jueves, 19 de marzo de 2015

Galletas de avena (a la irlandesa)

¡Hola! ¿Cómo han estado? ¡Al fin puedo sentarme a escribir receta después de muchos días! Es que asuntos familiares y de salud (mis benditas cervicales que, de tanto en tanto, se encargan de recordarme que no puedo hacerme carne de todo, cargar en mis espaldas pesos propios y ajenos, y que no soy una súper-chica que todo lo puede...) me han mantenido alejada - en metros y metros - de mi PC. Pero, aquí estamos de nuevo, disfrutando de este ratito de cocina con una nueva preparación. En esta ocasión, les propongo realizar unas deliciosas galletas de avena a la irlandesa que les resultarán prácticas, económicas y muy sencillas. 

Eso sí (nobleza obliga), les advierto antes de comenzar que esta receta es una de esas preparaciones clásicas, de la cocina de antaño, con ingredientes tradicionales (de la mesa irlandesa y de casi cualquier mesa occidental, para decir las cosas como son) que no es light-de dieta-bajas calorías. Sin embargo, estas galletas me recuerdan a mi infancia, a la casa de mi mejor amigo, a mi abuela postiza Eily (cuyo nombre en irlandés significa Luz... Y la verdad que el nombre le quedaba como anillo al dedo porque era un cascabel siempre sonriente, bien dispuesta a lidiar con niños propios y ajenos, plena de luz, de alegría y de ganas de vivir), al patio del colegio, a muchas casas de mis otros amigos y compañeros, a merienda después de todo un día de estudio... En fin, por todo ello es que no he querido tocar-modificar-meter mano casi nada en la preparación original que se me confió siendo adolescente (que es cuando aprendí a prepararlas). Además, estas galletas son, sencillamente, riquísimas, plenas de avena, bien aireadas y crujientes. Ideales para arrancar el día con mucha energía, sabor y optimismo (que nunca está de más para encarar la jornada, ¿cierto?).




Aquí les dejo el listado de ingredientes mientras les recuerdo que si no tienen harina de avena no es necesario que salgan corriendo a comprarla, ya que pueden obtenerla moliendo muy bien, en procesadora o minipimer, los copos de avena tradicionales. ¡Y listo!




Dicho esto, empezamos con la receta que es bien fácil...

En un bol, colocá 1 taza de harina de avena y, sobre ella, tamizá 1 taza de harina 0000 con pizca de sal y 1/2 cucharada de bicarbonato de sodio

Luego, agregá 1 taza de copos de avena y 1 taza de azúcar. Integrá muy bien.




Entonces, a los ingredientes secos incorporales 180 gramos de manteca/mantequilla derretida (aún tibia). Con cornet/espátula de panadería-pastelería mezclá muy bien. Por último, añadí 1 taza de harina de avena (la segunda taza de la lista de ingredientes) y 1 huevo (de campo/pastoril/ecológico). 

Valiéndote del cornet, integrá muy bien los ingredientes. Para ello, puede que la mezcla requiera de algunas cucharadas extra de harina 0000 para ayudar a tomar la masa.




Entonces, sobre la mesa de trabajo espolvoreá algo de harina y con palote/rodillo estirá la masa lo más pareja posible, dejándola de 0,5-1 centímetro de grosor. Con cuchillo afilado, cortá las galletas en rectángulos más o menos parejos y, con un tenedor, pinchalas para que durante la cocción no se arqueen.




Disponé las galletas sobre una placa ligeramente enmantecada y llevalas a un horno precalentado a 200° C. Cociná por 10-15 minutos o hasta que se doren.

Al cocerse, crecerán hacia arriba y hacia los costados, tomando un color dorado muy agradable y tentador.




Dejá que se enfríen bien en la propia placa antes de sacarlas porque, aún calientes, son bastante frágiles; sin embargo, una vez frías, se vuelven crocantes y más firmes.




Como se puede ver, esta receta básica, tradicional y sencilla nos dará por resultado una galletas exquisitas, de sabor dulce y suave, bien crocantes y aireadas que gustarán a todo mundo, sin dudas.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Pueden sustituir la harina común/0000 por harina integral fina. Pueden hacer lo propio con el azúcar de la receta, reemplazándola por azúcar integral/mascabo/panela.

Si desean reemplazar la manteca derretida por algún ingrediente más sano, pueden utilizar unas 5 cucharadas bien colmadas de aceite de coco o cualquier otro aceite neutro de su preferencia, en lugar de la materia grasa de origen animal.

Las medidas dadas en esta receta corresponden a las clásicas tazas medidoras de repostería y panadería, donde una taza contiene 250 ml.

Por último, quiero recordarles algunos de los beneficios de incluir avena en nuestra dieta: El consumo de este cereal ayuda a fortalecer las funciones neurológicas. Además, contribuye a reforzar nuestro sistema inmunológico, combatiendo infecciones bacterianas y mejorando la cicatrización de las heridas. Su alto contenido de minerales (hierro, selenio, manganeso, cobre, zinc, yodo y calcio) y fibra soluble la convierten en una excelente aliada para reducir la presión arterial, combatir el colesterol y proteger del estreñimiento. Asimismo, es rica en vitaminas E (un gran antioxidante que evita el riesgo cardiovascular, mejora la calidad de la piel y del cabello), B1, B5 y B6 (involucradas en el desarrollo y mantenimiento de nuestro sistema nervioso central), y 8 aminoácidos esenciales (de alto valor proteico) que ayudan a depurar el organismo de toxinas, prevenir la osteoporosis, regular el metabolismo, mejorar la digestión, proteger contra el cáncer y la arteriosclerosis. Por ello, de ser posible (es decir, si nuestro organismo nos lo permite), es ideal incluirla en variedad de preparaciones del día a día.

Antes de despedirme, como hace unos días atrás celebramos San Patricio (patrono de Irlanda), les dejo un fragmento de las tantas (y tantas, y tantas...) bendiciones irlandesas que se regalan de corazón a quienes queremos desearles prosperidad y transmitirles alguna enseñanza. Por ello, aquí les dejo mi bendición irlandesa para todos ustedes.




Aunque sé  que estas galletas no son una receta muy dietética que digamos - pero, podemos aggiornarla un poco, dejándola con algunas calorías menos - verán que es una linda (y bastante sana) manera de honrar la cocina irlandesa y uno de sus pilares fundamentales: la avena. A los niños les encantan y, de tanto en tanto, les hace muy bien a la salud consumirlas como desayuno o merienda. Simples, fáciles de hacer, crujientes y con la textura de los copos de avena, estas galletas son unas exquisiteces siempre bienvenida en cualquier mesa; se los garantizo. Pruébenlas y después me cuentan...

¡Hasta la próxima! Pasen una hermosa semana, disfruten con sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas

jueves, 5 de marzo de 2015

Ensalada veraniega con aderezo de palta

No quiero que termine el verano (aunque por los anuncios meteorológicos que escuché de voces entendidas para este recién iniciado marzo, parece que el verano no piensa abandonarnos con mucha facilidad; más bien, nos hará creer que se va por unos días, para arremeter, luego, con fuerzas renovadas) sin presentarles esta ensalada que es, ni más ni menos, una excelente excusa para enseñarles un delicioso aderezo de palta/aguacate/avocado apto para cualquier tipo de ensalada y sándwich o como dip para picotear con vegetales, grisines/grissini, crackers...




Verán que con pocos ingredientes (esto ya se está convirtiendo en una premisa-costumbre-apostolado Jajaja) podemos lucirnos con este aderezo fresco, sabroso y tentador que le cambiará la cara a la más tradicional de las ensaladas, enriqueciéndola, además, con algunos nutrientes extra de calidad superlativa.




Como ya te dije, la estrella de la receta de esta semana es el aderezo. Por eso, será lo primero que te enseñe a preparar. 

Rehogá una cebolla chica cortada en trocitos (como más te guste) con unas gotas de aceite neutro (coco, girasol, maíz...). Condimentala con sal, pimienta (recién molida), orégano y nuez moscada (recién rallada), a gusto. Reservá.

Luego, cortá a la mitad, en sentido longitudinal, una palta chica (madura o bien madura, según tu gusto), quitándole el hueso/semilla, y colocá su pulpa en el vaso de la minipimer/multiprocesadora. Agregá el jugo de 1/2 limón (o un poquito menos si la palta es muy pequeña) y procesá. Entonces, incorporá la cebolla rehogada que habías reservado.




Además, añadí, 1/2 taza de queso crema (en mi caso, descremado y reducido en calorías) y condimentá con sal, pimenta recién molida (utilizo un bouquet de pimienta negra, blanca, verde, rosa y de Cayena) y nuez moscada recién rallada. Procesá hasta obtener el punto de cremosidad deseado (con algunos trocitos de fruto o sin rastro alguno).




Por último, incorporá 2 huevos duros cremosos (cocidos por 6 minutos a partir de agua hirviendo; luego, puestos en agua fría o en baño de María inverso), pisados con un tenedor (de nuevo: pueden estar más o menos pisados, más o menos rústicos, más o menos notorios. A mí, por ejemplo, me gusta sentirlos en el aderezo). Mezclá muy bien para integrar todos los sabores y reservá en la heladera/refrigerador/nevera hasta el momento de utilizar.




Entretanto, prepará la ensalada de tu elección para condimentarla con este aderezo. En mi caso, cocí 4 papas grandes al vapor y las corté en cubos de tamaño mediano, agregué 2 zanahorias grandes ralladas (grueso) y 150 gramos de tomates cherry/jitomates cereza que partí en mitades.

Antes de servir, condimenté la ensalada con el aderezo de palta/aguacate/avocado, mezclando para que cada rincón quede muy bien saborizado con él.

Por último, dispuse hojas de lechuga (la variedad de tu preferencia) sobre cada plato y, por encima, esta sencilla pero deliciosa ensalada.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Según les guste un aderezo con sabor más o menos ácido, incluyan el jugo de 1/4 a 1/2 limón, sin importar el tamaño que tenga la palta/aguacate/avocado que utilicen para esta receta.

Para transformar esta ensalada en una preparación vegana, sólo deberán reemplazar el queso crema de origen animal por uno vegetal, suprimiendo, además, los huevos de la preparación original.

Si lo desean, pueden incorporar a la ensalada semillas de girasol o calabaza y sésamo (integral,  blanco o negro), previamente tostadas en sartén sin materia grasa (y cuidando que no se quemen). Además, pueden agregar brotes de arvejas/guisantes, rabanitos, berros o alfalfa para coronar este plato. 

Asimismo, pueden transformarlo en un aderezo más picante o picantón (depende de las cantidades y variedades que utilicen) si le agregan especias para curry o Garam Masala.

La estrella de esta receta es, sin dudas, la palta/aguacate/avocado. Permítanme, entonces, contarles algunos de sus beneficios y propiedades nutricionales: Contiene Vitamina E (convirtiéndola en un antioxidante poderoso que retarda el envejecimiento celular, revitalizando nuestro organismo en general y piel y cabello, en particular), ácido fólico, Omega 3 y 6 (junto a la vitamina E ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares), magnesio, hierro, potasio (posee más que la banana/plátano), fósforo, grasas monoinsaturadas y aminoácidos esenciales para todo mundo y, en especial, para vegetarianos y veganos. Además, ayuda a fortalecer nuestro sistema inmunológico, reduce los valores de colesterol en sangre y contribuye a prevenir el cáncer.




Antes de  despedirme, les cuento un secreto: (¡Shhhhh!) Siempre supe que la palta/aguacate/avocado tiene miles de virtudes-beneficios para la salud; sin embargo, nunca-nunca-nunca me gustó... Pero, como soy muy testaruda (¡muy!) probé hacerla de mil maneras porque debía comerla (como algo que yo misma me autoimponía por sus bondades nutricionales, que no quería perderme). Bueno, ensayo-error de aquí, desastre culinario de allá, encontré la receta ideal, mi aderezo de palta/aguacate/avocado perfecto. Me encanta. ¡Y lo grito a los cuatro vientos! Lo mejor es que no sólo yo soy fanática de este aderezo, sino que mi familia también; tanto que tenemos un día (nuestro-día-mensual-familiar) de la ensalada con aderezo de palta/aguacate porque, al menos una vez al mes, preparo una ensalada (ésta u otra) que incluye este aderezo como protagonista destacado. Resultado: ¡Todo mundo muy feliz y contento!  Jajaja ;)

Espero haberlos tentado - aunque sea sólo un poquito - con esta propuesta muy sana, deliciosa, fácil y súper nutritiva para enriquecer con sabor y beneficios nutricionales sus ensaladas, bruschettas, tostadas, sándwiches, tentempiés o picadas-picoteos en general. Yo sé lo que les digo, pruébenla que no se van a arrepentir.

Nos reencontramos la próxima. Pasen una hermosa semana, disfruten con sus seres queridos y experimenten en la cocina.


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas

jueves, 26 de febrero de 2015

Pan de banana vegano

El pan de banana/plátano es, sin lugar a dudas, todo un clásico de las mesas estadounidenses aunque, en la actualidad, se prepara en el mundo entero. Fácil y rápido de realizar, es ideal para acompañar desayunos, brunches y meriendas. Bien sabroso, húmedo y nutritivo, apareció por primera vez en 1933 en el recetario anillado "Balanced Recipes Cookbook" de Pillsbury (elaborado por la propia Mary Ellis Ames, jefa del personal de servicio de cocina de la empresa que fue uno de los mayores productores de granos del mundo).  

De mi versión de pan de banana/plátanos que les presento hoy, podríamos decir que se trata de una receta de aprovechamiento (toda banana/plátano demasiado madura va a parar a este pan) y apta para personas con colesterol alto porque podemos prescindir del uso de huevos y de materia grasa de origen animal en esta receta, sin privarnos, por ello, de sabor, perfume y humedad. ¡Nada mal!, ¿cierto?




Es fácil, delicioso y le gustará a toda la familia. Además, es ideal para principiantes, para no complicarse en la cocina y obtener buenos resultados siempre. 

Aquí, los ingredientes para que se animen a preparar este pan-budín-bizcocho exquisito a la vez que nutritivo.




No sé si a ustedes les ocurre lo mismo, pero en casa solemos comprar bastantes bananas/plátanos como fruta habitual (del día a día), porque es ideal para incluir en batidos/smoothies, es muy buena para combatir calambres y cansancio muscular y, por ello, la consumimos a diario para reponernos de la actividad física; además, es un excelente sustituto de los huevos en pastelería. Pero, siempre-siempre, algunas maduran mucho antes de poder consumirlas y termino transformándolas en algún postre, torta o budín. Bueno, esta propuesta es ideal para ello, ya que las bananas/plátanos en cuestión deben estar bien maduras.

¿Te animás con esta receta? Para comenzar, hacé un puré con 4 bananas bien maduras, pisándolas con un tenedor (si preferís, podés utilizar pisa-puré/pisa-papa). Reservalo.

Aparte, con batidora, mezclá muy bien 125 cc. de aceite neutro (puede ser de girasol, coco, maíz...) junto con 200 gramos de azúcar integral/mascabo, 1 cucharadita de nuez moscada recién molida y 1 cucharadita de extracto de vainilla (también puede ser esencia). Entonces, agregá el puré de bananas/plátanos que habías reservado e integrá por completo.




Luego, mezclá muy bien 250 gramos de harina integral fina con 1 cucharada de polvo para hornear y pizca de sal. Añadí esta mezcla, con movimientos envolventes, a la preparación anterior. Por último, incorporá 1/2 taza de nueces picadas de manera grosera para que nos encontremos con los tropezones al comer (en mi caso, utilicé nueces Pecan porque le van de mil maravillas).

Volcá la mezcla obtenida en un molde de budín previamente enaceitado y enharinado y cociná en horno precalentado a 180°C por unos 50 minutos (o hasta que supere la prueba del palillo).




Algunas observaciones y recomendaciones finales: La nuez moscada de la receta pueden reemplazarla por mezcla de especias de repostería (cardamomo, canela, jengibre, clavo de olor y nuez moscada) o por la variante de su preferencia.

En lugar de nueces Pecan pueden utilizar nueces de Macadamia, nueces de California, piñones, pistachos, almendras, castañas de cajú/anarcardos, maníes...

Además, pueden incluir pasas de uva, bayas Goyi/de Goyi, semillas de calabaza o de girasol, trocitos de pera deshidratada...




Como la mezcla incluye puré de bananas/plátanos maduras no es necesario incorporar huevos a esta preparación para obtener el resultado buscado: un pan-budín-bizcocho con todas las letras, convirtiéndola, así, en apta para veganos y para quienes llevan adelante dietas que incluyen pocas grasas de origen animal. 

Hay un dato simpático que no quiero dejar pasar: en EE.UU. gusta tanto este pan que el 23 de febrero tiene su propio día, el National Banana Bread Day (Día Nacional del Pan de banana). ¡A celebrar con esta receta, entonces! ;)




Les puedo asegurar que obtendrán un pan exquisito, de masa perfumada y húmeda, ideal para comer algo sano y sabroso, sin que ambas cosas tengan que reñir por el primer puesto.




Este pan de banana puede cortarse en rodajas algo gruesas y tostarse (en tostadora eléctrica o grilla). Les garantizo que acompañado de la mermelada o dulce de su preferencia (si es casero, mejor) será del gusto de toda la familia. Algunos, incluso, le añaden un trocito de manteca/mantequilla (vegana - o no - de acuerdo a los estilos de vida de cada quien) que, al fundirse, impregna la masa acentuando aún más los sabores.




En fin, para tratarse de una preparación tan sencilla y de aprovechamiento es un alimento muy completo, con el punto dulce justo (ni mucho, ni poco), ideal para comer solo o acompañado. Pruébenlo y después me cuentan ;)

Antes de despedirme, quiero contarles que aquí podrán leer los resultados finales de la encuesta Tercer Aniversario del blog.

Ahora sí, les deseo una excelente semana, disfruten mucho con sus seres queridos y experimenten en la cocina.


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas


jueves, 19 de febrero de 2015

Flan especiado de naranjas (con sólo 3 huevos)

Hace ya varias semanas que en casa venían pidiéndome flan de naranjas y, con mil cosas entre manos, todavía no había podido satisfacer la demanda de mi familia. Entonces, me llegó la invitación para el Reto de Cocineros del Mundo en Google+ y las consignas para este mes eran: huevos o cítricos. De modo que me puse manos a la tarea de inmediato porque mi receta incluye huevos y cítricos todo en uno.

Con esta receta participo en el Reto febrero 2015 de Cocineros del Mundo en Google+ en el apartado Dulce.

Me gustan (nos gustan mucho) los flanes caseros. No estoy en contra de quien quiere hacer flan y compra el preparado industrial para tales fines, pero nada tiene que ver con el sabor y la textura del flan auténtico... Claro que ese flan auténtico, por lo general, lleva muchos huevos (y cuando digo muchos, me refiero a MUCHOS). Sin embargo, la propuesta que les traigo hoy - sacada directamente del recetario de mi abuela Yeya - viene a resolver esta cuestión con pocos huevos (mi abuela se había acostumbrado a cocinar con pocos o nada de huevos y otras grasas animales - en épocas en que la miraban como a una loca - porque mi papá, cuando era pequeño, sufría de serios problemas hepáticos; con el correr de los años, esos problemas se hicieron más leves, pero en la cocina de mi abuela seguía sin haber mucho espacio para las cremas, la manteca y los huevos; eso sí, sus recetas eran pura delicia y exquisitez). 

Esta receta que les presento hoy es una adaptación propia a una receta suya de flan casero, fácil y con muy pocos huevos. Verán que todo mundo queda encantado de la vida y les festejan esta delicia casera como si nunca hubieran probado postre más sabroso y delicado. ;)




Pocos ingredientes (parece ser mi premisa para este año) que se consiguen con facilidad, algunos toques de sabor extra y un postre-final-de-comida jugoso, lleno de agujeritos (como todo flan casero auténtico que se precie de tal) que los dejará con las cucharas en alto, pidiendo: ¡Otra vuelta, por favor!




Antes que nada, lo ideal es preparar el caramelo para que, mientras realizamos el flan en sí, éste solidifique y deje bien cubierto el molde. Sé que hay tantas recetas/fórmulas de caramelo como abuelas o madres cocineras, y si a eso le sumamos las que nos enseñan con termómetros y puntos de medición en las escuelas de cocina... ¡Uff! Por eso, yo les voy a explicar mi técnica (bien casera y hogareña) para que, quien todavía no haya preparado un caramelo para flan en su vida, salga airoso en la partida. Para ello, colocá azúcar (yo utilicé orgánica porque no quería un caramelo muy oscuro para que pudieran ver los detalles del flan en sí) en el fondo de la flanera que utilizarás y agregale agua potable. La verdad es que no mido las cantidades porque lo "hago a ojo", ya que las cantidades van de la mano del molde que utilicemos. Sin embargo, calculá a modo de ejemplo - para que puedas hacer tus propias cuentas - que por cada taza de azúcar corresponde entre 1/2 y 3/4 taza de agua, dependiendo de cuán líquido desees que quede el caramelo al desmoldar el flan. 




El fuego debe estar bien bajo para que el caramelo no se arrebate ni se queme. No lo remuevo ni antes, ni durante la cocción. Antes, porque no es necesario ya el agua moja todo el azúcar y, luego, el fuego hará lo necesario para que lentamente se derritan y amalgamen, convirtiéndose en caramelo. Durante, porque ya sabés que si revolvés el caramelo mientras se hace, sólo lograrás que se malogre y cristalice.

Una vez obtenido un caramelo burbujeante y de un color claro (hay que cuidar que no se ponga oscuro porque le queda un gusto amargo bastante desagradable), apagás el fuego y, con cuidado de no quemarte (las quemaduras con caramelo son de las más peligrosas en la cocina), irás moviendo el molde para repartir el caramelo de manera prolija por toda su superficie. A mí me gusta que quede una capa generosa en el fondo, así, cuando lo desmoldo, un montón de caramelo líquido cubre mi postre.




Ahora, dejalo que solidifique mientras preparamos la estrella de este plato: el flan especiado de naranjas. ¡Al fin! :D

En un bol, batí 3 huevos medianos (de campo, ecológicos, pastoriles) junto con 1 cucharadita de semillas de cardamomo recién molidas (a mí me gusta molerlas en mortero y que algunas semillas no desaparezcan del todo; gustos personales...), 1 cucharadita de cúrcuma y la ralladura de 2 naranjas (orgánicas/ecológicas, sin ceras ni pinturas artificiales).




Luego, incorporá 397 gramos=1 latita de leche condensada (en mi caso, semidescremada) y, con espátula o cuchara de madera, integrala muy bien. 

¡Atención! No tires la latita contenedora de la leche condensada porque servirá como "taza medidora" de algunos ingredientes que faltan añadir a la receta.




Por último, utilizando la latita de leche condensada como taza medidora, incorporá a la mezcla anterior 1/2 medida=1/2 latita de jugo de naranjas y 1 y 1/4 medidas de leche (en mi caso descremada).

Verté la mezcla en la flanera o molde elegido y llevá a cocinar en un horno precalentado a 170-180° C. Para ello, colocá el molde dentro de una asadera o fuente para horno con algo de profundidad a la que cubriste con agua hasta la mitad, ya que la cocción se hará a Baño María.




Cociná el flan por 50-60 minutos (dependerá del horno, su capacidad, tamaño, si es a gas, eléctrico, a leña...). Sin embargo, podés empezar a chequear si solidificó a partir de los 30-40 minutos de cocción.




Cuando esté en el punto deseado (con el corazón/centro más o menos sólido y los bordes que se separan del molde), retirá del horno y dejá que enfríe bien antes de desmoldarlo.

Podés servirlo acompañado de su caramelo o podés añadirle un copete de crema chantilly, dulce de leche, queso crema tipo Philadelphia o Mascarpone, algunos gajos de naranja cortados a vivo o mermelada de frutos rojos. A nosotros nos gusta así, sin nada más que su caramelo jugoso y perfumado...




A partir de una receta muy simple, obtendrás un flan exquisito, un postre con gusto a casero y con recuerdo a flanes de las abuelas, pero con menos grasas (léase: menos bomba/pesados) que los más tradicionales. No les digo que la receta es dietética porque mentiría, pero podemos darnos un gustito de vez en cuando con algún rico postre hecho en casa sin morir en el intento y sin aportar tantas grasas a nuestra dieta (más aún, si realizamos algunos de los reemplazos que les voy a sugerir a continuación). En este caso, este flan con mucho sabor a naranjas, perfume a cardamomo y a cítricos con un caramelo que también tomó sabor y perfume a las especias utilizadas hará las delicias de toda la familia. Pruébenlo y después me cuentan. En casa, no quedan ni los rastros cada vez que lo preparo...




Algunas observaciones y  recomendaciones finales: Pueden reemplazar el azúcar blanco u orgánico por azúcar integral/mascabo para preparar el caramelo del flan. Si lo desean, pueden utilizar arrope de caña, chañar o tuna en lugar de caramelo líquido; de igual modo, pueden sustituirlo por miel de arce, maple o agave.

De igual manera, si lo prefieren pueden emplear otras especias para condimentar este flan, en lugar del cardamomo y la cúrcuma: la nuez moscada le aportará un perfume y sabor muy particulares, una vaina de vainilla permitirá que las semillitas se luzcan en el postre, el azafrán dará color y perfume a esta preparación, la canela combinará de mil maravillas con la naranja...

En lugar de emplear naranjas pueden utilizar limones, mandarinas y pomelos (o la combinación de ellos, o de algunos de ellos) para saborizar y perfumar este flan.

Pueden reemplazar la leche animal por leches vegetales: la de almendras o de avena quedarán muy bien en este postre.

Si al preparar el caramelo, éste se cristalizó porque lo tocaron, no se preocupen. Casi todo tiene solución en la cocina... Sólo deberán agregar algo de agua y el calor del fuego hará el resto del trabajo.

Para que los resultados sean óptimos, deben esperar a desmoldar este flan (y todos los flanes) cuando esté frío. 




El cardamomo verde (ése es el color de sus vainas), originario de la India y Sri Lanka, es una de las especias más preciadas, junto con el azafrán y la vainilla, por su sazón y perfume. Combina muy bien con los cítricos, ya que posee un sabor ácido y algo picante. Por ello, se la emplea para condimentar y especiar guisos, postres e infusiones; además, es muy preciada en la panadería y la pastelería.

Entretanto, la cúrcuma (como ya les conté aquí) es una especia típica del sudeste asiático y la India que, además, integra la lista de ingredientes de todo curry que se precie de tal. En alguna época, era considerada "el azafrán de los pobres" por el valor comercial de cada una de ellas; además, se creía que sólo servía para aportar el característico color amarillo ocre a las preparaciones con las que tomaba contacto. Sin embargo, actualmente se conoce que es sabrosa, beneficiosa para nuestra salud y fácil de combinar con otros condimentos, pudiendo incluirse en la elaboración de salsas, aderezos, masas, rellenos, guisos o cazuelas, postres... 

Por último, quiero contarles que la palabra flan deriva del francés antiguo “flaon” que proviene, a su vez, del latín medieval “fladonem”, inspirado en el vocablo “flado” de origen castellano, cuyo significado se refería a un pastel o torta cuajada y plana. En España fue donde el flan tomó la forma con la que ha llegado hasta nuestros días, mientras que en Francia terminó transformándose en una crema solidificada sobre masa (al estilo de los quiches). Sin embargo, ya los romanos consumían cremas coaguladas con huevo y leche, endulzadas con miel y frutos secos, a las que llamaban “tyropatina” o “tiropatinam” (aunque, las primeras versiones no eran dulces sino saladas y picantes, porque incluían pimientas). Asimismo, durante la Edad Media estuvo muy difundido como postre que se consumía en la época de Cuaresma. A América llegó de la mano de los conquistadores españoles, adquiriendo distintas versiones regionales según los países. Con el correr del tiempo, la pimienta fue sustituida definitivamente por caramelo y el flan, con sus distintas versiones, se transformó en el postre que hoy en día conocemos, acompañado por dulce de leche o crema, con caramelo o salseado y de diversos sabores.




Antes de despedirme, quiero agradecer a todos los que han participado de la Encuesta por el tercer aniversario del blog. ¡Desde este momento, queda oficialmente cerrada! En nuestro próximo encuentro, les contaré los resultados. ¡Muchas gracias por haber participado! :)

Espero haberlos tentado lo suficiente para que decidan probar esta versión de flan casero. Estoy segura que les encantará y quedarán muy conformes con los resultados (sea que nunca realizaron un flan casero, que prueben esta versión o realicen su propia combinación de sabores a partir de esta receta).

Espero que pasen una hermosa semana. ¡Nos vemos la próxima! Disfruten con sus seres queridos y experimenten en la cocina.

 Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas







jueves, 12 de febrero de 2015

Helado de ananá con queso (y sin heladora)

No sé a ustedes, pero a mí tanto corazón y rojo pasión en vistas de San Valentín me tiene un poco agotada. No porque no soy una romántica con todas las letras (lloro a moco tendido con una película de amor de esas que nos hacen llorar a moco tendido, me derriten los detallitos tiernos y apasionados, me encantan las cenas románticas con velas incluidas...) sino, más bien, porque a una la saturan casi todo el mes de febrero con tanto corazón, querubín de colita regordeta con arco y flecha en mano, rosas rojo pasión y rosado glamoroso hasta para "vendernos" una sopa. Por eso, mi propuesta de enamorados para este año - una vez más -  es un postre (sin corazones, pero que hará derretir hasta al menos demostrativo del planeta), un final de cena romántica perfecta. El helado (digamos las cosas como son, por lo menos, en mi familia) es bien recibido siempre: Aquí, porque estamos en verano y, algunos días, el calor es insoportable; allí (en cualquier rincón del hemisferio norte), porque nadie puede negarse a un helado riquísimo en cualquier época del año. Pero, además, si a esa ecuación le sumamos sólo 3 ingredientes (que podemos conseguir siempre) obtendremos un postre súper rápido de preparar, que puede salvarnos incluso en ocasiones especiales, dejándonos muy bien parados, felices y enamorados de la vida.




Tres ingredientes fáciles de encontrar en la despensa de casa o en el mercado: ananá enlatado, queso crema con cuerpo (pero, en mi caso, con menos grasas que los enteros) y almíbar. Tres ingredientes y un postre exquisito, suave y seductor, digno de un festejo de día de enamorados hecho y derecho. Además, sin necesidad de tener una máquina heladora/para hacer helados (que no es poca cosa) ni de estarle encima a cada rato para lograr la textura adecuada (que, tampoco, es poca cosa).
 



Con sólo una licuadora (puede ser procesadora o minipimer) resolverás toda la receta en apenas unos minutos y, después, a dedicarte a lo que más te plazca...

En el vaso de la licuadora, colocá 665 gramos de ananá (o prácticamente todo el contenido de una lata grande; conservá una rodaja para utilizarla en la decoración del plato terminado), cortado en algunos trozos. Añadí el almíbar de la lata (o prepará tu propio almíbar) y 300 gramos de queso tipo Philadelphia o Mascarpone (en mi caso, reducido en grasas).

Procesá o licuá hasta obtener una mezcla de textura suave; aunque, si lo preferís, podés dejar que se noten los trocitos de la fruta (al fin y al cabo, es un helado artesanal).





Luego, volcá el licuado en una asadera/fuente/recipiente de vidrio lo suficientemente ancho como para que la mezcla no tenga demasiada altura, cubrilo con papel film y llevalo al freezer/congelador por algunas horas (dependerá de cuánto enfríe tu heladera/frigorífico/nevera).




Es muy práctico prepararlo de un día para otro, ya que - sin necesidad de estar raspándolo o procesándolo varias veces - sólo hay que sacarlo del freezer/congelador un rato antes de consumirlo, dejándolo que se temple un poco antes de servirlo, acompañado por trocitos de ananá (del que reservamos).




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Para preparar su propio almíbar (si no desean utilizar el almíbar de la conserva de ananá), deberán colocar en una cacerolita doble cantidad de azúcar (puede ser integral) que de agua y, sin revolver, esperar a que se forme. Entre los 100° y los 102° C estará bien (lo que se conoce como almíbar común) para obtener excelente resultados en esta receta.

De igual modo, si prefieren reemplazar el almíbar por otros endulzantes pueden hacerlo: azúcar de caña/integral/mascabo, miel, miel de maple, arropes, stevia o azúcar impalpable/glasé. ¿La cantidad? A gusto del consumidor.

Puede prepararse esta receta con ananá o piña, tanto enlatados como al natural. Recuerden quitar el centro de la fruta (en caso que utilicen el natural) porque es más fibroso y algo duro.

A la hora de decorar y servir este postre pueden acompañarlo también con otras frutas (naranjas peladas a vivo, frutillas o mangos en pequeños cubitos) o con salsa de caramelo.

El queso utilizado en la receta puede reemplazarse por yogur griego o por los mismos tipos de quesos, pero en versiones menos livianas, si así lo desean.

Si prefieren convertirlo en granita, en cuanto endurezca, deberán rasparlo con una cuchara o tenedor hasta desmenuzarlo (como si fuera nieve floja), volver a llevarlo a congelar y repetir esta misma operación unas 2-3 veces más. Luego, podrán consumirlo cuando lo deséen.

Si notan que su freezer/congelador enfría tanto que, aún dándole unos minutos para que tome un punto más templado que permita servirlo y comerlo, no logran que esto ocurra, pueden esperar esos minutos y, luego, procesarlo en minipimer o procesadora antes de servirlo para que adquiera el punto cremoso típico del helado.

Para congelar este helado (y helados caseros sin heladora/máquina de hacer helados, en general) observen siempre algunas reglas prácticas y seguras: El recipiente debe ser apto para frío (por eso, las clásicas fuentes de vidrio son ideales); caso contrario, las bajas temperaturas pueden provocar que el contenedor de nuestro helado se rompa al convertirlo en granita o al intentar servirlo. Cubrir siempre el recipiente con su tapa (en caso que la tenga) o con papel film para evitar la contaminación cruzada (por los otros productos que se encuentran almacenados allí). El recipiente en cuestión debe brindar una superficie amplia-ancha para lograr obtener los resultados ideales (textura de helado; no hielo saborizado) y para que el proceso de enfriado sea más rápido y eficiente.




En fin, como les anuncié al principio de la entrada, con sólo 3 ingredientes podemos preparar un señor helado casero, artesanal, sabroso y de textura suave para disfrutar un día de San Valentín (o en cualquier ocasión) a todo lo grande.

Aquí les dejo otras opciones de postres o dulces con los que pueden conquistar corazones y festejar el Día de los enamorados sin complicarse mucho en la cocina:



1. Tarta de nueces Pecan.
2. Tartas de limón.
3. Copa de crema de frutillas al Oporto.
4. Bombones de dátiles, almendras y avena.
5. Cheesecake de naranja y frambuesas.




1. Cheesecake de dulce de leche (con ricota).
2. Crema liviana de cerezas.
3. Duraznos asados (y rellenos) con reducción de vino dulce.
4. Bombones con corazón de cereales y frutos secos, bañados en chocolate.
5. Tarta de duraznos y arándanos.




1. Tarta de ciruelas remolacha/rojas y nueces.
2. Cheesecake de batatas, miel y nueces Pecan.
3. Panna Cotta liviana de lavanda.
4. Espuma de naranjas.
5. Muffins de limón y lavanda.



1. Crépe de harina de garbanzos con arándanos y manzanas almibaradas.
2. Sabayón con nueces.
3. Bombones de avena y cacao.
4. Crumble de peras y semillas.
5. Tartas de avena y amapola con relleno de frutillas y naranja.

Antes de despedirme, les recuerdo que todavía pueden participar (esta es la última semana) de la encuesta del blog. No les llevará mucho tiempo (son poquitas preguntas) y ayudará a que conozca más y mejor sus gustos y necesidades para hacer de este blog un espacio más provechoso para todos.

Aquí les dejo el link:


https://docs.google.com/forms/d/1do22Evzb_VHkRWBSPUhZiRr99gaPAATH4MMlUdqNyXQ/viewform?c=0&w=1


Les deseo una hermosa semana. Disfruten con sus enamorados (y de estar enamorados), sus seres queridos y experimenten en la cocina. ¡Hasta la próxima!

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas