Budín (en taza) de naranja con sorpresa de chocolate y un recuerdo para papá

En términos culinarios, mi papá era fanático de la pizza y la fainá, de un buen café (lungos, espressos intensos, espressos macchiatos...) y de un buen vino, del dulce de naranjas y de los postres con naranjas, de mis cheesecakes y mis galletas de avena, semillas, naranja y miel; de la empanada gallega y de la pasta italiana, de los buenos quesos y de los buenos chocolates. Cebolla-fóbico a ultranza había que picar este vegetal hasta casi hacerlo desaparecer de la faz de la tierra porque, caso contrario, como niño, se pondría a separarlo del resto de la comida. Mesurado y bien controlado, nunca bebió o comió en exceso; le gustaba darse los gustos, claro, pero con mucha cautela. Cuando viajábamos era el primero dispuesto a probar nuevos sabores y disfrutar de otras cocinas, e, incluso, intentar reproducirlas una vez de regreso en casa. No cocinaba mucho porque - según argumentaba - estaba "rodeado de buenas cocineras"; pero, cuando lo hacía, sus platos eran un verdadero lujo de sabores y texturas.

Tras la conmoción inicial que conlleva en sí misma la muerte imprevista de un ser querido (mi papá falleció por muerte súbita), la irremediable aceptación (hasta cierto punto, por ahora) de su partida - al menos desde el plano de lo físico: ya no existe el abrazo, la palmada en la espalda, la mirada cómplice, la sonrisa pícara, el consejo oportuno... - y el vacío real de la ausencia (como algo corpóreo, pesado, permanente), cuando muere un padre lo que se siente es un  inmenso estado de pérdida, de orfandad, de abandono, de indefensión... No importa que ya no soy una niña pequeña, lo que moviliza en mí es una de mis fibras más primitivas y esenciales.

Sin embargo, mi papá está en casi todas las cosas (hasta me doy cuenta que, incluso, en asuntos que me habían resultado imperceptibles hasta ahora): mi sentido de la rectitud, el compromiso con mis afectos, responsabilidades y el valor de dar la palabra; en gestos heredados, en conductas enseñadas, en el carácter legado, en las vocaciones compartidas, en la mirada, en sus hábitos y rituales, en el legado genético...





Gracias a todos ustedes que me acompañaron en uno de los momentos más duros de mi vida. Gracias por sus palabras de afecto, su comprensión, su fuerza, su cariño. Gracias por estar ahí, aunque sólo nos conozcamos a la distancia. ¡Muchas gracias!

Por eso hoy, para recordar a mi papá, entro nuevamente en mi cocina con la intención de proponerles una receta llena de su sabor favorito: la naranja que, combinada con el chocolate, se transforma en un bocado celestial.

Cuenta la historia que los cupcakes nacieron de la casualidad, como tantas otras recetas, cuando un ama de casa temeraria volcó algo de mezcla de bizcochuelo que le había sobrado en algunas tazas, porque le daba pena tirar ese resto de preparación. Así, tras horno y un rato de cocción nacían unas mini tortitas en taza (cupcakes) casi como de milagro, plenas de delicadeza y gracia (o, al menos, así quiero imaginarlas). Pues bien, en mi caso, no fue casual la obtención de estos budines en taza porque de principio a fin era muy consciente de lo que preparaba. Sin embargo, hasta probarlos no pude comprobar que "el experimento" bien valía ser repetido porque una es de carne y hueso, y sucumbe al instante a los encantos de la dupla chocolate-naranja. Mea culpa.




La verdad que la preparación de esta receta es bien simple y rápida. Eso sí, la degustación es casi una experiencia mística (y no exagero mucho), ya verán...

Aquí la lista de ingredientes para que se animen a darse un gusto con todas las letras. 



La tarea de preparar estos budines en taza - como ya dije - es bien grata y rápida. ¡Manos a la harina, entonces! Para empezar, en un bol y con batidor de alambre, integrá 2 yemas de huevo (de campo, pastoriles o ecológicos) con 130 gramos de azúcar integral hasta que el azúcar se deshaga y no queden grumos. Luego, añadí 60 cc. de aceite neutro, la ralladura y el jugo de una naranja. Batí muy bien hasta integrar todo.




Entonces, incorporá por partes 100 gramos de harina integral fina y 100 gramos de harina leudante (aquella que incluye los precursores de leudado), tamizadas con una pizca de sal y 2 cucharaditas de polvo para hornear, intercalándolas con 150 cc. de leche (descremada, en mi caso) hasta obtener un batido homogéneo. Por último, agregá 80 gramos de chispas/chips de chocolate semi-amargo, ligeramente enharinadas.




Aparte, batí 2 claras de huevo con una pizca de sal hasta obtener claras a punto nieve. Incorporalas a la mezcla anterior con movimientos envolventes y delicados como para no perder todo el aire que generaste en el batido. 





Volcá la preparación en moldes aptos para horno (tazas, mugs, soperas, ramekin/moldes para soufflé, bols...) que rociaste con rocío vegetal (si lo preferís, podés enmantecarlos o enaceitarlos). Entonces, ubicalos en una fuente alta y apta para horno que cubrirás con agua caliente o tibia hasta alcanzar la mitad de la altura de los moldes o de la fuente en sí (lo que ocurra primero).





Cociná en horno precalentado a 180° C por 30-35 minutos o hasta que pasen la prueba del palillo y los budines comiencen a despegar sus bordes del recipiente.

Al salir del horno, espovorealos con azúcar impalpable. ¡Y a disfrutarlos tibios o fríos, acompañados de un rico té, café o mates!


 

Con cada bocado, tomarás una porción suave, esponjosa y bien perfumada de masa sabor a naranja y de salsa de chocolate (producto del accionar del Baño María de cocción), que acompaña a la perfección esa pequeña maravilla que te llevás a la boca.





Observaciones y recomendaciones finales: Por acción de su propio peso, las chispas de chocolate (en su mayoría) se agolparán en el fondo del bol que utilizaron para realizar la preparación. Por ello, deben asegurarse, a la hora de repartir la mezcla en los moldes, que en cada uno de ellos caiga cantidad suficiente de chispas para lograr una buena capa de chocolate derretido que espera a ser descubierto en el fondo de cada budín.

La naranja (con su ralladura y jugo) puede reemplazarse perfectamente por mandarina o limón.

Esta proporción de ingredientes alcanza para obtener 3 tazas grandes (en mi caso, utilicé soperas, pero pueden ser tazas como para café con leche o para cereales con leche) o 6 tazas medianas tipo té.




En casa todos quedamos complacidos con estos budines esponjosos y livianos, con un perfume delicioso a naranjas y la sorpresa final del chocolate hecho salsa que sólo descubrimos cuando llevamos la cuchara hasta el fondo del recipiente.




En fin... Espero haber logrado tentarlos lo suficiente como para que decidan preparar estos budines en taza con sorpresa porque estoy segura que les van a encantar.

Les deseo una excelente semana. ¡Diviértanse, experimentando en la cocina y sean muy felices, disfrutando de sus afectos! Hasta la próxima.


Textos y fotografías: ©Bouquet Garni Recetas



Comentarios

  1. Tu padre allá donde esté seguirá sintiéndose muy orgulloso de ti. Por tus palabras , por tu amor y cariño demostrado hacia él y porque un padre siempre se siente orgulloso de sus hijos.
    Me alegra verte de nuevo y además con esta receta tan dulce y exquisita como no podía ser de otra manera. Mil besos y un gran abrazo!!!

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    1. ¡Muchas gracias, Elisa, por tus lindas palabras! Me alegra mucho que te guste mi propuesta. A mí me produce mucha alegría y satisfacción trabajar para este blog. Y... La verdad sea dicha: ya las estaba extrañando mucho. De modo que, sacando fuerzas y poniendo mucha voluntad, aquí estoy nuevamente.
      Cariños enormes para vos.

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  2. Que bonita entrada, tu papá estará orgulloso por el cariño con el que lo recuerdas!! y de todo ese cariño ha salido este delicioso budin que como tu dices es celestial, chocolate y naranja, nada mejor!! Bs.
    Julia

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    1. ¡Muchas gracias, Julia, por tus palabras! Me alegra mucho que te guste mi receta. Creo que es una manera cálida de recordar a papá con uno de sus sabores preferidos, y de contarles a ustedes una receta infalible para comer hasta la última cucharada con el mismo entusiasmo y deleite del primer bocado.
      Besos.

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  3. Querida amiga, cuanto me alegra verte de nuevo enredando en tu cocina! y regalándonos
    una de las recetas favoritas de tu padre, que bonito homenaje le has echo, estará muy orgulloso
    de ti. Estoy deseando probar esta delicia de naranja y chocolate.
    Cuídate mucho, un beso fuerte.

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    1. ¡Cucharadas de placer, muchas gracias por tus lindas palabras! A mí también me llena de alegría estar de regreso en mi cocina para compartir mis recetas con todas ustedes.
      Un beso grande para vos.

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  4. Qué postre tan rico!!! impresionante!!!
    No me extraña nada de lo que nos cuentas de tu padre que está en todas las cosas y sitios, el mí falleció hace dos años por una enfermedad y la vedad es que lo siento presente muchas veces incluso con algún aroma se me hace presente. ES bueno que recordemos a nuestros seres querido.
    Bss
    ¡¡Mmm qué delicia!!

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    1. Ana María, como bien decís, creo que es importante recordar a nuestros seres queridos que ya no nos acompañan desde lo físico, pero que están con nosotros en nuestros corazones, recuerdos y, hasta en el día a día (en gestos, maneras, aromas...).
      Me alegra mucho que te guste este postre porque es muy fácil de realizar y garantiza felicidad para todos con su perfume, su sabor y sus texturas.
      Besos.

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  5. Bueno, no se muy bien qué decirte más que me alegro mucho de verte de vuelta. Es muy bonito poder recordar a un padre con tanto amor, no todos consiguen dejar una huella así y siempre estará contigo aunque lo duro es acostumbrarse a la ausencia.
    Volver a la cocina a veces es terapéutico y te hace recuperar un poco la normalidad. Y como siempre tus recetas son fantásticas, sanas y con una pinta súper apetecible!
    Un beso enorme

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    1. Nuria, es verdad. La cocina es terapéutica y nos permite ir volviendo a la normalidad tras situaciones difíciles. Por eso, me alegra poder estar de nuevo con ustedes para compartir recetas, ideas, experimentos en la cocina y todo aquello que nos gusta y nos divierte tanto.
      Me pone muy feliz que te agrade mi propuesta.
      Un beso enorme paa vos.

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  6. Hola! Dulce delicia, si me apetece coger la cuchara y comer, muy apetecible. Saludos.

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    1. Carmen, me alegra mucho que este budín te resulte tentador. En verdad, es muy sabroso, húmedo y perfumado. En casa les encanta.
      ¡Saludos!

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