jueves, 17 de abril de 2014

Salsas bien argentinas: Chimichurri y Salsa criolla {Reto Cocinando por el mundo}

Hablar de la gastronomía de mi país (Argentina) es un poco hablar de sus raíces, de las influencias que llegaron de la mano de los inmigrantes, de los platos regionales, de una cultura gastronómica rioplatense (en especial, para los que vivimos en Buenos Aires; mucho más aún en la capital o el conurbano). Es hablar de su gente y de sus productos. A algún desprevenido le puede parecer tarea simple porque uno de los clichés que nos acompañan por el mundo es que somos un país de carnes (no en vano el gaucho más emblemático, el Martín Fierro, recita: "Todo bicho que camina va a parar al asador"). Es verdad, aquí se asan novillos y terneros, cerdos, corderos, chivitos, pescados, pollos, conejos, liebres, venados, ñandúes, llamas, mariscos, yacarés, y la lista sigue... Pero, también se cocinan guisos típicos de determinadas regiones con productos que ya empleaban los pueblos originarios, empanadas que llevan el sello de cada provincia con su característica peculiar (si incluyen o no pasas de uva, si tienen el toque dulce del azúcar, si la carne se corta a cuchillo, con más o menos picante, si incorporan papas o no...), alfajores que - al igual que las empanadas - varían masa y relleno según la provincia a la que representen (con cayote, de frutas, dulce de leche, con baño glasé o de chocolate...). Es hablar también de una gastronomía ecléctica, cosmopolita, abundante en productos de todas partes del mundo (a veces tantos que priman por encima de los que son más nuestros).

Entretanto, desde hace un buen tiempo (por fortuna), algunos de los cocineros/chefs más reconocidos del país, así como muchos de los más jóvenes, han decidido volver su cocina hacia los productos y las técnicas más básicas y representativas de nuestra gastronomía autóctona-regional. Así se vienen revalorizando semillas como la chía, la quinua/quinoa y el amaranto, los papines andinos y los sureños, los productos del mar austral; los cayotes, la mandioca, el yacón, la tuna y la algarroba norteños, las algas que se desarrollan exclusivamente en la costa patagónica y el extremo más austral del país; los mangos, las guayabas, las maderas comestibles y los maracuyás de la Mesopotamia. Una verdadera fiesta para los sentidos y el corazón...

Y es curioso como, por estos días, hay muchos especialistas e involucrados que están intentando definir, delinear y describir la actual cocina argentina con todas estas variantes: las inmigraciones europeas y las más actuales desde países vecinos o regiones distantes como el Extremo Oriente y el corazón mismo del África, la cocina de los antepasados y los pueblos originarios con sus recetas y sus técnicas de cocción, la revalorización de los productos regionales con la excelencia intrínseca que los caracteriza, las influencias de la cocina europea de los últimos siglos...




Podría seguir escribiendo un rato largo todavía, pero no quiero aburrirlos más. Por ello, hoy, desde la tierra de la carne asada (Jajaja El paraíso para una vegetariana, como se imaginarán) les propongo dos recetas de salsas o aderezos muy típicos. Nacieron para acompañar carnes a la parrilla (sea durante la cocción o como acompañamiento de la carne ya cocida), pero actualmente - y muy a pesar de los más fundamentalistas del asado - los empleamos también para aderezar y ponerle sazón a los vegetales a la parrilla (o al horno). Son facilísimas de preparar y aportan mucho sabor a la comida.

Primero, el clásico Chimichurri. Se trata de un aderezo/salsa, más o menos espeso, con el que se pintan, marinan o bañan los productos que se llevan a la parrilla antes y durante su cocción para que vayan tomando más sabor. En muchos casos, además, como se lleva a la mesa, también se condimenta el producto ya cocido antes de comerlo. Puede prepararse con hierbas frescas o secas y casi se puede decir que - aunque tiene una serie de ingredientes indispensables - toda familia o parrillero que se precie de tal cuenta con su propia receta (con sus secretos muy bien guardados).

Aquí les dejo los ingredientes de mi versión de Chimichurri.




En un bol colocá 1 cucharada de orégano (fresco y picado o seco), 1 cucharada de ají molido, 1 cucharada de pimentón (dulce o ahumado), 1 cucharada de tomillo (fresco y picado o seco), 1 taza de perejil (seco o fresco y picado; en su lugar puede usarse cilantro), 1 hoja de laurel, 1/2 cucharada de ajo deshidratado (o 6 dientes de ajo picados), 1/2 cucharada de sal y pimienta a gusto.




Mezclá bien los ingredientes e incorporá 1 taza de jugo de limón (la receta original utiliza vinagre de vino) y 1 taza de aceite. Integrá bien todo hasta obtener una preparación homogénea.




Llevá la mezcla a la heladera por algunas horas o (mucho mejor) de un día para el otro antes de utilizarla.

Con este adobo podés preparar estas deliciosas Papas asadas al Chimichurri:

Para ello, lavá muy bien las papas con un cepillo para quitarles cualquier resto de tierra (las vamos a cocinar con cáscara porque son mucho más sabrosas; pero, si no te gusta, podés pelarlas como de costumbre). Cortalas en forma de cuña y disponelas sobre una asadera. Pincelalas, untalas o bañalas en la salsa y llevalas a cocinar a un horno bien fuerte.




En pocos minutos quedarán unas papas muy sabrosas, ideales para acompañar cualquier plato o convertirse en actrices principales de tu cocina. Antes de servirlas podés bañarlas o pintarlas nuevamente con el Chimichurri o podés llevarlo a la mesa para que, quien lo desee, agregue más a su plato.

Con esta misma técnica, podés preparar cualquier verdura asada en parrilla o al horno, obteniendo siempre muy buenos resultados (berenjenas, zucchinis, zapallitos, cebollas, espárragos, batatas/boniatos, tomates, champiñones...). 

Eso sí, si las vas a cocinar en el horno es importante cuidarlas bien para que las hierbas no se quemen y malogren la receta. Por ello, si se trata de alimentos que requieren de cocciones muy prolongadas, lo mejor será que vayas añadiendo este adobo/aderezo a mitad del proceso.



El Chimichurri puede conservarse perfectamente en la heladera por 1-2 semanas al guardarlo en frascos bien lavados y esterilizados, procurando que siempre quede cubierto por aceite. Si empleás vinagre en tu receta durará unas 3 semanas y si esterilizás (o pasteurizás) los frascos una vez envasados, lograrás que perdure hasta por 6 meses en la heladera.




La versión tradicional gaucha de este aderezo incluye hierbas secas hidratadas en salmuera tibia, pero con esta receta se obtienen resultados muy buenos sin mayores complicaciones.

Según cuenta la historia (y hay que tomarla como eso, una historia), el Chimichurri nació en el siglo XIX de la mano de un comerciante inglés o irlandés llamado Jimmy Curry (hay versiones en las que figura como James McCurry) que había llegado a estas tierras, interesado en importar nuestras carnes al Reino Unido. Para agasajarlo, lo llevaron a comer un asado criollo a una de las tantas estancias de la provincia de Buenos Aires. El visitante agradecido ofreció a sus anfitriones un aderezo para acompañar la carne asada, similar a la salsa Worcestershire, gustándole tanto a los comensales que, desde allí en más, comenzaron a prepararlo de acuerdo a la receta original del señor Curry. Así, se fue transmitiendo la fórmula del aderezo de Jimmy Curry (traducido al paisano como "Yimi Curri")... Finalmente, y de tanto repetirlo, "yimicurri"-"yimicurri"-"yimicurri" terminó transformado en un vocablo más folklórico: Chimichurri, nombre con el que se perpetuó en nuestra historia gastronómica hasta hoy en día.




Otra salsa/aderezo muy popular a la hora de asar algo en la parrilla (de leña, de carbón o de gas) es la Salsa criolla que, más bien, se utiliza como un complemento al momento de servir más que al de cocinar.

 


Aquí están los ingredientes que necesitarás para realizar mi versión de esta práctica salsa.



Lavá muy bien los vegetales y cortalos en brunoise (pequeños cubitos). 

Entonces, en un bol colocá 1/2 morrón rojo, 1 cebolla, 1-2 tomates pelados y sin semillas y 1/2 pimiento verde.




Luego, añadí el jugo de 1 limón (la receta original incluye vinagre de vino o de vino tinto) y 125 cc. de aceite. Mezclá muy bien e incorporá sal, pimienta y 1 cucharadita de ajo deshidratado (o 1-2 dientes de ajo picados).




Macerá la salsa por 24 horas en la heladera antes de consumirla, guardándola en frascos esterilizados. Bien cubierta por la mezcla de aceite y vinagre puede llegar a conservarse hasta por 6 meses (si pasteurizás los frascos de la conserva una vez envasados).




Con este aderezo podés acompañar unas deliciosas Brochettes/Brochetas de vegetales:

Antes que nada, poné en remojo los palitos de brochette siempre que sean de madera. Con este simple procedimiento evitarás que se quemen en el horno o la parrilla al momento de cocinar la receta.

Disponé en cada uno de los palitos de brochette una porción de vegetales: ají morrón, berenjena, zapallito, zanahoria, cebolla, ají verde, hinojo (también pueden ser champiñones, batatas/boniatos, coliflor, brócoli, calabaza, choclo/maíz, tomate...).

Si vas a utilizar algunos vegetales que requieren de una cocción prolongada (la zanahoria, por ejemplo), lo mejor será que los precocines por algunos minutos al vapor o hirviéndolos. De ese modo, todas las hortalizas estarán listas al mismo tiempo.




Disponé las brochettes sobre una placa para horno, rociada con aceite en aerosol. Llevalas a un horno fuerte hasta que los vegetales estén cocidos, algo crujientes y tostados (unos 20-25 minutos aproximadamente).

Aunque la Salsa criolla es un aderezo más apto para acompañar que para adobar la comida antes de su cocción, yo baño las brochettes con algo de la salsa antes de cocinarlas porque me gusta mucho el sabor que les aporta (cuestión de gustos, diría mi abuela).




Una vez listas para servir, disponé la Salsa criolla junto con las brochettes para que cada comensal condimente su porción con esta salsa, aportando matices de sabor, perfume y contraste bien interesantes.




Hoy les traje a la mesa dos clásicos de la cocina tradicional argentina (y dos opciones para utilizarlos) en este recorrido que nos propone María en su Reto Cocinando por el mundo que pueden prepararse en muy pocos minutos, generando (con escasos ingredientes y sin procesos complicados) aderezos/salsas/adobos bien apetitosos e ideales para marinar, cocinar o condimentar carnes de todo tipo (por si no son vegetarianos) y recetas de vegetales a la parrilla o el horno con mucho sabor, textura y perfume.

Espero que les hayan gustado, los prueben y los disfruten.

¡Les deseo una excelente semana! Que la pasen muy bien, experimenten en la cocina y sean felices. Hasta la próxima. ¡Felices Pascuas!


jueves, 10 de abril de 2014

Panqueques de avena y anís

Mañana de domingo. Excusa perfecta para asomar la nariz por entre las sábanas un ratito más tarde de lo habitual. Entonces, la ocasión amerita un desayuno a lo grande, con mucho sabor, perfume y nutrientes.
  
Hoy preparamos unos panqueques súper simples, pero riquísimos. Con una vuelta de rosca para incorporar (una vez más) avena en nuestras recetas.

Panqueques (así les llamamos en gran parte de América - ahora, hasta incluido y aceptado por la Real Academia Española -), waffles (versión anglosajona), gofres (variante de origen belga), panquecas, crépes (versión bretona/francesa), crepas... Varias maneras distintas para designar a esas riquísimas tortitas, más o menos gordas, realizadas en moldes o sartén acorde, de masa de harina, huevos y leche, con algún que otro aditamento.

Pues hoy, nos damos una panzada de panqueques (o como los llamen por allí) de avena y anís que nos dejarán felices por el resto del día. Así, verán, vale la pena empezar un domingo (o cualquier día de la semana).




En un ratito, podés preparar una pila alta de panqueques livianos y muy sabrosos para disfrutar con tu familia o para deleitarte solo (que también se puede y está bien visto). Aquí los ingredientes:




Para comenzar, colocá en un bol 3/4 taza de harina de avena (si no tenés, podés procesar copos de avena hasta convertirlos en harina), 3/4 taza de harina integral fina y 3/4 taza de harina leudante (aquella que incluye los agentes de fermentación o leudado), tamizadas junto con una pizca de sal. Añadí 2 cucharadas colmadas (generosas) de semillas de anís y 2 cucharadas (también generosas) de azúcar integral. Mezclá bien para integrar todos los ingredientes secos. Entonces, realizá un hueco en el centro de la mezcla y agregá 2 huevos batidos y 1 y 1/2 taza de leche (descremada, en mi caso).




Mezclá muy bien con batidor de alambre para unir todos los ingredientes, procurando que no quede ningún grumo.

Dejá descansar la masa (por eso es una receta ideal para arrancar el día con mucha energía y sabor: realizás la masa la noche anterior y a la mañana sólo queda prepararlos...) por una media hora aproximadamente antes de utilizarla.




Calentá una sartén, panquequera o goffrera. Si es antiadherente, no necesitará de ningún medio graso para que no se pegue la masa durante la cocción; si es una sartén común, podés rociarla con rocío vegetal entre panqueque y panqueque (o después de un par de ellos, a lo sumo) o pintarla con manteca pomada/blanda.




Verté la preparación por cucharadas, haciendo que se extienda por toda la base del recipiente que emplées para realizarlos y cociná cada pieza por unos 2 minutos de cada lado (si te gustan algo gorditos como a mí), a fuego medio.

Si los hacés muy finitos, en cuanto comienzan a dorarse y separase los bordes del fondo, voltealos para completar la cocción del otro lado.




Servilos tibios, acompañados de miel (orgánica, la de tu preferencia: monoflorales, de eucaliptos, lavandas, girasoles, cítricas...), mermeladas caseras, quesos crema, compota de frutas o fruta fresca.

Con cualquier acompañamiento, siempre, son una fiesta para los sentidos.




Algunas recomendaciones y observaciones finales: Con estas cantidades se obtienen unos 10 panqueques más o menos gorditos de unos 15 centímetros de diámetro.

Si no tienen harina de avena, como ya les indiqué antes, pueden prepararla procesando los copos de avena. También pueden utilizar germen de avena en lugar de harina de avena.

En lugar de harina leudante, pueden emplear harina común, con el añadido de 2 cucharaditas de polvo para hornear.





Si no cuentan con tazas medidoras de pastelería para medir con exactitud las cantidades de la receta, pueden utilizar una taza o tazón propio (siempre el mismo y respetando las cantidades que se indican en la receta) para reemplazarlas.

Se puede reemplazar la leche de origen animal por la leche vegetal de tu preferencia (avena, almendras, arroz, sésamo/ajonjolí, coco...).




Quedan unos panqueques bien esponjosos, perfumados por el anís y livianos por la avena. Además, al sumarle una rica miel pura, orgánica, libre de químicos, diluyentes y colorantes, convertimos este desayuno en una celebración y en una comida rica en nutrientes: prótidos (proteínas), ácidos y sales minerales.

Espero que mi propuesta los tiente lo suficiente como para que decidan probarla. 

Les deseo una excelente semana. ¡Experimenten en la cocina y sean muy felices! Hasta la próxima.


jueves, 3 de abril de 2014

Pan rústico de aceitunas

Ya lo dice el refrán popular: "Con pan y vino se anda el camino". Bien, mi propuesta de hoy incluye el pan, también el queso (como ven en la fotografía, un queso Fontina artesanal para chuparse los dedos) y hasta las aceitunas verdes que vienen en el pan (¡No me digan que no es bien práctico!). Eso sí, el vino y el camino (propio) lo irán construyendo cada uno de ustedes...

Este pan es especial para quien tiene miedo a los panes porque no lleva levadura (que a veces aparece como el ingrediente más temido de la cocina), para quien no tiene mucho tiempo y quiere comer algo bien sabroso porque se hace en un santiamén y es muy rico, para quien quiere probar nuevos sabores o presentar a la mesa nuevas propuestas sin muchas complicaciones porque tiene un gustito muy particular y es bien húmedo, esponjoso y tierno.




Con pocos elementos (pero, muy sabrosos) pondremos en la mesa un pan rústico, gustoso e ideal para acompañar picadas con reunión de amigos. Estos son los ingredientes:




En un bol, con batidor de alambre, batí 1 huevo grande junto con 1/2 taza de aceite neutro (o de oliva para acentuar más el sabor) y 1 yogur natural. Añadí 2 cucharadas de cebolla de verdeo deshidratada (o fresca), 2 cucharaditas de sal (no es necesario utilizar más porque las aceitunas ya son saladas), 1 cucharadita de pimienta recién molida y 1 cucharadita de nuez moscada recién rallada.




Luego, con espátula, incorporá de manera alternada 1 taza de harina leudante, tamizada junto con 2 cucharaditas de polvo para hornear, y 1 taza de harina integral extra fina orgánica.




Si fuera necesario porque la preparación lo requiriese, añadí 2 cucharadas de agua potable tibia.

Por último, incorporá 1/2 taza de aceitunas verdes picadas (pueden ser negras, si lo preferís).




Integrá muy bien todos los ingredientes. No te preocupes si la masa obtenida resulta bastante compacta, aunque maleable, porque esa es su consistencia. 

Sin amasarla, volcá la preparación en un molde con rocío vegetal o ligeramente enaceitado y cociná en horno precalentado a 200°C por 40-45 minutos.




El resultado final será un pan rústico, tierno, bien esponjoso y húmedo, con mucho sabor a aceitunas.




Ideal para acompañar con algún queso artesanal sabroso y algo picantito, para prepararte un sándwich apetitoso, para untar con quesos crema saborizados o patés vegetales. Compañero de picadas/tapas/botanas con amigos o integrante gustoso de una mesa de quesos, este pan (con cero complicaciones a la hora de prepararlo) puede lucirse por sí solo con muy pocos ingredientes como acompañamiento.




Observaciones y recomendaciones finales: Como ya les indiqué, pueden emplear tanto aceitunas verdes como negras para preparar este exquisito pan.

Pueden utilizar sólo harina integral fina, en lugar de combinarla con harina blanca. En ese caso, deberán usar 3-4 cucharaditas de polvo para hornear, para ayudar a levantar la masa.

Espero que se animen a prepararlo porque estoy segura que este pan rústico les gustará mucho por su sabor, humedad y sencillez a la hora de poner manos a la masa.

Nos encontramos la semana que viene. ¡Disfruten mucho, experimenten en la cocina y sean muy felices!


miércoles, 26 de marzo de 2014

Espuma de naranjas (o cómo festejar la llegada del otoño y de la primavera al mismo tiempo)

Este mes, el Reto de Cocineros del Mundo en Google+ es Recetas que anuncian la primavera para celebrar, así, el Primer Aniversario del Reto (Que no es poca cosa, digo yo). Pues bien, aunque en esta parte del mundo (recuerden que vivo en el hemisferio sur) se está instalando, poco a poco, el otoño con sus ritmos propios, su cadencia y sus recetas algo más consistentes, no puedo - ni quiero, claro - faltar a este hermoso festejo: porque el reto, sus organizadores y la comunidad misma son un encanto y me la paso fantástico cada vez que participo, y porque la primavera siempre resulta inspiradora a la hora de crear...

Entonces, aquí estoy (¡Cómo iba a faltar a semejante acontecimiento!): Con esta receta participo en el 1º Aniversario del Reto de Cocineros del Mundo. ¡¡Por muchos años más!!


http://cocinerosdelmundodegoogle.blogspot.com.es/2014/03/1-aniversario-del-reto-de-cocineros-del.html



Las naranjas, jugosas y carnosas, son más bien identificadas con el invierno por eso de la vitamina C que nos ayuda a combatir resfriados, alergias y gripes. En cambio, las frutillas ya nos anuncian la primavera con solo mirarlas. Por ello, decidí reunirlas en un mismo postre para despedir el invierno y darle la bienvenida a la primavera (en el hemisferio norte). 
 



En tanto, para nosotros (quienes vivimos en el hemisferio sur) este postre nos permite conjugar dos frutas deliciosas en una receta simple y exquisita para disfrutar de un final de verano a toda fiesta.

Les dejo el listado de ingredientes para que se animen a festejar conmigo la llegada de la primavera-el otoño a nuestras vidas.



Nos ponemos a cocinar...

Remojá 1 cucharada colmada de gelatina en polvo sin sabor (o neutra)* en 1/4 de taza de agua fría (60 ml).




Aparte, rallá la cáscara de 2 naranjas (puede ser 1 naranja XL) y agregale su jugo, colándolo para que no queden restos de pulpa. Colocá estos ingredientes en una ollita e incorporá 4 yemas, una pizca de sal y 1/2 taza de azúcar.

Llevá a fuego bajo, revolviendo constantemente, cuidando que no llegue a romper el hervor porque se cortaría. Entonces, añadí la gelatina remojada (que debe haber formado un gel uniforme, copiando el recipiente donde fue colocada) y continuá revolviendo para disolverla muy bien. Retirá del fuego y reservá.




Aparte, batí 4 claras a nieve junto con una pizca de sal. Agregá de a poco, y sin dejar de batir, la 1/2 taza de azúcar restante.




Poco a poco, mientras continuás batiendo con batidora eléctrica, verté sobre las claras bien montadas el batido de jugo de naranjas, yemas, azúcar y gelatina.  Batí con energía para lograr una textura bien aireada (similar a la de una mousse). 

Luego, volcá la mezcla obtenida en vasos, copas o frascos (recordá que deben estar bien limpios y esterilizados).




Llevá a la heladera para que solidifique. Algunas horas antes de servir, decorá con frutillas en rodajas y gajos de naranja pelados a vivo/pelados a lo vivo/pelados en vivo (con cuchillo se pela la naranja, quitándole los polos y, acompañando la forma de la fruta con el cuchillo, se la deja sin nada de su cáscara/piel; entonces, se corta cada gajo, resguardando la carne/pulpa de la fruta y desechando el hollejo).




Este final de comida hará las delicias de familia e invitados con su frescura, sabor bien marcado a naranjas y su sencillez. Cucharada a cucharada irá conquistando hasta los paladares más exigentes en una receta apta para cocineros principiantes, avanzados y aficionados. 

Además, al prepararlo en frascos (con tapa) podemos llevarlo a picnics y salidas de campo sin inconvenientes, disfrutando al  aire libre de un exquisito postre.




La textura o consistencia final de este postre deberá quedar bien aireada como si se tratara de una espuma (de allí su nombre). Eso se logrará con unos cuantos minutos de batidora eléctrica, nada más.
 



Si querés preparar un postre capaz de provocar en los comensales suspiros de aprobación, aunque no tengas mucha maña en la cocina, éste es el indicado. Te lo aseguro; no te vas a arrepentir.

Observaciones finales: *Una cucharada colmada de gelatina en polvo sin sabor (o neutra) equivale a unos 9 gramos de dicho producto.

En lugar de utilizar naranjas se puede realizar con limones, mandarinas o pomelos.

Además de fruta fresca para decorar o acompañar el plato, puede emplearse praliné o crocante de frutos secos; en la variación de texturas se obtendrá un enriquecimiento de la receta.




Espero que se animen a probar este postre porque en verdad es delicioso, bien fresco, ideal para terminar una comida con un plato liviano y algo digestivo. 

En casa les encantó a todos; quedaron enamorados de su textura suave, bien aireada y tersa.

Les deseo una hermosa semana. ¡Experimenten en la cocina y sean felices!



jueves, 20 de marzo de 2014

Torta espolvoreada (o Streuselkuchen, como se llama en Alemania) {Reto Cocinando por el mundo}

Hace algunas semanas, María Prado Díaz del blog Mis pequeñas delicias (tómense un ratito de tiempo para visitarlo, por favor) me invitó a participar de su Reto Cocinando por el mundo que consiste en viajar por el mundo a partir de las recetas típicas de cada país. Como viajar y cocinar son dos de mis (tantas) pasiones, la idea me entusiasmó apenas la conocí. Sin embargo, como estoy complicada con asuntos familiares no quería comprometerme a realizar algo que después no podría llevar adelante... Pero, aquí estoy - por eso de que las pasiones tiran - presentándoles mi receta para el reto de marzo que está dedicado a la cocina alemana. De modo que, con pasaporte en mano y receta de la tía Hilda (quienes me siguen hace algún tiempo, ya saben que es mi tía alemana) me preparo para presentarles la primera receta de cocina alemana que me enseñó ella.




Desde pequeña he comido esta torta en casa de mis tíos y de mis abuelos postizos del campo (aunque no eran alemanes, mi abuela Elina cocinaba muchas recetas de pastelería alemana, austríaca, húngara y suiza cada vez que los visitaba. Sí, lo sé. He tenido una infancia muy triste, ¿verdad?... Jajaja). Por esa razón, apenas empecé a cocinar, pedí la receta para preparar esta torta de textura arenosa, sabor dulce delicado, y con una cubierta algo crocante y granulada.

Aquí dejo los ingredientes para que empiecen a tomar nota. Con el correr de los años, le he realizado una pequeña modificación a la versión original porque no puedo con mi genio y porque, así, me parece algo más liviana. Eso sí: pastelería alemana y dieta hipocalórica no son términos compatibles. Avisados están...




"Streuselkuchen", tal es el nombre de esta torta en alemán, significa algo así como "Torta espolvoreada" porque el streusel - al igual que el crumble inglés - es la cobertura arenada compuesta por manteca fría, harina y azúcar que se utiliza para cubrir pasteles frutales, tortas y muffins o magdalenas.

Comenzamos con la preparación que no tiene mayores complicaciones, ya verán.

En un bol, con batidor de alambre, batí enérgicamente 100 gramos de manteca derretida junto con 1/3 de taza de azúcar (unos 65 gramos). Luego, incorporá 1 huevo (de campo o pastoril) y continuá batiendo hasta lograr una crema suave.




Aparte, tamizá 1 taza de harina leudante (la que contiene agentes de leudado o fermentación incorporados) - que equivale a unos 120 gramos de este ingrediente - junto con 1 taza de harina integral fina, una pizca de sal y 3 cucharaditas de polvo para hornear.

Poco a poco, intercalando con 8 a 10 cucharadas de leche (en mi caso, descremada; la cantidad de leche dependerá de la absorción de las harinas), incorporá los ingredientes secos a la mezcla de azúcar, manteca y huevo. 

Integrá muy bien hasta obtener una crema homogénea y algo densa. Volcala sobre un molde enmantecado y enharinado.





Llegó el momento de preparar el streusel o arenado para cubrir la torta. No lo realices con anticipación para que la manteca no pierda el frío.

En un bol, mezclá 1/3 de taza de azúcar (unos 65 gramos) con 1 cucharadita de canela en polvo y 1 taza de harina leudante (unos 120 gramos). Luego, agregá 80 gramos de manteca fría




Con un cornet de panadería (o un tenedor) integrá todos los ingredientes hasta lograr un arenado algo grueso. Entonces, y sólo entonces (para no trasmitirle antes el calor de nuestras manos a la manteca), restregá la mezcla obtenida entre tus manos para lograr un arenado más pequeño y uniforme.

Cubrí la superficie de la torta con el streusel y llevá a cocinar en un horno precalentado a 200° C por unos 30 minutos o hasta que la cubierta se encuentre dorada y la masa resista la prueba del palillo.





Dejá que enfríe y cortá la torta en cuadrados o rectángulos, según tu gusto.

Como ya advertí, la torta no es muy light por naturaleza; sin embargo, al prepararla con harina integral fina se vuelve algo menos pesada (además, pueden ver en las fotografías que la masa queda bien aireada gracias al batido).




 
Elina, mi abuela postiza de quien les hablé al principio de este post, preparaba una variante de esta torta que también es muy rica y, por eso, me parece oportuno transmitírselas: Una vez que vuelcan la mezcla de masa en el molde elegido, pueden incorporar por encima una capa abundante de mermelada de ciruelas, finalizando la torta con el tradicional streusel. Les garantizo que esta inclusión aporta mucho sabor a la torta. Si pueden, pruébenla porque no quedarán decepcionados en absoluto.




En fin, creo que esta torta es una excusa perfecta para animarse a probar los sabores de la pastelería alemana sin muchas complicaciones. Sé muy bien que es una preparación muy divertida para realizar con los más chicos de la casa o con los adolescentes entusiasmados por la cocina, porque no presenta mayores inconvenientes y los resultados son siempre buenos.


Espero les guste mi propuesta y la realicen para viajar en sabores y perfumes hasta Alemania, de la mano de una de sus tortas típicas.


Antes de despedirme, les recuerdo que hoy es el Día Mundial sin Carne. Una iniciativa propuesta desde 1985 por distintas asociaciones vegetarianas. ¿El propósito? Reflexionar sobre el maltrato animal que involucra a la industria de la carne y el daño al medio ambiente. Además, considerar los beneficios para la salud de una dieta basada en frutas, verduras y cereales. 




En este blog somos partícipes y entusiastas de esta inicitiva todo el año. Por ello, en especial hoy, les dejo algunas opciones exquisitas para tener un Día sin Carne:

Hamburguesas de lentejas y mijo con papines (o papas) a la crema de queso y verdeo.

Vegetales salteados al wok.

Paté de morrón.

Lasaña de vegetales.

Rumbledethumps.

Paté de tomates secos.

Budín de zucchinis y ricota.

Tortilla de harina de garbanzos y vegetales.

Ñoquis de calabaza con salsa de brócoli.

Paté de hongos Portobello.

Quiche (sin masa) de brócoli, choclo y queso Brie.

Zucchinis rellenos.

Hamburguesas vegetarianas de garbanzos


Ahora sí... Gracias por acompañarme otra semana. Hasta la próxima receta. ¡Experimenten en la cocine y disfruten de la vida!