jueves, 8 de diciembre de 2016

Recetas de Navidad. Kruidnoten

¡Ahora si! Hoy, 8 de diciembre, con el armado del árbol de Navidad damos por iniciada formalmente la temporada de fiestas en este blog. Y, para empezar con las recetas tradicionales de esta época del año, he elegido estas galletas especiadas, súper fáciles y sabrosas que pondrán, de inmediato, el "modo navideño" en marcha y dejarán la casa llena de perfume a especias. Son verdaderamente prácticas porque se hacen en un ratito y desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Les gustan a todo mundo y, si hay peques en la casa, son la excusa ideal para permitirles ayudarnos en la cocina mientras se divierten metiendo manos en la masa ;)




Poquitos ingredientes que, seguramente, tienen en casa o pueden conseguir con facilidad y poco trabajo (que en esta época del año, con tanta cosa por hacer en poco tiempo, también se agradece) son las claves de esta receta. Después, a disfrutar de los sabores simples más tradicionales, convidando a nuestros amigos, compañeros de trabajo y familiares.




En un ratito preparamos la masa y cuando nos queremos dar cuenta ya podemos empezar a comer y convidar estas galletas estupendas. ¿Comenzamos?

En un bol, formamos una corona con 230 gramos de harina leudante (la que incluye polvo para hornear o levadura química), tamizada junto con una pizca de sal. En el centro de la corona disponemos 125 gramos de azúcar negra/morena junto con 2 cucharadas de mezcla de especias (preparada con canela, jengibre, nuez moscada, clavo de olor, anís y cardamomo), 100 gramos de manteca/mantequilla blanda/pomada y 3 cucharadas de leche (puede ser vegetal o animal). Con las manos, desmenuzamos los ingredientes del centro hacia los bordes, como si estuviéramos preparando un crumble que, poco a poco, iremos amasando para amalgamar todo.




Mezclamos, entonces, hasta lograr integrar muy bien, formando un bollo de masa. Para ello, debemos tener en cuenta que no quedará armado un bollo elástico al estilo más tradicional sino que se formará, mayoritariamente, por presión, debido a que la mezcla queda con una textura quebradiza, muy tierna y algo arenosa. Una vez logrado esto, envolvemos el  bollo con papel film y lo llevamos a la heladera/refrigerador/nevera por unos 30-40 minutos para que se enfríe.




Pasado ese tiempo, tomamos porciones con la mano (del tamaño de una nuez o más pequeñas inclusive) y formamos unas bolitas que iremos acomodando, algo separadas entre sí, en una placa apta para horno, previamente enmantecada o humedecida con rocío vegetal.




Cocinamos en horno precalentado a 160-180°C por unos 20 minutos o hasta que hagan piso y se doren ligeramente. Tengamos en cuenta que no deben pasarse de cocción porque toman un sabor algo amargo poco apetecible.

Una vez horneadas, dejamos enfriar sobre rejilla y podemos guardarlas, por algunos días, en frascos o recipientes herméticos sin perder su textura y manteniéndose frescas (aunque no puedo decirles a ciencia cierta por cuánto tiempo se conservan perfectas porque en casa, cada vez que las preparo, desaparecen en un día o dos, a más tardar...).




Algunas observaciones y recomendaciones finales: En lugar de azúcar negra/morena puede emplearse azúcar integral/mascabo. De hecho, en esta oportunidad, utilicé azúcar negra porque quería terminar un poco que me había quedado dando vueltas por la despensa. En cualquier caso, tanto el azúcar integral/mascabo como el azúcar negra/morena aportan buena dosis de humedad, perfume y color acaramelado a la masa.

Pueden preparar estas galletas de un tamaño más pequeño (aunque las originales se aceptan tanto de esta medida como más pequeñitas, algo parecidas a los amaretti más chicos) y se multiplicará la cantidad. Por cierto, con estas proporciones de ingredientes se obtienen unas 32 galletas del tamaño de una nuez.

En las distintas versiones que existen de esta receta (aunque las más tradicionales conservan este formato) se admite aplanarlas un poco al disponerlas en la placa para ser horneadas e, incluso, se les puede realizar un dibujo de enrejado en la parte superior, apoyando con suavidad y ejerciendo ligera presión con un tenedor.




Estas deliciosas y muy perfumadas galletas, conocidas como Kruidnoten o Kruidnoot, se consumen en los Países Bajos durante el Sinterklaas o Fiesta de San Nicolás, también conocida como la Navidad holandesa. Se celebra el 5 y 6 de diciembre (¡hace algunas horas no más!) aunque comienza a mediados del mes de noviembre cuando, Sinterklass o San Nicolás (el personaje que derivó en Santa Claus, nuestro Papá Noel) llega a Holanda, junto a su ayudante (Zwarte Piet o Pedro Negro porque se mancha la cara al bajar por las chimeneas; aunque hay otras versiones que hablan de un deshollinador italiano, un demonio que el santo obliga a realizar buenas acciones y hasta un esclavo negro salvado por San Nicolás al haberle comprado su libertad) en barco a vapor desde España. Desde entonces, los niños holandeses se ilusionan con recibir regalos y dulces de mano de este anciano y regordete obispo con vestimentas rojas, barba blanca y cayado dorado. Por eso, cada noche dejan zanahorias o dulces en medias/calcetines que cuelgan de las chimeneas para tentar al caballo de San Nicolás (Amerigo), que lo transporta por los tejados de las casas, entrando a ellas a través de las chimeneas. Entretanto, la tradición manda colocar los zapatos la noche del 5 de diciembre para recibir regalos, dulces y la inicial de sus nombres en letras de chocolate en la mañana del 6 de diciembre. Esta costumbre derivó de aquella, establecida hacia el siglo XV, cuando se dejaba un zapato en la iglesia y las propinas obtenidas de la gente pudiente se repartían, al otro día, entre la población más necesitada económicamente.




A mí me gusta mucho, en esta época del año, volver a las recetas tradicionales (tal vez porque me traen hermosos recuerdos de mi niñez...). Disfruto enormemente probando nuevas preparaciones y mezclas para lograr panes dulces libres de gluten y/o veganos, budines/queques/bizcochos más saludables y recetas que reemplacen ciertos ingredientes por otros más beneficiosos para nuestra salud; sin embargo, como durante todo el año no suelo preparar muchos dulces y mi cocina no vive llena de golosinas y caprichos, me gusta volver, de tanto en tanto, a las raíces. Como en esta receta en la que hay ciertos permitidos (como la harina refinada o la manteca/mantequilla que no aparecen mucho en mis recetas) que, creo, podemos darnos el permiso de utilizar y comer porque no son grandes cantidades y porque la clave de todo en nuestra dieta se basa en la mesura.

¿Qué les ha parecido la receta? ¿Se animan a preparar estas galletas tan sencillas y sabrosas para regalar, compartir y disfrutar cocinando con los más pequeños de la casa? 

Espero que les guste mi propuesta y que la preparen porque es muy sabrosa, a la vez que súper fácil, y en un ratito se puede tener unas galletas tentadoras para compartir y disfrutar ;)

Nos reencontramos el martes. Les deseo un hermoso fin de semana. Disfruten junto a sus seres queridos, pásenla muy bien y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Studio Alexis Design/BCD Designs/Crossbone Cuts Designs/Natashya Lorren/Snips and Snails Designs/Scrappin Serenity/Bouquet Garni Recetas

lunes, 5 de diciembre de 2016

Recetas de Navidad. Antes de empezar, les propongo un repaso para refrescar la memoria

Antes que nada quiero agradecerles inmensamente los mensajes de cariño, comprensión, afecto y consuelo que me han hecho llegar a través de las distintas vías de comunicación. Me han tocado el corazón - y el de mi familia toda - con sus vivencias y sus mensajes llenos de afecto y calidez. Les voy a contar una situación muy personal que he notado en mí misma y que les ruego no malinterpreten porque está bien claro para mí la diferencia entre la pérdida de un familiar directo y la de una mascota... Cuando falleció mi padre hace dos años ya, camino a los tres, por mi condición de hija única, me cargué en las espaldas la pena de mi madre, el desconsuelo de mi hijo y el dolor de mi marido, así como el de mis familiares más cercanos y sus amigos más íntimos. Fue una muerte que, por tan sorpresiva, nos dejó a todos descolocados; sin embargo, no fue la primera vez que me pasó esto porque lo mismo había ocurrido unos años antes con la muerte de mi abuela, cuando me puse al hombro la tristeza y el dolor de mi padre para ayudarlo y acompañarlo. Siempre he estado postergando mi dolor (que lo manifesté tiempo después o a escondidas y de a ratitos para no poner mal a los demás) para acompañar a quienes me necesitaban en un momento de sufrimiento y desconsuelo. Desde entonces y hasta hoy en día, continúo tratando de ser fuerte para mi madre, intentando servirle de sostén y consuelo. Sin embargo, en esta oportunidad, con la muerte de Felipe que también fue algo inesperado y que nos descolocó por completo (El otro día le decía a una amiga que fue como si un tornado hubiera pasado por nuestras vidas, dejando a su paso la desolación y el desconcierto que un acto de esa naturaleza produce), me permití no ponerme nada al hombro. Lloré y lloro todo lo que me nace y necesito, converso del tema hasta exorcizar la tristeza y lucho para ir acostumbrándome a su ausencia. Es por todo esto - y porque la cocina muchas veces nos ayuda a contrarrestar la pena y el sufrimiento - que me he propuesto llevar, lo mejor posible, el blog como lo he venido haciendo en esta época del año hace ya algunas temporadas. Al menos, quiero intentar cumplir con las 2 recetas semanales que ya se han vuelto una tradición navideña en mi cocina. A propósito, les pido que me den unos días más para terminar de pasar a visitar sus blogs y ponerme al tanto de las delicias que están preparando porque en estas semanas me he perdido de muchas-muchas cosas. 

Pues, en el medio de todo esto, el año se nos viene escapando nuevamente. Se dice que nos ponemos viejos cuando sentimos que los años se vuelan con la velocidad de un súper jet. Pues, entonces, ya estoy lista porque cada año se me está pasando, cada vez, con más prisa. En un abrir y cerrar de ojos diciembre se instaló y ya no hay marcha  atrás. Decir esto y comenzar a planificar las comidas/comilonas de las fiestas es todo uno. Por eso, aquí les dejo algunas opciones de recetas que he publicado desde que comencé el blog para festejar Navidad y Año Nuevo. Se trata de recetas típicas de las fiestas, como para ir calentando motores para recibir las nuevas incorporaciones de este año. Espero que les resulten útiles o, al menos, inspiradoras ;)

Empezamos con sabrosas y, en su mayoría, sencillas recetas de Galletas para regalar, llevar para convidar en la oficina, la clase de cerámica, el taller de abdominales (al fin y al cabo, las quemaremos la próxima clase), presentar en la mesa dulce y compartir con quienes amamos.


Nevaditos con vino blanco y ralladura de naranja.
Galletas de jengibre con canela, ralladura de limón y miel.
Botones de jengibre con canela, miel y clavo de olor.
Rollos de nuez con canela, nueces, vino dulce y queso crema.


Aquí les dejo dos Postres típicos de estas fiestas. Sabrosos, originales (en particular, uno de ellos), sencillos y bien vistosos para lucirse sin muchas complicaciones a la hora de ponerle cierre de lujo a la comida.


Manzanas asadas con amaretti, canela, ralladura de limón y miel.
Risalamande con arroz, crema de leche/nata, almendras, frutillas y confitura de frutillas.


Si lo pensamos dos veces, una mesa navideña sin Turrones es una mesa sin corazón. Decir fiestas y no pensar en turrones es casi imposible (por lo menos en nuestra cultura gastronómica); por eso, aquí les dejo algunas propuestas muy simples en donde no hay que preocuparse por templar chocolate, no se requiere de gran pericia o destreza, ni de moldes especiales; sólo de ganas de cocinar y pasarla muy bien por un rato


Turrón-torta de coco y cerezas con leche condensada y chocolate semi amargo.
Mendiants con nueces, almendras, castañas de caju/anacardos, semillas de calabaza, pasas, cerezas, chocolate semi amargo, quinua/quinoa y amaranto inflados.
Turrón de avena con cacao amargo y galletas dulces.
Turrón especiado de granola/muesli y chocolate con canela, jengibre, ralladura de naranja, miel y chocolate amargo.
Turrón blando de chocolate, nueces y cerezas con leche condensada y chocolate amargo.


Otro clásico de las fiestas son los Budines/Queques/Bizcochos y Panes, así como los Frutos secos en todas sus variantes (especiados, caramelizados, en garrapiñada, bañados en chocolate...). Por eso, aquí les presento una selección variopinta para tener en cuenta a la hora de pensar en la mesa dulce, para llevar cuando nos invitan, darse un gusto y compartir.


Cuadrados de sidra con manzanas, nueces, ralladura y jugo de limón.
Pan de especias con nueces, almendras, cerezas y frutillas, cacao amargo, canela, cardamomo, jengibre, nuez moscada y miel.
Honigkuchen con canela, jengibre, clavo de olor, nuez moscada, miel y nueces.
Pan de Pascua con café, ron, nueces, pasas y almendras.
Budín en lata con harina integral, jugo de naranja, cóctel de frutas y nueces.
Praliné de nueces y almendras con canela y semillas de sésamo/ajonjolí.
Pan de especias - Pain d' Épices con harina de centeno, miel, yogur, canela, anís, jengibre, cardamomo, clavo de olor y nuez moscada


Por último, el corazón de la mesa dulce de las fiestas está formado, sin lugar a dudas, por los Panes dulces y las Tortas de frutas. Exquisitos, bien perfumados, suculentos y macerados por varios días (incluso, semanas o meses) son una delicia indiscutida. Aquí, pueden encontrar para todos los gustos: Los hay veganos, tradicionales y hasta libres de gluten.


Christmas Cake con nueces, castañas de cajú/anacardos, pasas, cerezas, frutillas, almendras, nuez moscada, canela, clavo de olor, jengibre, miel y whisky.
Fruit Cake sin gluten con almidón de maíz, peras, almendras molidas, pasas, brandy, cerezas, nueces, canela, jengibre, nuez moscada, clavo de olor y cardamomo.
Espiral con frutas con almendras, nueces, cerezas, arándanos y chocolate semi amargo.
Panettone al Marsala con canela, jengibre, agua de azahar, chips de chocolate, cerezas en almíbar y chocolate amargo.
Pan dulce vegano sin gluten con almidón de maíz y fécula de mandioca/yuca, almendras, banana/plátano, puré de manzanas, aceite de coco, jugo de naranjas, pasas, frutillas, nueces y cerezas.

Espero que mis recetas les gusten y los tienten o los inspiren para hacer sus propias versiones. Nos reencontramos el jueves para empezar a desandar el camino hacia fin de año.

¡Hasta entonces! Pásenla muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina :)


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©Far Far Hill/2am Designs/Bouquet Garni Recetas

jueves, 1 de diciembre de 2016

La causa de mi ausencia

Les garantizo que me encantaría poder decirles que estos días en los que, prácticamente, no he asomado las narices por aquí o por las redes sociales es porque me la he pasado de maravillas, liberando endorfinas a todo vapor, en una playa de la Polinesia, de ésas que te quitan el aire de tan bellas. Comparándolo con el presente, ¡qué bueno hubiera sido! Pero no... De buenas a primeras, Felipe - nuestro amado perro - comenzó a sentirse mal y con tos, de ésa que llamamos comúnmente "tos de perro" por su sonido cargado. Amamos a Felipe, y digo "amamos" porque así es. No me interesa utilizar el verbo amar con cautela, reservándolo para ocasiones especiales porque cuando quiero a alguien (o algo, como a mi profesión o mis diversas actividades) con amor genuino de buena cepa, no lo quiero, lo amo con todas las letras. Será que mi segunda lengua es el inglés que siempre me maravilló por su justeza y equidad en los términos (lo cual no quiere decir que la lengua española no sea de las más bellas, ricas y musicales del planeta; por  favor, que quede claro). Y amar no es lo mismo que querer, ni en inglés ni en español; por eso, amamos a nuestro perro. 

Pero, mejor vuelvo al tema porque, sin darme cuenta, me he ido por las ramas... Les decía que Felipe tuvo que visitar de emergencia a su veterinario y todo terminó (o comenzó, debería decir) en inflamación bronquial y un soplo en la válvula mitral que no revestían más complicaciones que un medicamento de por vida para el corazón y un tratamiento para el broncoespasmo. Pero, la cosa no terminó allí. No, no. ¡Qué va! Al otro día, empeoraron los dolores, apareció el llanto que nos partía al medio de impotencia y la cosa derivó en operación de urgencia de la cadera. Dos días de internación. Dos días de llorar como niños porque sentíamos que nos necesitaba y no estábamos para él, aunque lo visitábamos un par de veces al día (insensibles, abstenerse de dejar comentarios y de continuar leyendo, por favor). Más de una semana de darnos vuelta la vida porque el perro no podía caminar mucho y menos subir escaleras, cuando vivimos en una casa de 3 pisos, cuya planta baja no fue diseñada para la residencia (y, tema aparte, nuestro perro  - por gusto propio - se la pasaba para arriba y para abajo todo el día). No importa; hay mucha gente que la pasa peor que acomodarse en un rincón del garaje. Esto es temporal y se supera. Mudamos lo imprescindible para estar más o menos a gusto (y para que él lo estuviera), nos turnamos para cuidarlo y todo encaja, tiene sentido y cierra si Felipe mejora. Sin embargo, como en el juego de la oca o cualquier otro juego de mesa en el que uno avanza o retrocede según en qué número cae el dado, adelantábamos un casillero y volvíamos atrás tres o cuatroy hasta cinco!)...



A esta altura de la situación, ya era bastante jaleo como para pedir más; sin embargo, el perro no comía, no bebía y casi no se movía. Entonces, sumémosle 5 días de peregrinaje a la veterinaria para que le inyectaran suero, antibiótico, analgésico y cuanta cosa se les ocurra en sesiones de 4 horas (mínimo). Se solucionaba esto y aparecía algo nuevo o, peor, se sumaba otra dolencia sin haber resuelto una anterior. Entonces, Felipe tenía ceguera parcial; podía ser temporal por el estrés de la operación y por pasársela más en una camilla de veterinaria que en su casa o podía ser permanente con todo lo que conlleva. 

Más suero, más antibióticos, el perro que casi no come (aunque le demos de a trocitos en la boca), síntomas de dolor que no calma ningún analgésico, estudios de sangre, electrocardiograma, placas radiográficas, ecografías...



Seis días más de nuevo tratamiento y visita a la veterinaria (ésa que había que dejar de frecuentar para que se le redujera el estrés y con ello, tal vez, la ceguera), echado y quejándose de molestias, como perdido, como ausente, pidiendo cariño y socorro permanente. Más impotencia y más llanto. Más visitas al médico, más radiografías y ecografías. Esperanzas que duraban algunas horas, pequeñas mejorías que nos hacían sentir que se podía, que lo lograría. Sin embargo, el perro presenta infección interna en la herida de la operación que, por fuera, avanzaba hacia el éxito. Además, inflamación en el páncreas, que no es pancreatitis (o sí); pero, que si lo fuera, podría llevarlo a la muerte. Obstrucción intestinal. Es eso: obstrucción intestinal. Nueva internación por 24 horas para aliviar los dolores, para ayudar a mitigar su sufrimiento, para combatir el nuevo cuadro. Y, finalmente, después de días de luchar y luchar, el corazón de Felipe dijo basta, internado en la veterinaria. Doble paro cardíaco que se lo llevó de un plumazo. Ni siquiera pudo morir en casa... Más llanto, más tristeza, más desazón, más impotencia.



Sé que quien no tiene una mascota querida, que forme parte de su familia, no va a saber entenderme. Y lo comprendo porque todos, alguna vez, hemos sido no-dueños de animales. Sin embargo, los felices dueños de mascotas sabrán entenderme, sentir empatía o poder ponerse en mis zapatos en este momento porque ya lo han vivido o porque pueden imaginarse en esta situación y se les estruja el corazón mientras se les llenan de rabia las entrañas.

Felipe llegó a nuestras vidas una hermosa tarde de otoño de hace 5 años. Estábamos disfrutando en una plaza y se sentó a mi lado, mirándome por sobre el hombro (una costumbre que mantuvo hasta sus últimos días), como diciéndome "Aquí estoy". Allí se quedó un buen rato; después se echó junto a una familia y creímos que se trataba de su perro. En esa plaza - aunque la ordenanza municipal prohíbe que los dueños paseen a sus mascotas sin correa - es muy habitual que la gente que considera a su perro como inofensivo lo deje corretear libremente. Creímos que Felipe no estaba solo sino que pertenecía a alguna de las tantas personas que andaba por allí esa tarde. Al rato, volvió a sentarse a mi lado y no se movió más. Cuando la plaza se fue despoblando y el grupo familiar que creíamos era su dueño despareció sin llevárselo, comprendimos que Felipe era un perro callejero sin prosapia y sin dueño. Hacía 6 meses había muerto de manera trágica nuestro perro, un Golden Retriever, y nos habíamos prometido no volver a tener mascotas porque la pasamos muy mal durante los 3 días de incertidumbre y agonía de Hank (así se llamaba); sin embargo, una amiga nos insistió para que lo recogiéramos porque estaba solito, era muy tierno y no se despegaba de nuestro lado (la misma amiga que lo bautizó Felipe). Lo trajimos a casa, pero con la condición de regresarlo al día siguiente a la plaza para ver si sus dueños, tal vez preocupados o desesperados por su ausencia, iban a buscarlo. Allí nos pasamos todo el día y nadie reclamó a Felipe. Desde entonces, se unió a la familia. Veterinario para que le efectuara un chequeo general y decidiera si necesitaba algún tratamiento. Las vacunas de rigor y una revisión porque tenía una marca en el cuello, donde no le crecía el pelo, - aunque quedaba disimulada con los rulos del pelaje - de un collar o cadena (tal vez una cuerda) que lo había lastimado, dejándole esa cicatriz permanente. La cadera mostraba signos de haber recibido un golpe (quizás, sobrevivió a un accidente automovilístico o de una moto; tal vez, una patada de algún malnacido); pero, se la veía razonablemente bien porque el perro no cojeaba y saltaba en dos patas sin problemas.




Durante 5 años, Felipe nos llenó de luz, de alegría, de amor desinteresado, de ternura. A veces, me preguntaba si sería feliz y deseaba que fuera la mitad de lo dichosos que nos hacía sentir. Entonces, él se acercaba al trotecito y sin que lo llamáramos, moviendo la cola con su rostro jovial y su mirada tierna. Hoy una amiga me decía: "Ahí tenés la respuesta. Era muy feliz". Felipe tenía la mirada más tierna del mundo y si, en efecto, la mirada es el reflejo del alma, nuestro perro tenía el alma más pura y bella del universo. Buscaba cariño todo el tiempo, era amoroso, atento y muy perceptivo. Si yo no estaba bien de ánimos, ahí estaba él para que le hiciera mimos, porque Felipe no daba "besos" como el común de sus congéneres; sin embargo, se aseguraba de hacernos sentir queridos con otros gestos. Compañero de juegos y de momentos de calma, se sentaba a custodiar el brócoli y la coliflor mientras se cocían, esperando recibir premio. Cuando trabajaba en la cocina, en la preparación de algún plato, él sabía que tenía vetada la entrada; entonces, me esperaba con actitud de ratoncito agazapado, mirándome a través del flequillo, a que lo autorizara una vez terminada mi tarea. Era muy inteligente, tanto que hacía caso cuando le parecía, pese a que entendía perfectamente lo que se le pedía, poniendo cara de "No voy a ir aunque me llames mil veces". Además, tenía la capacidad de jugar a las peleas con mi marido y, al mismo tiempo, dejarse acariciar y mostrarse tierno conmigo, retomando su rol de "cazador" en cuanto dejaba de hacerle mimos (mi esposo llamaba a ese juego la contienda de Clouseau y Cato, en alusión a los personajes de las películas de La Pantera Rosa, con Peter Sellers como protagonista, quienes se sorprendían y atacaban cada vez que se presentaba la oportunidad; sólo que en casa nadie terminaba lastimado). Así podría seguir un rato largo describiendo sus virtudes y escasos defectos: nunca rompió nada ni cobró venganza si tenía que quedarse solo por algunas horas, por ejemplo. Dicen que los perros rescatados son más cariñosos y agradecidos que otros perros. No sé si eso realmente es así, pero sé que mi perro lo era. De hecho, si Felipe hubiera sido humano, diríamos que era un gran tipo. Eso es seguro...

Ante todo lo que ha pasado, me siento tentada a reclamar porque sólo pudimos disfrutarlo 5 años; sin embargo, elijo agradecer que haya pasado por nuestras vidas durante ese tiempo para hacernos mejores personas (y dueños de mascotas), llenarnos de su luz y colmarnos de amor verdadero, de ése que no especula, no espera nada a cambio, que es generoso y desinteresado. No me malinterpreten; no coloco a Felipe a la altura de una persona y el dolor que nos puede generar su pérdida prematura o repentina. Simplemente, les cuento que perdimos un miembro de nuestra familia de manera repentiva (y, hasta me atrevo a decir prematura) y que estamos intentando hacernos a la idea, luchando con el vacío que nos ha dejado y retomando la vida diaria como podemos.

Esta ha sido la causa de mi ausencia durante estos días. Por esta causa, no he publicado recetas, no he respondido comentarios o consultas ni he visitado otros blogs. Además, en medio de una situación tan estresante y dolorosa como la que me ha tocado vivir tuve que soportar un diagnóstico de posible cáncer de mama que terminó en NO, pero que me hizo pasar por las mil y unas antes de ello

No les quito más tiempo y les agradezco por acompañarme hasta aquí, permitiéndome hacer de mi tristeza una carga un poco menos pesada.

La semana próxima comenzaremos con las recetas navideñas, con dos publicaciones semanales como se ha hecho costumbre durante esta época del año. Nos reencontramos el lunes. Hasta entonces, les deseo lo mejor. Disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas


jueves, 10 de noviembre de 2016

Moldeado de papas y vegetales

La propuesta que les traigo hoy es resultona, práctica y de aprovechamiento, para poder utilizar aquellos ingredientes que nos han quedado en pocas cantidades y ya no pueden ser las estrellas principales de algunos de nuestros platos. Sin embargo, aun así, es una señora receta que bien vale para cambiarle la cara al puré de papas/patatas de todos los días. Aquí les presento un Moldeado de papas/patatas y vegetales que les resultará súper versátil porque sirve tanto como entrada/entrante, acompañamiento/guarnición de alguna otra preparación o como plato principal junto a una sabrosa ensalada, y todo mundo feliz ;)





Verán, en casa, cuando preparo puré de papas/patatas me gusta enriquecerlo con otros sabores y esta propuesta nace de esa intención, lográndose un moldeado que bien vale para una linda fuente que podemos llevar directamente del horno a la mesa  o para pequeños moldes de flan, budín o soufflé que nos permiten porciones individuales. De este modo, al mismo tiempo que sumamos texturas y sabores a nuestro puré, lo hacemos sin incorporar las clásicas manteca/mantequilla, leche o crema de leche/nata, obteniéndose, así, un plato muy sabroso y delicado a la vez que bastante liviano.




Para realizar un puré de papas/patatas sabroso y sostenido, cocemos 4 papas medianas al vapor; incluso, podemos cocinarlas con piel y pelarlas antes de preparar el puré. De este modo, quedarán más sabrosas todavía (en especial, si se trata de hortaliza orgánica). Una vez cocidas, preparamos el puré, sin condimentarlo, y lo reservamos.

Aparte, también cocinamos al vapor 1 atado de espárragos, los cortamos en trocitos y los reservamos. Entretanto, salteamos 1 cebolla grande  junto con 1/4 de pimiento rojo y 250 gramos de hongos (yo utilicé Champiñones de París), cortados en brunoise, y 2 tazas de maíz crudo desgranado. Sazonamos con sal, pimienta, 1 cucharadita de orégano, nuez moscada1 cucharadita de estragón y 1 cucharada de puerros y espinacas deshidratados. Una vez que los vegetales pierden su firmeza, los reservamos hasta que se entibien.




Luego de que la verdura se encuentre a temperatura ambiente o templada, sazonamos el puré de papas/patatas con sal, pimienta y nuez moscada, y le añadimos los espárragos cocidos junto con los vegetales salteados. Mezclamos todo bien para integrar e incorporamos 1 taza de queso rallado (yo utilicé un queso Sbrinz artesanal estacionado) y 2 huevos batidos ligeramente para romper el ligue (el punto ideal es cuando forman un hilo sostenido desde el recipiente donde se encuentran hasta el utensilio con el que los batimos).




Una vez más, mezclamos para homogeneizar la preparación y la volcamos en el molde que elegimos para cocinar. Éste deberá estar previamente humedecido con rocío vegetal (o pincelado con manteca/mantequilla o aceite). Cocinamos en horno fuerte hasta que se dore la cubierta y la mezcla quede algo firme y sostenida, pero bien cremosa. Servimos acompañado de una sabrosa ensalada de tomates cherry, brotes de rabanitos y hojas de berro, rúcula o remolacha.




Algunas observaciones y recomendaciones finales: Como ya les indiqué, con estas cantidades se puede preparar un moldeado grande, en fuente que permita llevarse directamente del horno a la mesa, o pueden utilizarse moldes más pequeños para porciones individuales. 

A esta receta pueden incorporarle los vegetales que más les gusten, obteniendo siempre sabrosas y nutritivas variantes: zanahorias en brunoise, ralladas o en rueditas, arvejas/guisantes, berenjenas o zucchinis/calabacines en cubitos, espinaca, kale/col crespa/berza, repollo/col blanco o morado/lombarda en juliana, acelga, pak choy/acelga oriental, tomates secos hidratados, aceitunas/olivas verdes o negras, alcaparras, puerros en rueditas...

En lugar de hacerse con puré de papas/patatas (en todas sus variedades, con sus matices de sabor propios), este moldeado puede prepararse con puré de batatas/boniatos/camotes/papas dulces, de mandioca/yuca o con puré de calabaza. Eso sí, en cada caso deberán seleccionar los vegetales que mejor les sienten a cada uno de estos sabores distintivos.




Los hongos de la receta pueden ser de la variedad que consigan con mayor facilidad en el mercado, aquellos que se encuentren en mejores condiciones o mejor precio, según el lugar donde viven. Incluso, pueden incorporar hongos secos, hidratados en té Earl Grey (o el de su preferencia) o en agua caliente. Entretanto, el queso rallado puede ser el de su predilección o pueden utilizar queso fresco, mozzarella o de cabra/feta en cubitos o rallado para que se gratine con mayor facilidad.

Asimismo, para condimentar la receta pueden emplear curry, pimentón dulce o ahumado, páprika, Garam Masala, mostaza en grano molida, mostaza de Dijon o la mezcla de especias de su preferencia.




Como les anticipé, se trata de una preparación súper simple y resultona que le cambia drástica y definitivamente la cara al tradicional puré de papas/patatas, enriqueciéndolo y haciéndolo mucho más sabroso y nutritivo sin complicarnos mucho ;)

Espero que mi propuesta les resulte lo suficientemente atractiva como para probar su propia versión, aprovechando las hortalizas e ingredientes que tienen a mano en casa :)

Nos reencontramos la semana próxima. Hasta entonces, les deseo que estén muy bien, disfruten junto a sus seres queridos y experimenten en la cocina.

Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas
Digiscrap: ©CheyOkota Digital Scraps/Designs by Connnie Prince/Lara's Digiworld/Bouquet Garni Recetas