de pan para empezar a encender el horno (¡Y hasta dijo que la pondría en práctica!).

Gracias a todos por elegir este blog, acompañarme (si han llegado al final del post, ustedes se merecen un premio. ¡Sin dudas!) y permitir que me deleite con su compañía. ¡Nos reencontramos la próxima! Pásenla muy bien junto a sus seres queridos y disfruten de experimentar en la cocina.


jueves, 28 de agosto de 2014

Pan de papa y hongos

Los panes de papa/patatas (en sus distintas versiones: a base de puré, copos deshidratados, harina o fécula) son bastante frecuentes en las culturas que nacieron y crecieron junto a estos tubérculos (incas, mapuches y otros pueblos primitivos americanos que se afincaron en territorio andino) o de aquellos pueblos en los que la papa/patata fue introducida luego de la colonización europea de América, convirtiéndose en uno de los alimentos básicos de sus dietas. Así, encontramos el milcao (de la cocina mapuche), el chapalel (de la cocina chilota), el kartoffelbrot (alemán), el okrągły chleb kartoflany (polaco), el burgonyàs kenyèr (húngaro)... De hecho, la cocina de Europa Central se nutre y enriquece de este sabroso tubérculo que tiene miles de variedades mundiales, encontrándose en ella varias versiones (más o menos parecidas) de panes con este ingrediente.




Hoy les propongo preparar un pan cuyo protagonista destacado es la papa/patata; pero, que además contiene hongos y harina integral. Esta preparación surgió de una receta tradicional de pan que le vi preparar a mi tía Olga (bielorrusa, como ya lo saben). Como no puedo con mi genio (o como lo quieran llamar), realicé algunas pequeñas modificaciones, respetando a rajatabla - eso sí - las técnicas y procedimientos que ella me explicó oportunamente (entre ellos, el particular y divertido formato de este pan).

¡Casi me olvidaba! Es que con las complicaciones varias y de salud que tuve por estos días, por poquito quedo fuera del Reto de agosto de Cocineros del Mundo...



https://plus.google.com/u/0/events/c4gcoq6dtt9bednmu240lat0tpo?authkey=CMqk6Jbj29CrNA


Esta es la lista de ingredientes para realizar este delicioso, sencillo, húmedo y original pan.




¿Nos ponemos a trabajar? En un bol disponé 2 tazas y media de harina 000, 1 taza y media de harina integral fina, 1 cucharadita de sal, 1 cucharadita de azúcar y 2 cucharadas de leche en polvo. Mezclá bien e incorporá 10 gramos de levadura seca instantánea.




Integrá muy bien y agregá 1 taza de puré de papas tibio (las papas cocidas al vapor - mejor si, al cocinarlas, conservan su cáscara - y el puré sin ningún tipo de condimento) y 1/2 taza de hongos secos hidratados y bien picados.




Con cornet (espátula de panadería/pastelería) o tenedor mezclá para incorporar estos nuevos ingredientes. Luego, comenzá a añadir agua tibia según lo requiera la masa (el total de agua a utilizarse es 380 cc., pero - como siempre - dependerá de varios factores que la masa requiera de esta cantidad o de ligeros cambios en ella).

Integrá en el mismo bol hasta obtener un bollo y, sobre mesa ligeramente enharinada, comenzá a amasar.




Amasá por unos 10 minutos para activar el gluten, golpeando y estirando la masa hasta obtener un bollo de textura lisa y homogénea.




Entonces, disponé el bollo en el mismo bol de amasado sobre una base de harina, pincelalo con aceite y cubrilo con papel film. Dejalo descansar en un lugar tibio, alejado de corrientes de aire y de calor fuerte, durante 1 hora.




Pasado ese tiempo, desgasificá la masa sobre la mesa de trabajo ligeramente enharinada y amasá el bollo por algunos minutos más.





Con las manos, cortá porciones de masa y formá pequeños bollos de un tamaño similar y parejo como para cubrir una tortera (en mi caso, 9 bollos para una tortera de 25 cm. de diámetro).




Disponé los bollos de masa en la tortera enmantecada o enaceitada, dándoles forma de flor. La manera más práctica es colocar el bollo del centro y luego los que lo rodean, alternando entre aquellos que, por su ubicación, se encuentran enfrentados u opuestos entre sí.

Luego, hacé ligera presión con los nudillos en cada uno de los bollitos y cubrí el molde con papel film para dejar que leven hasta alcanzar el borde del molde.




Por último, humedecé la cubierta con agua y espolvoreá con semillas de sésamo/ajonjolí (blanco, integral y negro) y de girasol.

Cociná en horno precalentado a 180° C por 35-40 minutos o hasta que esté dorado.




Al sacar del horno, dejá que el pan repose por unos 10 minutos para que los vapores de la cocción faciliten el desmoldado. Luego de desmoldarlo, dejá que enfríe por completo sobre una rejilla.




Observaciones y recomendaciones finales: Las papas que utilicen para realizar el puré es conveniente que conserven su cáscara al momento de cocinarlas para, así, garantizar que el puré quede con suficiente firmeza; más aún, si el método de cocción elegido es el hervor.

Los hongos secos de la receta pueden ser reemplazados por tomates secos hidratados, por ciboulette o cebolla picadas y rehogadas (o crudas, si lo prefieren), por orégano fresco o seco, o por la hierba o el conjunto de hierbas que prefieran.

Las semillas para espolvorear el pan pueden reemplazarse por las de su agrado: lino/linaza, quinua, amaranto, chía...

Este pan se conserva en perfectas condiciones por varios días en la heladera, en recipiente hermético.




Con esta receta obtendrán un pan con muy buena miga, húmedo y esponjoso, de sabor neutro e ideal para acompañar una tabla de quesos (tradicionales o veganos), patés vegetarianos o sándwiches caseros.




Espero que prueben este pan porque es muy sabroso y fácil de realizar (apto para todos: aprendices y expertos). 

Nos reencontramos la próxima semana. Deseo que sean muy felices, disfruten experimentando en la cocina y pasando tiempo con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!


viernes, 15 de agosto de 2014

Tarta de cebolla, hongos Portobello y quesos (Fontina, Sardo, Mozzarella y Azul) en masa de pimentón ahumado

Las tartas son siempre una solución práctica a las clásicas preguntas ¿Qué cocinamos/comemos hoy? En cualquier época o estación del año pueden sacarnos de un apuro, convirtiéndose en un plato completo, sano, nutritivo y sabroso, sin aportarnos demasiadas calorías extra (que nos importan mucho a la hora de querer bajar esos kilitos rebeldes). Antes o después de la playa, como final de una jornada de trabajo agotador, en verano, en invierno o como recurso de emergencia nos salvan del delivery, con pocos minutos de trabajo y la sensación cierta de que comemos algo casero con ingredientes y calidades que escogemos nosotros mismos. 

Productos de calidad, harinas integrales, semillas y algunos pocos condimentos se unen  para darle forma a una señora receta deliciosa y bien práctica. Hoy cocinamos una tarta con masa casera (sabor a pimentón ahumado), rellena de cebolla, hongos Portobello y 4 quesos.




Con ustedes, la lista de ingredientes para poner manos a la masa y disfrutar en pocos minutos de esta receta.




Primero, realizaremos la masa. Ya les enseñé a preparar varias recetas de masa (y muchas más de rellenos de tartas saladas) que pueden utilizar en esta receta si así lo prefieren: Tarta de espárragos (receta de masa y relleno aquí), Tarta de choclo/maíz (receta de masa y relleno aquí) y Tarta de cebolla, tomates cherry y quesos (receta de masa y relleno aquí). Sin embargo, la particularidad de mi propuesta de hoy es el sabor a pimentón ahumado que contiene la masa, acompañando de mil maravillas a la cebolla, los hongos y los quesos.

La verdad sea dicha: Cada vez que puedo preparar una tarta que no exige una tapa de masa para cubrirla porque el relleno así lo permite, sin utilizar ligues pesados ni cremas, no lo pienso dos veces. Por eso, si se fijan en mis tartas, verán que la mayoría de mis propuestas son con masa simple (por así decirlo). Jajaja ;D

Bien, comenzamos, entonces, con la preparación: Para ello, disolvé en un bol 1 cucharadita de sal y 1 cucharadita de pimentón ahumado (podés reemplazarlo por pimentón dulce o páprika) en 200 cc. de agua tibia. Luego, añadí 1/2 pocillo de aceite neutro. Poco a poco, incorporá de a cucharadas unos 150 gramos de harina integral fina y unos 180 gramos de harina leudante (la que ya contiene agentes de leudado), intercalando entre ellas. Estas cantidades de harina pueden tener ligeras diferencias de acuerdo a varios factores (chequeá las Observaciones y recomendaciones finales de esta receta).

Para formar el bollo, podés unir todos los ingredientes ayudándote con un cornet (espátula de panadería/pastelería) y luego, con las manos, amasá con cierta energía para activar el gluten. Una vez formado el bollo (deberá quedarte liso y suave) podés dejarlo descansar una media hora en la heladera o en el mismo bol, cubierto por un lienzo, mientras preparás el relleno de esta exquisita tarta.





Para el relleno, rehogá en 1 cucharada de aceite de coco 2 cebollas grandes cortadas en juliana y 200 gramos de hongos Portobello cortados en láminas finas. No condimentes ni remuevas estos ingredientes una vez dispuestos en la sartén para que los hongos no suelten todos sus jugos (recordá que están formados en un 90% de agua) y malogren la receta. Pasados unos minutos, cuando las setas ya estén algo doradas, condimentá con sal, pimienta, orégano y nuez moscada a gusto. Retirá del fuego e incorporá 2 cucharadas generosas de ciboulette/cebollino francés/cebollín picada. Mezclá y reservá.

Para armar la tarta, si dejaste descansar la masa en la heladera, deberás primero amasarla un poco para dispersar el frío de manera pareja. Luego, ayudándote con un palote/rodillo, la extenderás hasta dejarla del grosor deseado (a mí me gusta que quede fina o más bien fina) y la dispondrás sobre el molde que utilizarás para cocinar la tarta, previamente rociado con rocío vegetal.

Ahora, disponé el relleno de cebolla, hongos Portobello y ciboulette.




Por encima de los vegetales y las setas ubicá por capas 1/2 taza de queso Fontina rallado, 1/2 taza de queso Sardo rallado y 1/2 taza de queso mozzarella rallado. Además, con los dedos, desgraná por encima 1/2 taza de queso azul y cubrí todo con una abundante lluvia de mix de semillas de sésamo (blanco, negro e integral).

Cociná en horno caliente (unos 240° C) hasta que la masa se dore y el relleno se gratine.




Observaciones y recomendaciones finales: Recuerden que la cantidad de harinas puede variar según el grado de humedad del ambiente, la capacidad de absorción o nivel de astringencia de la propia harina y la ubicación respecto del nivel del mar en donde se encuentren ustedes.

Los quesos que utilicé en esta receta pueden ser reemplazados por los de su preferencia. Sin embargo, siempre intenten encontrar un equilibrio entre los sabores más fuertes y más ligeros de las variedades que escojan para que ninguno de ellos opaque el sabor de los demás.

Incluyan, siempre que puedan, al preparar masas, abundante cantidad o proporción de harina integral (la que sea de su preferencia) respecto del total de harinas de la receta para que comer masa tenga sentido. ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que cuando consumimos harinas somos conscientes de su condición de carbohidratos; sin embargo, y aunque los hidratos de carbono son sumamente útiles para nuestro desempeño general diario, cuando ingerimos harinas integrales hacemos más provechosa esa ingesta de calorías, aportando a nuestra dieta buenas dosis de fibras naturales y real alimento.

Por último, permítanme contarles sobre las bondades de las semillas de sésamo: Son excelentes fuentes de hierro y calcio (incluso el sésamo negro posee más calcio que la leche de vaca, sin los antibióticos ni hormonas que contiene ésta), ricas en proteínas, al combinarlas con legumbres nos permiten obtener proteínas de alto valor biológico. Además contienen ácidos grasos esenciales (Omega3 y Omega6), fibra, vitaminas B1, B3, B6 y E, ácido fólico, fósforo, potasio, magnesio y zinc. Son eficaces para disminuir el colesterol, favorecer el tránsito intestinal, retardar el envejecimiento, mantener la tonicidad muscular, favorecer la circulación sanguínea, fortalecer los sistemas inmunológico y nervioso, y prevenir la osteoporosis. ¿Qué más podemos pedirle a las pequeñitas?



Ya ven, entonces, como con algunos pocos productos pero de buena calidad y un rato de nuestro tiempo podemos dejar resuelta la cena (en caso que volvamos tarde a casa, por ejemplo) con un plato hecho y derecho, de sabor delicado y exquisito.



Recuerden también que las tartas caseras son una magnífica solución para los días de intenso calor cuando nos queremos mantener alejados de la cocina, o para llevar al trabajo o el colegio como un almuerzo nutritivo y práctico.



Espero que la receta los tiente y prueben esta versión de tarta con masa casera al pimentón ahumado porque es riquísima y verán como, poco a poco, la tarta se desvanece delante de sus ojos sin dejar siquiera las migas (por lo menos eso pasa en casa cuando la preparo).

Les deseo una excelente semana. Espero que sean muy felices, experimenten en la cocina y disfruten con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!