jueves, 28 de abril de 2016

Ragú de hongos Portobello y lentejones

A la lluvia interminable de este mes de abril le siguió la primera oleada de frío que voló de un plumazo el otoño y nos trajo un adelanto invernal a todo trapo, como para ir preparándonos... ¡Pero, si hasta ha nevado con ganas en la cordillera de centro a sur del país como en pleno julio! No quiero parecerme a la gente que, al cruzarse en el ascensor/elevador del edificio, sólo habla del clima con sus vecinos (a quienes no conoce ni de las reuniones de consorcio), pero la meteorología - hoy por hoy - es tema de conversación casi obligada con este cimbronazo de temperaturas que nos han descolocado, haciéndonos consultar el calendario mientras suplicamos por un plato de comida bien calentita. Entonces, el cuerpo pide algo un poquito más contundente, que le permita caldear la panza y el ánimo con gusto, pero sin resultar pesado; y la solución es este exquisito ragú, súper sencillo y bien completo que dejará a más de uno feliz y encantado de la vida ;)




El ragú original (del francés ragoûter: "dar gusto", "despertar el deseo") se trata de un guiso/guisado de carnes y verduras que se cocinan en sus propios jugos y salsa, muy lentamente, produciendo aromas seductores que van invadiendo toda la estancia y, así, despiertan el apetito. Para muchos teóricos y prácticos de la gastronomía, es uno de los pilares indiscutidos de la cocina francesa - desde la familiar hasta la más sofisticada -. Pues, hoy quiero proponerles una versión vegetariana-vegana de cocción menos prolongada, pero de sabor indiscutiblemente maravilloso. ¿Nos ponemos a cocinar?




Como les dije antes, por los ingredientes de este plato, la cocción no necesita ser tan extensa como en las versiones más tradicionales; por ello, en un rato tendremos lista la cena y nos estaremos acomodando a la mesa ;)

Lo primero será poner a cocer, a fuego medio, en 200-250 cc. de caldo de verduras (si es casero, ¡mucho mejor!) 2 cebollas grandes junto con 1 zanahoria grande, cortadas en brunoise (cubitos bien pequeños). Sazonamos con sal, pimienta y nuez moscada a gusto e incorporamos 1 cucharadita de orégano. Una vez que rompa el hervor, añadimos 1 taza de tomate triturado y 400 gramos de hongos Portobello, cortados en láminas; además, agregamos 1 cucharada de cebolla de verdeo deshidratada, 1 cucharada de polvo de hongos secos de pino y shiitake (no es otra cosa que los hongos secos y triturados, sin conservantes ni aditivos de ninguna índole) y 250 gramos de lentejones casi cocidos (es decir que les falta un poquito para que terminen de estar a punto; ese punto lo alcanzarán al finalizar su cocción junto con todos los demás ingredientes).




Entonces, subimos el fuego e incorporamos 250 cc. de vino Oporto (u otro vino generoso porque cualquiera de ellos les queda de maravillas a los hongos). Esperamos a que evapore el alcohol y volvemos a bajar el fuego, tapamos la cacerola y dejamos que termine de cocinarse la preparación, en especial los lentejones, espesándose un poco.

Mientras el ragú termina su cocción, amalgamándose todos sus sabores, es el momento de preparar el cous-cous que acompañará a esta receta (aquí encontrarán la manera correcta de realizarlo, con la explicación paso a paso y todos los trucos y tips para que resulte perfecto). Una vez terminadas ambas preparaciones, sólo resta servir y disfrutar del sabor delicado, exquisito y muy tentador de este plato ;)




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Estas cantidades de ragú alcanzan para unas 4 porciones generosas, acompañadas por 250 gramos de cous-cous cocido.

Esta preparación puede coronar de maravillas tanto un sencillo arroz, una nutritiva quinua/quinoa o un sabroso mijo, como muchos otros platos de cereales o pastas (trigo sarraceno, pasta seca o fresca, polenta...).

Para esta receta pueden utilizarse los hongos/setas de su preferencia o los que encuentren en mejores condiciones en el mercado; de igual manera, pueden emplear cualquier variedad de lentejas para su preparación (sólo deben recordar que algunas de ellas se cocinan mucho más rápido que otras).




Un recurso muy práctico para obtener caldo de verduras casero cada vez que lo necesiten - independientemente de la estación del año en la que se encuentren, de la compra en el mercado o de la disponibilidad de tiempo que tengan - es contar con verduras deshidratadas y picadas, sin el agregado de conservantes, aditivos, mejoradores ni saborizantes. De hecho, una buena mezcla de cebolla, apio, espinacas, ajo, zanahoria (y, de ser posible, algunas algas) deshidratados logrará que, en pocos minutos, dispongan de un caldo completo y mucho más sano que cualquiera de los industrializados. Este producto, si no los consiguen ya preparado, pueden armarlo con la compra por separado de los vegetales deshidratados en comercios especializados (dietéticas o locales dedicados a la venta de productos específicos para dietas).
 
Si no quieren complicarse la vida a la hora de incorporar tomate triturado a una receta, pueden utilizan tomates maduros (la variedad perita/pera suele ser muy sabrosa para ello), con piel incluida (si lo prefieren, pueden quitársela junto con las semillas; yo le dejo ambas porque, al final del proceso, ni se nota su existencia), que procesarán con robot de cocina, procesador de alimentos o minipimer y... ¡Listo!

Si en casa hay pequeños, pueden omitir el vino generoso de la receta, ya que la evaporación del alcohol nunca es total y completa. En ese caso, de ser necesario, pueden incorporar algo más de caldo a la preparación para que la salsa del fondo de cocción quede abundante y sabrosa.




Este plato los reconfortará en días fríos sin hacerlos sentir pesados, aportando muchos nutrientes de la buena combinación de legumbres con cereales, más todo el sabor de los vegetales y hongos cocidos en su propia salsa. En casa, es éxito asegurado y puedo garantizarles que en sus hogares también gustará muchísimo ;)

¿Les agrada el ragú? ¿Preparan alguno en casa? ¿Qué les parece mi propuesta?

Espero haberlos tentado lo suficiente como para que prueben mi receta. Los espero la semana próxima; hasta entonces, espero que estén muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina :)


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jueves, 21 de abril de 2016

Pesto de espinacas

Hacía días, días, días (y más días....) que en Buenos Aires llovía y llovía casi sin cesar. De hecho, de los 21 días de este mes de abril han llovido 17, ni más ni menos. Tormentas, chubascos, garúa, tormentas eléctricas y más lluvias, con mínimos cambios y sin mostrarse el sol. En fin, que todo parecía gris, lacónico y húmedo (Buenos Aires, de hecho, podría exportar humedad y todavía nos quedaría para seguir quejándonos de ella Jajaja). Es que estamos en otoño y nos lo viene dejando bien en claro, por si hay que despabilar a algún distraído ;) En verdad, no me quejo porque sería un sacrilegio hacerlo cuando hay tantas personas que tienen casas, pueblos, calles, campos y rutas inundados (algunos desde diciembre del año pasado) y para quienes la ayuda no es suficiente, el clima parece tenerlos olvidados (igual que muchos políticos que hablar y prometer se les da de maravilla, pero hacer no hacen nada) y la situación es más que descorazonadora cuando la lluvia no para y se le suman otras complicaciones...

Aquí ayer, por fin, el sol volvió a dejarse ver aunque sea un poquito y casi fue una fiesta, porque si hay algo que tiene el sol es eso: nos cambia el humor, la cara y hasta la manera de encarar las cosas. Un poco de gris está bien, pero con sol (aunque sea tímido) todo parece más fácil, más optimista, más llevadero. Y para sumarme al colorido, hoy les traigo una receta de lo más vistosa (¡y sabrosa!).




¿Recuerdan que hace unas semanas les comenté que les enseñaría preparaciones que nos permitieran utilizar la pulpa/okara de almendras que nos queda cuando preparamos la leche? Pues bien, este pesto es un ejemplo cabal de esa premisa. ¡Ah, sí! En mi cocina nada se tira... Sin embargo, si no han preparado leche casera de almendras (aquí tienen la receta por si desean saber cómo se hace) también pueden realizar este estupendo y sabroso pesto de espinacas con almendras crudas y enteras ;)  




Nos ponemos a trabajar de una vez por todas, que lleva más tiempo contarles cómo preparar esta receta que hacerla ;) 

En el vaso de la procesadora, robot de cocina o minipimer volcamos 1 taza de almendras trituradas (recuerden que corresponde a las que utilizamos para preparar la leche; unas líneas más abajo, les cuento cómo hacer con almendras enteras) y 1/4 taza de semillas de calabaza. Además, agregamos 1/4 taza de aceite de coco (derretido), 1 cebolla cortada en juliana rehogada o salteada, 1 cucharadita de cúrcuma, 1 cucharadita de queso vegetal, 1/3 de taza de queso rallado, sal, pimienta y nuez moscada a gusto. Procesamos un poco y añadimos 300 gramos de espinacas frescas (previamente lavadas y secas). Terminamos de procesar hasta obtener una preparación suelta, ligera y homogénea. Reservamos.






Una vez que la pasta que hayamos elegido para cocinar (en este caso: unos ravioles con relleno de calabaza y mozzarella) esté prácticamente lista, volcamos el pesto en una sartén y echamos por encima la pasta cocida. Mezclamos ambas preparaciones para que se integren y tomen buena temperatura. Servimos y... ¡A disfrutar del sabor delicado y exquisito de este pesto que, con solo mirarlo, alegra el corazón!

Algunas observaciones y recomendaciones finales: Este pesto le queda de maravillas a cualquier tipo de pasta seca, fresca o rellena; pero, también sirve para acompañar cous-cous, trigo burgol/bulgur, polenta, trigo sarraceno, cebada o arroz. Y hasta como aderezo de ensaladas, base de unas sabrosas bruschettas con topping de hongos salteados, o en los platos que se les ocurran.

En caso de preparar esta receta con almendras enteras; es decir, sin utilizar las sobrantes del proceso de elaboración de leche casera de almendras, deberán molerlas primero, junto con las semillas de calabaza, para agilizar el proceso y obtener una mejor textura. Luego de ello, podrán ir añadiendo los ingredientes como en el paso a paso que les expliqué antes.




Les recuerdo que el queso vegetal o vegano es la mezcla de algas, hierbas, semillas y vegetales deshidratados molidos; si no cuentan con él, pueden obviarlo o sustituirlo por los condimentos de su preferencia, tratando de no invadir demasiado el sabor de las espinacas que, en definitiva, es lo que buscamos disfrutar con este pesto.

Las almendras de la receta pueden ser reemplazadas por piñones, nueces o el fruto seco de su gusto. De igual modo, el aceite de coco puede sustituirse por el que tengan en casa o el que les agrade más.

No es necesario cocer las espinacas previamente para preparar esta receta porque es una verdura de hoja que puede consumirse cruda sin ningún inconveniente, ya que sus hojas son muy tiernas.

En caso que el pesto quede muy compacto (nunca me ha ocurrido porque con el aceite de coco y el agua que liberan las hojas de espinaca al triturarse ha sido suficiente, pero puede ocurrir), deberán incorporar algo más de aceite a la preparación o, si lo prefieren, agua (de a cucharadas) hasta obtener la textura/consistencia deseada.




Como pueden ver, esta receta es muy fácil; pero, lo que tiene de simple lo tiene de sabrosa. Es delicada, bien colorida, las semillas de calabaza le aportan mucho sabor y nutrientes (además de los que ya brindan las espinacas), se prepara en algunos minutos y nos permite utilizar los restos de almendras que nos quedan tras la preparación de la leche. En fin, más no se le puede pedir, pienso yo ;)

¿Qué les ha parecido mi propuesta? ¿Utilizarían este pesto en sus recetas? ¿Son más tradicionales o se animan con nuevos sabores y combinaciones?

Esperando que la receta les resulte tan tentadora como para probarla, los espero la semana próxima. Hasta entonces, pásenla muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina :)


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
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jueves, 14 de abril de 2016

Hamburguesas vegetarianas de lentejas

No sé a ustedes, pero a mí las hamburguesas vegetarianas me resultan de lo más prácticas y cómodas porque puedo prepararlas con anticipación y congelarlas para tenerlas a mano cuando las necesito, asegurándome comida saludable, incluso, aquellos días en los que el tiempo escasea o me encuentro con muchas ocupaciones al mismo instante. Pero, además, son el arma secreta perfecta para presentar la comida vegetariana a los no vegetarianos con el propósito de derribar mitos, incorporar nuevos sabores y entender que ni muerden ni son insulsas o poco sabrosas. 

Al plato o en sándwich nos permiten agregar vegetales, semillas, cereales y legumbres a nuestra dieta, logrando que las acepten con mayor facilidad que en otros formatos. Por eso, hoy les traigo unas hamburguesas súper nutritivas y gustosas para preparar en poco tiempo y conservar a mano cada vez que las necesiten ;)




Con ustedes... ¡El listado de ingredientes! Y comenzamos con la tarea :D




La verdad es que todo el proceso no requiere ni de mucho tiempo ni de habilidades excepcionales en la cocina; es decir, es apta para todo mundo que tenga ganas de comer variado, sano y rico ;)

Primero, rehogamos o salteamos 1 cebolla (en mi caso, morada; pero, cualquiera de las variedades quedará perfecta) junto con 1/4 de pimiento rojo, 1 zapallito/calabacín (zucchini o redondo) y 1 zanahoria, cortados en brunoise (cubitos  bien pequeños). Reservamos.

Aparte, cocemos 2 tazas de lentejas (la variedad que prefieran), dejando que se pasen un poquito (¡sólo un poquito!).

Luego, en un bol, mezclamos ambas preparaciones y condimentamos con sal, pimienta, nuez moscada, 1 cucharadita de cúrcuma, 1 cucharadita de queso vegetal (es una mezcla de semillas, vegetales deshidratados y algas que pueden reemplazar por otros condimentos, preparaciones similares o, simplemente, no incluir en la receta) y 1 cucharadita de orégano. Por último, incorporamos 1 taza de queso rallado (yo utilicé Parmesano, pero pueden incluir cualquier queso que les guste: Provolone, Manchego, Pecorino, Reggianito...).




Procesamos con minipimer, robot de cocina o multiprocesadora la mitad de la mezcla y unimos todo (la parte procesada y la sin procesar), formando una pasta. En caso de ser necesario - porque la pasta o masa nos ha quedado muy suelta y separada - podemos agregar 1 huevo (pastoril/de campo/ecológico) o 1 clara de huevo.

Para armar las hamburguesas podemos tomar porciones con la mano y darles forma, o podemos valernos de un aro de metal para armarlas de manera más pareja (eso es a gusto y comodidad de  cada uno; también se puede usar molde para hamburguesas). En el caso de utilizar aro de metal, recomiendo que se ayuden con un separador para freezer que les facilitará la tarea a la hora de empanar las hamburguesas.




Por último, rebozamos cada pieza en una mezcla de 1 taza de avena arrollada molida (con procesadora de alimentos) y semillas de sésamo.

Llevamos a horno fuerte (200-220°C), cocinamos hasta que se doren y... ¡A comer!




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Con estas cantidades se obtienen unas 9 hamburguesas de tamaño aceptable; es decir, aptas para comensales de buen diente.

Si deciden no incluir huevo en la receta (como las que les muestro aquí), procuren no armar las hamburguesas muy altas para no correr el riesgo de que se partan o rompan a la hora de darlas vuelta.

A propósito del huevo, como ya les indiqué, puede evitarse en el armado de las hamburguesas; de igual modo, no es necesario pasarlas por huevo batido antes de empanarlas porque la masa-pasta es lo suficientemente húmeda como para que el empanado se quede pegado a ellas sin mayores complicaciones.




Si lo desean, pueden reemplazar las lentejas por garbanzos, lentejones o porotos/frijoles en cualquiera de sus variedades. De igual manera, pueden incluir los vegetales que tengan a mano en casa o aquellos que les resultan más complicados de ofrecer a su familia, porque en la mezcla quedarán bien disimulados ;)

Para rebozar las hamburguesas pueden utilizar pan rallado común, panko (pan rallado japonés), copos de maíz sin azúcar semi triturados, galletas molidas... De igual manera, pueden incluir hierbas frescas picadas (tomillo, perejil, cilantro, romero...) u otras semillas.

Les recuerdo que las lentejas son bajas en calorías (1 taza contiene unas 230 kcal.) y que, por lo tanto, son bienvenidas en dietas de adelgazamiento; además, son grandes aliadas para combatir la anemia (debemos incluir vitamina C cuando las ingerimos para ayudar a fijar el hierro), el estreñimiento y otros trastornos digestivos. Contienen buenas cantidades de ácido fólico y magnesio que cuidan nuestro corazón, ayudan a reducir el colesterol "malo" y estabilizan los niveles de azúcar en sangre. Asimismo, como contienen muchas proteínas son ideales en dietas vegetarianas y veganas.




Como les decía al principio, las hamburguesas vegetales (también pueden convertirse en croquetas o milanesas con sólo cambiar su formato) me resultan de lo más prácticas a la hora de resolver una comida en días muy ocupados o para planificar con tiempo el menú de la semana. Al plato o entre panes siempre resultan sabrosas - aunque no faltará el carnívoro fanático que me diga que no se comparan con sus primas cárnicas. Jajaja - y una excelente opción para unir legumbres, cereales y vegetales en un plato completo por donde se lo mire.

Si quieren probar algunas otras opciones que he preparado en este blog, bajo la Categoría de Hamburguesas vegetarianas encontrarán versiones con avena, arroz integral, lentejas y calabaza; garbanzos, arroz integral y vegetales, lentejas y mijo o garbanzos y vegetales. Como ven hay para todos los gustos ;)

¿Y qué les parece esta receta? ¿Ustedes también incluyen hamburguesas vegetarianas  en su menú? ¿Cuáles son sus favoritas?

Nos vemos la semana próxima. Hasta entonces, pásenla muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Angie Young Designs/MLE Card/Kimeric Kreations/2 am Designs/Bouquet Garni Recetas


jueves, 7 de abril de 2016

Leches vegetales. Leche de almendras

¡¡Al fin!! Después de semanas kilométricas, que me parecieron interminables, la casa quedó pintada (bueno, al menos la mayor parte de ella; faltan algunas cositas que se harán en poco tiempo). Y, como es lógico, al caos le sobrevino... más caos, claro está :P Porque ordenar y poner todo en su lugar también se sintió como una tarea titánica en la que una descubre inexorablemente que guarda más de lo que necesita y que está cada día más llena de cosas y cositas, trastos y más trastos... Pero, no se deshace de nada porque con ellos se preparan las fotos de este blog y son recuerdos de familia o de viajes y mil excusas más. Jajaja :D Bueno, para dejarme de dar lata, les cuento que finalmente reconquisté mi cocina y para festejarlo quiero compartirles una de mis recetas de cabecera: básica, fundamental, sencilla elevada a la décima potencia, muy saludable y que repito varias veces a la semana ;)

Es muy probable que en búsqueda de nuevos sabores, por pura curiosidad o intentando encontrar alimentos sanos de origen vegetal, aptos tanto para beber como para cocinar, hayan descubierto la leche de almendras (así como algunas otras leches vegetales). No sé en el lugar donde ustedes viven, pero por aquí esta leche suele tener un precio bastante oneroso. Sin embargo, podemos prepararla nosotros mismos en casa - en cuestión de pocos minutos - a sabiendas de los ingredientes que utilizamos y por un precio mucho menor (pese a que los frutos secos, por estos días, no tienen valores muy económicos...).

Hoy, les traigo mi receta de leche de almendras, ideal para preparar tanto bebidas frías como calientes o para cocinar los platos que más les gusten porque quedará con un sabor neutro, apto para recetas dulces y saladas por igual.




Con únicamente 2 ingredientes y muy poco trabajo, obtendremos una leche de sabor y aroma agradables, con una textura muy suave y sedosa que enamora con solo mirarla (y ni les cuento si la probamos).




¿Empezamos? Colocá en un bol amplio una taza de almendras (no es necesario pelarlas; si sos un fanático, podés hacerlo, pero no es obligatorio porque no quedarán ni rastros de ellas). Cubrilas con abundante agua limpia y dejalas en remojo por 8-12 horas. Yo suelo prepararlas a la noche, de un día para otro.




Pasado ese tiempo, colá las almendras, desechá el líquido en el que las remojaste y enjuagalas abundantemente bajo el chorro de agua.

Luego, disponelas en el vaso de la licuadora y añadí 3 tazas de agua potable.

Procesá por unos 3 minutos aproximadamente hasta obtener una mezcla espumosa y blanquecina (vas a observar que no han quedado, prácticamente, rastros de la piel de las almendras).




Verté lo obtenido (una parte líquido, una parte sólido) en una bolsa para preparar leches vegetales que ubicaste sobre un colador de malla bien apretada, dispuesto sobre un bol profundo.

Primero, dejá que el líquido decante por sí mismo; luego, sujetando bien la bolsa (cerrala y da algunas vueltas a la parte de tela que queda libre para asegurarte de que no se escapará nada por allí) comenzá a hacer presión y a estrujar para lograr, de ser posible, quitar toda la leche.

Cuando termines esta tarea, te quedará el líquido en el bol y, dentro de la bolsa, la pulpa (generalmente, llamada okara). ¡No la tires! Con ella, podés preparar más leche (eso sí, quedará más aguada/lavada/liviana); además, podés dejarla secar naturalmente o, si preferís acelerar el proceso, en un horno muy bajo para utilizarla como harina de almendras. También podés emplear la pulpa/okara para realizar quesos vegetales, galletas, incluirla en la preparación de pestos, desayunos, bebidas (enriquece y hace más cremosos los licuados/smoothies), guisos y cazuelas como espesante, budines, bizcochuelos y tortas/bizcochos, cocas y tartas...




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Yo ya hace bastante tiempo que preparo esta leche de forma casera y, entonces, conozco el punto que más nos complace en casa. ¿Qué quiero decir con esto? Uno de los mayores problemas a la hora de probar las densidades de las leches vegetales es que el producto en cuestión no nos quede como agua saborizada, con gusto a poco del fruto seco o semilla que utilizamos. En este caso, y con estas proporciones, la leche queda con gusto a almendras y con una densidad ideal para preparar cualquier bebida o realizar cualquier receta. Sin embargo, como esto puede ser una cuestión personal de paladares, les recomiendo que la primera vez que la preparen prueben con añadir a las almendras limpias sólo 1/2 taza de agua potable, procesándolas hasta obtener una pasta. Luego de ello, vayan añadiendo más agua hasta alcanzar la densidad, sabor y textura que más les agrade. Una vez que sepan esto, al prepararla con cierta regularidad, podrán añadir esa cantidad de agua directamente, acelerando el proceso de producción.

Con estas cantidades se obtienen unos 750 cc. de pura leche de almendras que deberán conservar en la heladera por no más de 3-4 días, en envase de vidrio cerrado/con tapa, lavado y bien limpio (mejor si ha sido esterilizado).

Cuando los días son muy calurosos, pueden dejar las almendras en remojo dentro de la heladera/nevera/refrigerador, tapadas con papel film, para que no fermenten y se mantengan en perfectas condiciones.




Antes de utilizarla, lo ideal es que la agiten por 1-2 minutos porque, como todas las leches vegetales, tiende a decantar y segmentar. Esto es absolutamente normal y se soluciona con esta sencilla y eficaz práctica.

En lugar de una bolsa para preparar leches vegetales pueden utilizar tela de lienzo/liencillo u otra tela de fibras naturales cuya trama sea bien cerrada para que tenga la capacidad de permitir filtrar el líquido, reteniendo la pulpa de las almendras.

Si lo desean, en lugar de utilizar en el momento la pulpa/okara que resulta de la preparación de la leche, pueden congelarla y guardarla en el freezer en un envase hermético para utilizarla más adelante en algunas de las preparaciones que ya les comenté (pronto les voy a enseñar distintos ejemplos de ello).




Como habrán notado, a la leche no la endulzo ni saborizo con ningún producto porque prefiero que quede con su sabor natural, conservando una cierta neutralidad que resulta perfecta para cocinar cualquier receta (dulce o salada) o para preparar licuados/smoothies y bebidas diversas (tanto frías como calientes). 

Espero que la receta les resulte de utilidad y que prueben de hacerla porque si hasta ahora no consumen leche de almendras estoy segura que, al probar la versión casera, quedarán tan enamorados con su sabor y su textura que no dejarán de prepararla por nada en el mundo ;)

¡Hasta la semana próxima! Aquí los voy a estar esperando con nuevas recetas. Hasta entonces, les deseo que la pasen muy bien. Disfruten con sus seres queridos y experimenten en la cocina.


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
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jueves, 31 de marzo de 2016

Nidos de espinaca y huevo

¡¡Uff!! ¡¡Qué semanitas, mi madre!! Es que estamos pintando la casa y, por ello, tengo todo patas para arriba, embalado en cajas (como cuando nos mudamos), polvillo hasta debajo de la cama y un pedacito de cocina disponible para preparar lo indispensable, sin muchos lujos ni pretensiones. Por ello (y por no ser lo suficientemente previsora, digamos la verdad), este año no pude presentarles receta de Pascua como me hubiera gustado... Les habrá pasado una y mil veces que las cosas no resultaron como las habían planeado sino, simplemente, como se dieron y que han tenido que poner buena cara y tirar pá lante. Pues bien, estoy feliz de estar de pintura, pero la realidad es que tengo todo hecho un desastre mayúsculo. Por eso, hoy les traigo otra receta de esas que se hacen en un pim-pam-pum y queda todo mundo feliz y bien alimentado ;)




La verdad es que si preparan estos Nidos de espinaca y huevo, inspirados en una receta de la cocinera argentina Juliana López May, con un rico pan casero (ya son sabrosos con pan de molde...) van a quedar tan felices que no habrá nadie que les pueda cambiar el día :D

Les dejo los ingredientes que necesitarán y nos ponemos a cocinar ¿Les parece? 




Primero, prepará los vegetales. Para ello, rehogá o salteá 500 gramos de espinacas (en mi caso, congeladas; pero, pueden utilizar frescas) junto con una cebolla grande y 1/4 de pimiento rojo, cortados en brunoise (cubitos bien pequeñitos). Condimentá con sal, pimienta, nuez moscada y 1 cucharadita de cúrcuma.

Cuando la verdura esté tierna (o descongelada; lo cual ocurrirá bien pronto), añadí 1 taza de agua potable (también puede ser caldo de vegetales o leche) en la que disolviste 2 o 3 cucharadas de almidón de maíz (la cantidad está ligada directamente con tu deseo de obtener una crema más o menos firme y sostenida). Cociná a fuego bajo por algunos minutos hasta asegurarte que espesó según tu gusto. Entonces, apagá el fuego y reservá mientras preparás el otro paso de esta receta.




Ahora es momento de trabajar con el pan. Podés utilizar pan de molde (en mi caso, integral con salvado) o casero (¡mucho mejor!). La cantidad tendrá que ver con cuántos comensales se sienten a la mesa; pero, te garantizo que la propuesta es muy rendidora, dejando a todo mundo satisfecho.

Por cada nido necesitarás 2 rodajas de pan; una de ellas, con una ventana: utilizá un cortante, un vaso o simplemente un cuchillo para practicarle una abertura a una de las rodajas que utilizarás por cada porción. Reservalas.




Estamos llegando al final del proceso (¿fácil, verdad?). Ahora, es momento de armar cada nido y para tales fines colocarás la rodaja de pan entera en una fuente o placa para horno a la que humedeciste con aceite en aerosol (o pincelaste con el aceite de tu preferencia). Llevá a horno caliente por algunos minutos hasta que se dore ligeramente la base de las rodajas. Luego, dalas vuelta (que quede el lado dorado hacia arriba) y cubrilas con una abundante porción de crema de espinacas. Disponé encima la rodaja de pan "con ventana" y en la abertura ubicá un huevo crudo; no te olvides de condimentarlo a tu gusto con sal, pimienta y nuez moscada (o con lo que te guste: una pizca de curry o Garam Masala, páprika, ají picante, pimentón dulce o ahumado...). Repetí esta operación hasta terminar con todos los pares de panes.




Por último, cubrí cada huevo con abundante queso rallado (yo utilicé Parmesano) y llevá al horno para gratinar, y para que se cocine el huevo (hasta el punto que te agrade: puede quedar la yema algo líquida y, al comerlo, bañar todo el bocado o, si lo preferís, que la yema quede bien sólida. Gustos son gustos y aquí queda bien lo que te plazca más).




¡Y eso es todo! Ya ven que con poca cosa obtenemos unos bocados-sándwiches sustanciosos, exquisitos y muy prácticos (en especial, cuando hay poco espacio para cocinar - como en mi caso - o cuando hay poco tiempo, porque se hacen en sólo un ratito).




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Con estas cantidades se obtienen unos 15-16 nidos de buen tamaño que dejarán satisfechos hasta a los paladares más exigentes.

El queso Parmesano puede sustituirse por Provolone, Sardo, Reggianito, Manchego, Pecorino, Cheddar, Gruyere, queso azul...

En lugar de espinacas, pueden utilizar acelgas, kale/col crespa, brócoli, zucchinis o zapallitos redondos. Además, pueden incorporar a la crema unos sabrosos granos de choclos/maíz crudo (fresco o congelado) para enriquecer, aún más, la preparación.

Si no quieren incluir huevos porque están a dieta o deben limitar su ingesta, pueden armar los sándwiches como de costumbre - sin practicarle una abertura a una de las rodajas de pan - untando ambas rodajas con la crema de espinacas y espolvoreando el queso en la rodaja superior. También, continuando con el plan de dieta, pueden preparar bruschettas o crostini con esta preparación, utilizando sólo una rodaja de pan y consumiendo, así, menos hidratos de carbono. En caso que deseen convertirlos en unos nidos veganos, deberán eliminar los huevos y reemplazar el queso rallado por su variante vegana apta para gratinar.

Con los trozos de pan que no utilizamos en esta receta se pueden preparar  tostadas, canapé, bruschettas y crostini con las coberturas/toppings que más les agraden. También se pueden utilizar para preparar budines de pan en todas sus versiones (clásicas o más modernas, con la miga desmenuzada o entera...) o para enriquecer y absorber humedad en mezclas de hamburguesas, croquetas y albóndigas.

Por último, les recuerdo que las espinacas son una excelente fuente de vitaminas y minerales. Entre ellos destacan: el calcio, hierro, potasio (ayuda a mantener sano a nuestro corazón y sistema nervioso), magnesio (reduce la presión arterial), manganeso (regula los niveles de azúcar en la sangre), ácido fólico; así como las  vitaminas A (mejora nuestro cabello, piel, huesos, mucosas y visión, mientras que fortalece nuestro sistema inmunológico), C y E (los antioxidantes previenen el daño celular, disminuyendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer), K (interviene en el proceso de coagulación de la sangre y evita la osteoporosis) y algunas del grupo B (como B1 y B2 que son excelentes nutrientes para nuestro cerebro). Además, las espinacas ayudan a bajar de peso, favorecen el tránsito intestinal, mejoran la memoria y la concentración.

A propósito de cifras y cantidades... ¿Sabían que si consumen espinacas orgánicas pueden obtener 2 veces más calcio, 3 veces más potasio, 4 veces más magnesio y 30 veces más hierro que si utilizan espinacas comerciales? Pues, es algo para tener en cuenta, ¿verdad? ;)



Espero que les guste mi propuesta, ideal para resolver una comida, un brunch de día domingo o un tentempié con pocos, pero sabrosos y nutritivos ingredientes ;) 
Los espero la semana próxima (ya vuelta a la normalidad en casa o eso es lo que me han prometido... Jajaja). Entretanto, pásenla  muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
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