jueves, 28 de agosto de 2014

Pan de papa y hongos

Los panes de papa/patatas (en sus distintas versiones: a base de puré, copos deshidratados, harina o fécula) son bastante frecuentes en las culturas que nacieron y crecieron junto a estos tubérculos (incas, mapuches y otros pueblos primitivos americanos que se afincaron en territorio andino) o de aquellos pueblos en los que la papa/patata fue introducida luego de la colonización europea de América, convirtiéndose en uno de los alimentos básicos de sus dietas. Así, encontramos el milcao (de la cocina mapuche), el chapalel (de la cocina chilota), el kartoffelbrot (alemán), el okrągły chleb kartoflany (polaco), el burgonyàs kenyèr (húngaro)... De hecho, la cocina de Europa Central se nutre y enriquece de este sabroso tubérculo que tiene miles de variedades mundiales, encontrándose en ella varias versiones (más o menos parecidas) de panes con este ingrediente.




Hoy les propongo preparar un pan cuyo protagonista destacado es la papa/patata; pero, que además contiene hongos y harina integral. Esta preparación surgió de una receta tradicional de pan que le vi preparar a mi tía Olga (bielorrusa, como ya lo saben). Como no puedo con mi genio (o como lo quieran llamar), realicé algunas pequeñas modificaciones, respetando a rajatabla - eso sí - las técnicas y procedimientos que ella me explicó oportunamente (entre ellos, el particular y divertido formato de este pan).

¡Casi me olvidaba! Es que con las complicaciones varias y de salud que tuve por estos días, por poquito quedo fuera del Reto de agosto de Cocineros del Mundo...



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Esta es la lista de ingredientes para realizar este delicioso, sencillo, húmedo y original pan.




¿Nos ponemos a trabajar? En un bol disponé 2 tazas y media de harina 000, 1 taza y media de harina integral fina, 1 cucharadita de sal, 1 cucharadita de azúcar y 2 cucharadas de leche en polvo. Mezclá bien e incorporá 10 gramos de levadura seca instantánea.




Integrá muy bien y agregá 1 taza de puré de papas tibio (las papas cocidas al vapor - mejor si, al cocinarlas, conservan su cáscara - y el puré sin ningún tipo de condimento) y 1/2 taza de hongos secos hidratados y bien picados.




Con cornet (espátula de panadería/pastelería) o tenedor mezclá para incorporar estos nuevos ingredientes. Luego, comenzá a añadir agua tibia según lo requiera la masa (el total de agua a utilizarse es 380 cc., pero - como siempre - dependerá de varios factores que la masa requiera de esta cantidad o de ligeros cambios en ella).

Integrá en el mismo bol hasta obtener un bollo y, sobre mesa ligeramente enharinada, comenzá a amasar.




Amasá por unos 10 minutos para activar el gluten, golpeando y estirando la masa hasta obtener un bollo de textura lisa y homogénea.




Entonces, disponé el bollo en el mismo bol de amasado sobre una base de harina, pincelalo con aceite y cubrilo con papel film. Dejalo descansar en un lugar tibio, alejado de corrientes de aire y de calor fuerte, durante 1 hora.




Pasado ese tiempo, desgasificá la masa sobre la mesa de trabajo ligeramente enharinada y amasá el bollo por algunos minutos más.





Con las manos, cortá porciones de masa y formá pequeños bollos de un tamaño similar y parejo como para cubrir una tortera (en mi caso, 9 bollos para una tortera de 25 cm. de diámetro).




Disponé los bollos de masa en la tortera enmantecada o enaceitada, dándoles forma de flor. La manera más práctica es colocar el bollo del centro y luego los que lo rodean, alternando entre aquellos que, por su ubicación, se encuentran enfrentados u opuestos entre sí.

Luego, hacé ligera presión con los nudillos en cada uno de los bollitos y cubrí el molde con papel film para dejar que leven hasta alcanzar el borde del molde.




Por último, humedecé la cubierta con agua y espolvoreá con semillas de sésamo/ajonjolí (blanco, integral y negro) y de girasol.

Cociná en horno precalentado a 180° C por 35-40 minutos o hasta que esté dorado.




Al sacar del horno, dejá que el pan repose por unos 10 minutos para que los vapores de la cocción faciliten el desmoldado. Luego de desmoldarlo, dejá que enfríe por completo sobre una rejilla.




Observaciones y recomendaciones finales: Las papas que utilicen para realizar el puré es conveniente que conserven su cáscara al momento de cocinarlas para, así, garantizar que el puré quede con suficiente firmeza; más aún, si el método de cocción elegido es el hervor.

Los hongos secos de la receta pueden ser reemplazados por tomates secos hidratados, por ciboulette o cebolla picadas y rehogadas (o crudas, si lo prefieren), por orégano fresco o seco, o por la hierba o el conjunto de hierbas que prefieran.

Las semillas para espolvorear el pan pueden reemplazarse por las de su agrado: lino/linaza, quinua, amaranto, chía...

Este pan se conserva en perfectas condiciones por varios días en la heladera, en recipiente hermético.




Con esta receta obtendrán un pan con muy buena miga, húmedo y esponjoso, de sabor neutro e ideal para acompañar una tabla de quesos (tradicionales o veganos), patés vegetarianos o sándwiches caseros.




Espero que prueben este pan porque es muy sabroso y fácil de realizar (apto para todos: aprendices y expertos). 

Nos reencontramos la próxima semana. Deseo que sean muy felices, disfruten experimentando en la cocina y pasando tiempo con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!


viernes, 15 de agosto de 2014

Tarta de cebolla, hongos Portobello y quesos (Fontina, Sardo, Mozzarella y Azul) en masa de pimentón ahumado

Las tartas son siempre una solución práctica a las clásicas preguntas ¿Qué cocinamos/comemos hoy? En cualquier época o estación del año pueden sacarnos de un apuro, convirtiéndose en un plato completo, sano, nutritivo y sabroso, sin aportarnos demasiadas calorías extra (que nos importan mucho a la hora de querer bajar esos kilitos rebeldes). Antes o después de la playa, como final de una jornada de trabajo agotador, en verano, en invierno o como recurso de emergencia nos salvan del delivery, con pocos minutos de trabajo y la sensación cierta de que comemos algo casero con ingredientes y calidades que escogemos nosotros mismos. 

Productos de calidad, harinas integrales, semillas y algunos pocos condimentos se unen  para darle forma a una señora receta deliciosa y bien práctica. Hoy cocinamos una tarta con masa casera (sabor a pimentón ahumado), rellena de cebolla, hongos Portobello y 4 quesos.




Con ustedes, la lista de ingredientes para poner manos a la masa y disfrutar en pocos minutos de esta receta.




Primero, realizaremos la masa. Ya les enseñé a preparar varias recetas de masa (y muchas más de rellenos de tartas saladas) que pueden utilizar en esta receta si así lo prefieren: Tarta de espárragos (receta de masa y relleno aquí), Tarta de choclo/maíz (receta de masa y relleno aquí) y Tarta de cebolla, tomates cherry y quesos (receta de masa y relleno aquí). Sin embargo, la particularidad de mi propuesta de hoy es el sabor a pimentón ahumado que contiene la masa, acompañando de mil maravillas a la cebolla, los hongos y los quesos.

La verdad sea dicha: Cada vez que puedo preparar una tarta que no exige una tapa de masa para cubrirla porque el relleno así lo permite, sin utilizar ligues pesados ni cremas, no lo pienso dos veces. Por eso, si se fijan en mis tartas, verán que la mayoría de mis propuestas son con masa simple (por así decirlo). Jajaja ;D

Bien, comenzamos, entonces, con la preparación: Para ello, disolvé en un bol 1 cucharadita de sal y 1 cucharadita de pimentón ahumado (podés reemplazarlo por pimentón dulce o páprika) en 200 cc. de agua tibia. Luego, añadí 1/2 pocillo de aceite neutro. Poco a poco, incorporá de a cucharadas unos 150 gramos de harina integral fina y unos 180 gramos de harina leudante (la que ya contiene agentes de leudado), intercalando entre ellas. Estas cantidades de harina pueden tener ligeras diferencias de acuerdo a varios factores (chequeá las Observaciones y recomendaciones finales de esta receta).

Para formar el bollo, podés unir todos los ingredientes ayudándote con un cornet (espátula de panadería/pastelería) y luego, con las manos, amasá con cierta energía para activar el gluten. Una vez formado el bollo (deberá quedarte liso y suave) podés dejarlo descansar una media hora en la heladera o en el mismo bol, cubierto por un lienzo, mientras preparás el relleno de esta exquisita tarta.





Para el relleno, rehogá en 1 cucharada de aceite de coco 2 cebollas grandes cortadas en juliana y 200 gramos de hongos Portobello cortados en láminas finas. No condimentes ni remuevas estos ingredientes una vez dispuestos en la sartén para que los hongos no suelten todos sus jugos (recordá que están formados en un 90% de agua) y malogren la receta. Pasados unos minutos, cuando las setas ya estén algo doradas, condimentá con sal, pimienta, orégano y nuez moscada a gusto. Retirá del fuego e incorporá 2 cucharadas generosas de ciboulette/cebollino francés/cebollín picada. Mezclá y reservá.

Para armar la tarta, si dejaste descansar la masa en la heladera, deberás primero amasarla un poco para dispersar el frío de manera pareja. Luego, ayudándote con un palote/rodillo, la extenderás hasta dejarla del grosor deseado (a mí me gusta que quede fina o más bien fina) y la dispondrás sobre el molde que utilizarás para cocinar la tarta, previamente rociado con rocío vegetal.

Ahora, disponé el relleno de cebolla, hongos Portobello y ciboulette.




Por encima de los vegetales y las setas ubicá por capas 1/2 taza de queso Fontina rallado, 1/2 taza de queso Sardo rallado y 1/2 taza de queso mozzarella rallado. Además, con los dedos, desgraná por encima 1/2 taza de queso azul y cubrí todo con una abundante lluvia de mix de semillas de sésamo (blanco, negro e integral).

Cociná en horno caliente (unos 240° C) hasta que la masa se dore y el relleno se gratine.




Observaciones y recomendaciones finales: Recuerden que la cantidad de harinas puede variar según el grado de humedad del ambiente, la capacidad de absorción o nivel de astringencia de la propia harina y la ubicación respecto del nivel del mar en donde se encuentren ustedes.

Los quesos que utilicé en esta receta pueden ser reemplazados por los de su preferencia. Sin embargo, siempre intenten encontrar un equilibrio entre los sabores más fuertes y más ligeros de las variedades que escojan para que ninguno de ellos opaque el sabor de los demás.

Incluyan, siempre que puedan, al preparar masas, abundante cantidad o proporción de harina integral (la que sea de su preferencia) respecto del total de harinas de la receta para que comer masa tenga sentido. ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que cuando consumimos harinas somos conscientes de su condición de carbohidratos; sin embargo, y aunque los hidratos de carbono son sumamente útiles para nuestro desempeño general diario, cuando ingerimos harinas integrales hacemos más provechosa esa ingesta de calorías, aportando a nuestra dieta buenas dosis de fibras naturales y real alimento.

Por último, permítanme contarles sobre las bondades de las semillas de sésamo: Son excelentes fuentes de hierro y calcio (incluso el sésamo negro posee más calcio que la leche de vaca, sin los antibióticos ni hormonas que contiene ésta), ricas en proteínas, al combinarlas con legumbres nos permiten obtener proteínas de alto valor biológico. Además contienen ácidos grasos esenciales (Omega3 y Omega6), fibra, vitaminas B1, B3, B6 y E, ácido fólico, fósforo, potasio, magnesio y zinc. Son eficaces para disminuir el colesterol, favorecer el tránsito intestinal, retardar el envejecimiento, mantener la tonicidad muscular, favorecer la circulación sanguínea, fortalecer los sistemas inmunológico y nervioso, y prevenir la osteoporosis. ¿Qué más podemos pedirle a las pequeñitas?



Ya ven, entonces, como con algunos pocos productos pero de buena calidad y un rato de nuestro tiempo podemos dejar resuelta la cena (en caso que volvamos tarde a casa, por ejemplo) con un plato hecho y derecho, de sabor delicado y exquisito.



Recuerden también que las tartas caseras son una magnífica solución para los días de intenso calor cuando nos queremos mantener alejados de la cocina, o para llevar al trabajo o el colegio como un almuerzo nutritivo y práctico.



Espero que la receta los tiente y prueben esta versión de tarta con masa casera al pimentón ahumado porque es riquísima y verán como, poco a poco, la tarta se desvanece delante de sus ojos sin dejar siquiera las migas (por lo menos eso pasa en casa cuando la preparo).

Les deseo una excelente semana. Espero que sean muy felices, experimenten en la cocina y disfruten con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!


jueves, 7 de agosto de 2014

Crumble de peras y semillas

Frutas de estación, algunas semillas, un sencillo arenado (crumble en inglés, streusel en alemán; aunque, en realidad, no quieren decir exactamente lo mismo) y un toque de frutos secos conforman los ingredientes perfectos para elaborar uno de los postres más simples, gustosos y delicados que podemos poner en nuestra mesa. De esos que siempre logran cautivar a nuestra familia, declarándonos cocineras estrella.

Estamos en invierno y encontramos unas peras hermosas en las verdulerías y mercados. Así nació este postre: de unas perfumadísimas peras que compré hace unos días en la verdulería. El crumble es uno de mis postres preferidos, pero hace tiempo que cuando lo preparo le doy una vuelta de rosca a la tradicional receta para aportar más nutrientes e ingredientes "útiles" a la preparación. Por eso, en esta ocasión les presento una receta con muchas semillas, perfumes y sabor...




Aquí, los ingredientes para llevar adelante esta receta con el mayor de los éxitos.



Primero, es el momento de preparar el relleno, esa fruta jugosa y bien gustosa que conformará el corazón de esta sencilla propuesta. Para ello, en un bol mezclá 500 gramos de peras peladas y cortadas en cubitos, con 1 cucharada de canela en polvo, 1 cucharadita de cardamomo en polvo, 2 cucharadas de azúcar orgánica y 2 cucharadas de almendras procesadas o bien picadas. Reservá.




Entretanto, en otro bol y con la ayuda de un cornet (espátula de pastelería/panadería) o de las puntas de los dedos (para aportar la menor cantidad de temperatura posible a la preparación), mezclá 250 gramos de harina 0000 junto con 250 gramos de azúcar orgánica y 160 gramos de manteca/mantequilla fría, cortada en cubos. Con ello, formá un arenado lo más suelto posible y añadí 3 cucharadas de semillas de amapola y 2 cucharadas de mix de semillas andinas (compuesto por semillas de chía, quinua/quinoa y amaranto). Reservá.




Luego, en una fuente apta para horno, enmantecada, disponé la mezcla de peras, almendras, especias y azúcar (incluyendo el jugo que pudiera haberse formado).




Por último, esparcí de manera pareja, por encima de la fruta, el arenado que habías reservado. 

Cociná en horno precalentado a 170°C hasta que la cubierta se dore y adquiera una textura ligeramente crocante.




Podés servirlo tibio o a temperatura ambiente, acompañado por helado de vainilla, crema americana o mascarpone.




Observaciones y recomendaciones finales: Este postre es ideal para prepararse aprovechando la fruta de estación que se presente más económica y oportuna al momento de ir de compras.

Es una excelente oportunidad para incorporar semillas que, tal vez, no sean tan reconocidas o aceptadas por nuestros comensales. Por efecto de la cocción soltarán sus aceites esenciales y, con ellos, sus nutrientes y sabores. Si no consiguen semillas de chía, amaranto o quinua/quinoa, pueden emplear las de su preferencia (girasol, lino/linaza, sésamo/ajonjolí, calabaza, anís...). Pero, si aún no las han probado, esta receta es una excelente excusa para hacerlo.

A propósito de nutrientes, permítanme recordarles las propiedades nutricionales y los beneficios de algunas de las semillas que utilicé en esta preparación.

La quinua/quinoa es considerada un súper alimento, puesto que ofrece un alto contenido de proteínas completas de alto valor biológico. Es de fácil digestión, no posee gluten (por lo que se convierte en una aliada importante en la dieta celíaca), no eleva los niveles de azúcar en sangre (ideal para diabéticos) y aporta ácido linoleico (muy útil para el normal desarrollo celular y de nuestro sistema nervioso). Además, contiene fibra vegetal, hierro, magnesio, fósforo, calcio y vitaminas C, E, B1 y B2 y B3 (niacina).

Las semillas de chía también son consideradas súper alimentos. Son una excelente fuente de fibras, antioxidantes, calcio, proteínas, fósforo, potasio, hierro, selenio, magnesio y Omega3 (ácidos grasos esenciales que nuestro organismo no es capaz de producir por sí mismo y que ayudan a mantener nuestra salud cardiovascular, reducir el nivel de colesterol y mejorar nuestros sistemas nervioso e inmunológico).

Por último, las semillas de amaranto también contienen gran cantidad de proteínas, hierro, calcio, fósforo, ácido fólico y vitaminas A, B, C, B1, B2 y B3. Además, contribuyen a prevenir la diabetes, la osteoporosis, la obesidad, la hipertensión y algunas formas de cáncer.




Como pueden ver, con alguna rica fruta de estación (cualquiera sea ésta), una pizca de sabores y perfumes, y algunas semillas podemos obtener una versión mejorada del clásico postre de origen inglés que siempre es bienvenido para dar cierra a cualquier comida o deleitarse en una tarde lluviosa o fría de invierno.

Espero que los tiente la propuesta y se animen con este crumble sabroso, simple, bien perfumado, algo crujiente y jugoso.

¡Hasta la próxima semana! Diviértanse experimentando en la cocina y disfruten de sus seres queridos. 


jueves, 31 de julio de 2014

Sopa crema de calabaza y avena (sin crema ni queso)

En invierno, una rica sopa nos ofrece mucho más que las bondades que le son intrínsecas al plato. Nos propone calor de hogar, sencillez plena de nutrientes, deliciosos sabores que, además, nos permiten recuperar parte de las energías perdidas después de toda una jornada de estudio o trabajo... Definitivamente, sopas e invierno hacen una dupla exitosa.

Por estos lares (el hemisferio sur), como bien saben ustedes, estamos en invierno. Pero, un invierno muy particular con escasos días de frío polar, seguidos por otros de temperaturas calurosas (¡Con máximas entre los 20° y los 24° C!) o, al menos, no tan típicamente invernales... Entonces, la sopa este año ha aparecido en mi menú en contadas ocasiones. Sin embargo, se trata de un plato siempre bien recibido en mi mesa. Por eso, hoy les propongo una sopa riquísima que encanta a grandes y a chicos, y que se prepara en un ratito nada más (de modo que no hay excusas).




Aquí les dejo los ingredientes para llevar a la mesa unas 4 porciones de este exquisito y nutritivo plato que dejará felices a todos los comensales.



En una sartén rehogá en 2 cucharaditas de aceite de coco (o aceite neutro) 1 cebolla grande, cortada en juliana. Añadí 750 gramos de zapallo anco/curcubita moschata (o la variedad de zapallo de tu preferencia) sin su cáscara y cortado en cubos más o menos parejos. Condimentá con sal, pimienta, orégano y nuez moscada.

Luego, agregá unos 350 cc. de caldo de verduras y cociná los vegetales a fuego medio hasta que la calabaza esté tierna.




Una vez tiernas y tibias las verduras, colocalas en el vaso de la licuadora (también podés procesarlos con mixer) e incorporá 1/2 taza de copos de avena y 350 cc. de leche (puede ser leche de avena o de almendras). Procesá hasta obtener una crema homogénea.




Entonces, verté la mezcla obtenida en una olla y dale calor hasta que tome buena temperatura nuevamente. Rectificá la sazón si fuera necesario y disfrutá de una sopa cremosa, deliciosa y bien nutritiva.

Para servir, podés decorar los platos con algunos croutons (pequeños cubitos de pan) de pan casero, semillas de calabaza y un hilo de aceite.




Observaciones y recomendaciones finales: Como ya indiqué oportunamente, pueden reemplazar el aceite de coco (compacto o derretido) por el aceite neutro de su preferencia. 

Para preparar un delicioso y rapidísimo caldo de verduras, sólo será necesario que coloquen en una ollita agua potable junto con algunos vegetales deshidratados (cebollas, puerros, zanahorias, acelgas...) sin aditivos, sales o conservantes y que los dejen hervir por algunos minutos, obteniendo un caldo colorido, perfumado y sabroso. No estoy hablando de cubitos o sobrecitos de caldos/sopas plenos de ingredientes artificiales, sino de simples y genuinos vegetales secados al sol o de manera industrial que podemos adquirir en dietéticas o comercios de productos saludables. 

El aceite de coco no se oxida en contacto con las altas temperaturas (incluso en frituras), por lo tanto no pierde ni desvirtúa sus beneficios nutricionales. Es ideal para dietas de adelgazamiento (porque ayuda a reducir la grasa acumulada) y las de aquellas personas que digieren con dificultad las grasas por padecer problemas digestivos o hepáticos. Además, protege nuestros sistemas cardiovascular e inmunológico, y contribuye a evitar enfermedades relacionadas con la glándula tiroides. No contiene grasas hidrogenadas ni colesterol y es un excelente antioxidante. 

Entretanto, el zapallo es rico en fibra, potasio, zinc y magnesio. Es un excelente antioxidante natural y un  eficaz diurético. Posee altos contenidos de vitaminas A, B, C y E. Su alta presencia de betacarotenos lo hace un aliado ideal en la prevención del cáncer. Además, también ayuda a eliminar grasas del cuerpo.




Pocos ingredientes y todo el sabor de las sopas hechas en casa, con una pizca de dedicación, mucho de amor y ganas de caldearse en los días fríos son - para mí - las mejores excusas para tomar sopa como plato único en una cena liviana o como primer plato de un menú más completo. Esta sopa, en particular, tiene una consistencia bien cremosa (aunque no tiene ni una pizca de crema de leche o queso) que gusta mucho a los paladares más exigentes, sin complicarnos en la preparación y sin aportarnos a la dieta grasas poco sanas.

Espero que les guste mi propuesta para hoy. Los espero la semana que viene. Diviértanse experimentando en la cocina y disfruten de sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!


viernes, 25 de julio de 2014

Bombones de dátiles, almendras y avena

Esta receta me la enseñó la esposa de mi mejor amigo, Mary (canadiense, vegana, periodista, activista ecológica, amorosa persona...). Fue preparar estos bombones y quedar enamorada de ellos (ya me había advertido Mary sobre su poder adictivo. Jajaja). Pero, cómo iba a resistirme a sus encantos si contienen 3 ingredientes básicos deliciosos y tentadores: avena, almendras y dátiles.

Además, le añadí un par de perfumes que siempre me recuerdan a Medio Oriente (canela y agua de azahar) y la receta perfecta para darnos un gustito, o un pecadillo para consentirnos en esos días en los que necesitamos un mimo, estaba lista.




Ingredientes nobles, técnicas sencillas y productos sanos son la base de esta deliciosa receta que podemos preparar, incluso, con nuestros niños. Aquí les dejo el listado de ingredientes para que no se pierdan de preparar estos bombones.




En procesadora o mixer, procesá 100 gramos avena en copos junto con 80 gramos de almendras (con piel), 1/2 cucharadita de canela molida y una pizca de sal hasta formar un arenado muy fino. Reservá.




Por otro lado, procesá 18 dátiles secos (sin hueso) hasta que formen una bola - o masa - más o menos homogénea y algo compacta. 




Entonces, añadí a la mezcla el arenado de avena y almendras que habías reservado e incorporá 1 a 2 cucharadas de agua potable y algunas gotas de agua de azahar. Procesá hasta integrar muy bien, formando una masa homogénea.




Con las manos húmedas, tomá pequeñas porciones de masa y formá bolitas de tamaño parejo. Ubicalas en pirotines/cápsulas de papel/capacillos y dejalas en la heladera/nevera hasta el momento de consumirlas.




¡Eso es todo! No hay más que disfrutar de estos exquisitos bombones con perfumes y sabores de Medio Oriente, sanos, simples de preparar y divertidos de hacer (por eso de que podemos pedirles a los más chicos de la casa que nos ayuden en la tarea).




Observaciones y recomendaciones finales: El agua de azahar de la receta pueden reemplazarla por agua de rosas.

Por estar elaborados a base de dátiles, estos bombones no necesitan que se les agregue azúcares o edulcorantes de ningún tipo.

Les recuerdo que la avena se encuentra entre los cereales más completos y saludables que podemos consumir porque aporta vitaminas E (antioxidante), B6 y B5 (involucradas en el correcto desarrollo y funcionamiento de nuestro sistema nervioso), yodo y calcio; además de minerales como selenio, hierro, magnesio y cobre. Por contener aminoácidos esenciales ayuda al hígado a depurar los compuestos pesados de nuestro organismo, mientras que su fibra soluble evita el estreñimiento y favorece el adecuado funcionamiento de nuestro intestino. Además, es una excelente fuente de grasas insaturadas (Omega-6) que ayudan a disminuir el colesterol malo.

Los dátiles son muy nutritivos, puesto que están formados de un 70% de azúcares (son ideales para reponernos después de realizar actividades físicas). Además, poseen hierro, fósforo, calcio, magnesio, cobre y potasio. Contienen también vitamina A, Omega-3 y Omega-6, vitaminas del grupo B, betacarotenos y antioxidantes. Son ideales para ayudar a mejorar la agilidad mental, combatir el estrés y calmar los nervios. Asimismo, combaten la anemia y el estreñimiento, pero no están indicados en dietas hipocalóricas o en personas diabéticas.

Las almendras, entretanto, son ricas en vitamina E (que contribuye en el mejoramiento de la piel, uñas y cabello)hierro, fósforo, potasio, magnesio, azufre, cobre, zinc calcio. Además, contienen vitaminas B1, A, C y D, y los 8 aminoácidos esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Reducen el colesterol malo, contribuyen a mantener sano y ágil a nuestro cerebro, disminuyen las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares y ayudan en dietas hipocalóricas por su gran capacidad de saciedad. Asimismo, son una de las pocas fuentes de proteínas vegetales que contienen arginina, un aminoácido esencial para el correcto crecimiento de los niños.




Espero que prueben estos bombones porque son un excelente recurso para reponer energías, darnos un respiro en medio de la vorágine cotidiana, un dulce muy sano para los más pequeños o un plus si necesitamos algo extra de energías en época de exámenes finales en la facultad o el colegio.

Les deseo una excelente semana. Espero que sean muy felices, experimenten en la cocina y disfruten con sus seres queridos. ¡Hasta la próxima!